7B, Coney Court. Un cuento de misterio para adolescentes y adultos

Una extraña historia sobre un inquilino inexistente

La historia de ‘7B, Coney Court’ está basada en el testimonio de un poeta británico del siglo XIX. Al escritor galés Arthur Machen (1863-1947), le resultó inspiradora para crear un relato inquietante. Aquí encontrarás una versión de este relato, en forma de un cuento de misterio para adolescentes y adultos.

Un inquietante cuento de misterio para adolescentes y adultos: ‘7B, Coney Court’

Un cuento de misterio para adolescentes y adultos: 7B Coney Court

Hace tiempo, un famoso poeta y dramaturgo, Stephen Phillips, relató un extraño suceso que le ocurrió en una vivienda. De hecho, él decidió mudarse a partir de aquello. Relato a continuación los hechos, con los nombres de los protagonistas cambiados y algo de adornos en su historia…

En un lugar llamado Curzon’s Inn, se agrupaban una serie de patios que daban paso a diferentes residencias. Uno de esos patios era Coney Court, al que se accedía a través de nueve puertas. Más allá de esas puertas sin embargo, solo había siete viviendas.

Las viviendas, precedidas por columnas corintias, eran muy antiguas, reconstruidas en el siglo XVII. De estilo gótico y algo fantasmal…

Todas esas casas, bordeadas por una altísima verja de hierro adornada con zarzas, eran viviendas de alquiler, y cada tres meses, todos los inquilinos (particulares o empresas), hacían llegar el pago a través de un sobre al señor Hemmings, el administrador.

La extraña carta de la vivienda 7B

El caso es que un día, el administrador recibió una extraña carta, junto a las 20 libras del alquiler, que decía así:

Muy señor mío:

Adjunto hallará un cheque de veinte libras (£20,00), a título de la renta del trimestre que les adeudo por mis aposentos en el 7B de Coney Court, Curzons Inn.

Le saluda atentamente

Michael Carver

El señor Hemmings miró y releyó la carta con detenimiento. El matasellos indicaba el día correcto, y una inicial, la ‘N’, que era la letra de aquellas viviendas. Significaba: distrito norte. ¡Pero allí no había ninguna vivienda 7B!

El administrador se sintió desconcertado: ¿quién era ese señor Carver? ¿Dónde estaba la vivienda 7B? Así que el hombre decidió investigar qué pasaba…

El conserje le dijo que no existía ninguna persona allí con ese nombre. Y él conocía a todos los inquilinos de sobra… Aún así, el señor Hemmings visitó a todos los inquilinos de las viviendas 6, 7 y 8. Ninguno parecía haber visto nunca a ese hombre.

El administrador, desesperado, convocó al presidente y miembros del comité para contarles lo que había pasado, y entre todos decidieron no hacer nada. Tal vez se tratara de una broma o de un loco.

Nuevas cartas del inquilino del 7B

Pero la cosa no quedó ahí. Al trimestre siguiente, el administrador volvió a recibir la carta con las 20 libras de alquiler. Y al siguiente también. Y al siguiente del siguiente. Y siempre la misma carta, sin más datos que esas escuetas palabras y la N del distrito norte en el matasellos.

Sin embargo, la siguiente carta era diferente. Junto con las palabras habituales, el extraño y misterioso señor Carver, había añadido una queja:

Muy señor mío:

Adjunto hallará un cheque de veinte libras (£20,00), a título de la renta del trimestre que les adeudo por mis aposentos en el 7B de Coney Court,Curzons Inn.

En el techo de mi cuarto de estar hay una gran mancha de humedad, debida,supongo, a una teja en mal estado.

Le quedaría muy agradecido si tuviera bien ocuparse de inmediato del asunto.

Le saluda atentamente,

Michael Carver

¿Una mancha de humedad? ¡Era de locos! ¡Si no existía esa vivienda! ¿Cómo iba a arreglarla? ¿Cómo iba a convocar a la junta para tratar el arreglo de una gotera en una vivienda inexistente?

El administrador volvió a convocar a la junta y leyó la carta. Unos propusieron investigar la cuenta bancaria de ese tal señor Carver para dar con su dirección real. Pero el banco les respondió que no podían dar datos personales de sus clientes… Así que decidieron dejarlo estar.

La nueva queja del misterioso inquilino

La siguiente carta del señor Carver mostraba más enfado aún, ya que nadie había hecho nada por arreglar la gotera. Dijo que la humedad se había extendido por la casa y los muebles comenzaban a llenarse de moho.

La junta volvió a reunirse. Pero todos volvieron a considerar estas cartas como obra de un loco, y decidieron no hacer nada.

La siguiente carta del inquilino del 7B llegó sin dinero. El señor Carver dijo estar tan enfadado que había decidido dejar de pagar el alquiler hasta que arreglaran su gotera, ya que ahora se veía obligado a usar cubos para recoger el agua que caía del tejado.

En ese momento sucedió algo aún más extraño: los inquilinos del 7 derecha se fueron, y dejaron la vivienda libre. Llegaron en su lugar una viuda y su hija, quienes se quejaron pocos días después de un hecho inquietante: todas las noches, a las 12 o a la 1 de la madrugada, la hija se despertaba por culpa de una atronadora música de piano que no le dejaba dormir. Siempre la misma melodía.

El señor Hemmings, el administrador, acudió a su vivienda con un carpintero, para que analizara todos los muebles y paredes. El carpintero dijo que no había nada raro en la vivienda.

– Pero, ¿cómo es que los anteriores inquilinos no se quejaron nunca?- preguntó la viuda al administrador.

– Bueno- contestó él- Es que antes que ustedes, estaban dos trabajadores de una sociedad, y se iban de aquí todos los días a las 6 de la tarde

El extraño final de este inquietante cuento de misterio para adolescentes

Pero, antes de irse, el administrador vio que al fondo había una empinada escalera y preguntó al carpintero:

– ¿Y eso qué es?

-Ah.. es una escalera que conduce a un trastero comunitario– dijo entonces el hombre sin extrañarse lo más mínimo.

El señor Hemmings subió entonces y descubrió una especie de buhardilla, llena de trastos, pero sobre todo, de humedad. Los muebles estaban repletos de moho y al fondo presidía la estancia un viejo piano con más de diez teclas rotas. Sobre el suelo, había esparcidas partituras de una composición de Bach. Estaban rotas y sucias. También algo de ropa de hombre, muy antigua esparcida por la estancia. Y sí… una enorme gotera en el tejado.

El comité acordó arreglar esa gotera, limpiar el trastero y retirar todos los trastos y muebles antiguos de allí. Desde entonces, no se volvió a escuchar nada, ni el administrador recibió más cartas.

Pero un día, que la viuda fue junto a una amiga a escuchar un concierto, soltó un grito de terror al escuchar las primeras notas del pianista. Eran las mismas notas que despertaban a su hija cada noche: Tocata y Fuga en Do Mayor de Johann Sebastian Bach.

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