Alicia en el país de las maravillas. Cuento para niños con mucha imaginación

Un maravilloso cuento de Lewis Carroll lleno de mensajes

Uno de los cuentos más enigmáticos y fascinantes que se conocen es ‘Alicia en el país de las maravillas’, un relato lleno de fantasía e imaginación de Lewis Carroll, que nos traslada a un mundo onírico en donde todo es posible. Sin embargo, este inocente cuento está repleto de mensajes y valores para los niños. ¡No te lo pierdas!

El misterioso cuento de Alicia en el país de las maravillas para los niños

Cuento de fantasía para niños
Carátula de la película de Disney de 1951

La pequeña Alicia descansaba bajo la sombra de un árbol junto a su hermana, quien se entretenía leyendo un libro. Pero Alicia era más pequeña y no encontraba ningún interés en ese libro lleno de letras y sin dibujos, así que empezaba a aburrirse, y le entró sueño. Ya cuando comenzaba a dormirse, vio algo increíble: ¡un conejo blanco y de ojos rosas pasaba corriendo por delate de ella!

Alicia no se hubiera sorprendido de ver un conejo si no llega a ser porque ese conejo… ¡hablaba! Y mientras corría, iba diciendo, con un reloj de bolsillo en la mano:

– ¡Que llego tarde! ¡Que llego tarde!

Alicia se levantó y comenzó a seguirle, movida por una gran curiosidad. Y vio cómo el conejo se metía por una madriguera tras unos setos. Así que ella también se metió por ese pequeño agujero sin pensarlo.

La pequeña Alicia avanzó al principio por una estrecha vía en línea recta, pero de pronto cayó por un pozo laaargo y oscuro. Era tan largo que no parecía tener fin. Comenzó a ver a los lados muchos cuadros y fotografías, estanterías con libros y adornos. Y al final cayó de golpe en un montón de hojas secas.

Alicia y la puerta misteriosa

Alicia vio alejarse al conejo blanco, y le siguió lo más rápido que pudo, hasta torcer una esquina. Entonces se encontró en medio de una habitación llena de puertas. El techo era muy bajo y había una mesa de cristal con una llave de oro encima.

– Vaya- pensó Alicia- seguro que esta llave abre alguna de las puertas.

Y la niña comenzó a probar las llaves, hasta intentarlo con la última puerta, la más pequeña.

– ¡Esta es!- gritó entusiasmada Alicia.

Entonces se agachó y miró por la puerta. Vio un jardín precioso, el jardín más hermoso que había visto nunca, y le entraron unas ganas tremendas de jugar en él.

– Pero no puedo pasar- dijo entonces Alicia- ¡Soy demasiado grande!

Entonces se dio cuenta de que sobre la mesa había un bote de cristal con una bebida. Ponía: ‘Bébeme’. Como no vio ninguna etiqueta de veneno por ningún lado, decidió beber, y de pronto se hizo muyyy pequeña. Ahora sí podía podría pasar por la puerta, pero la había cerrado y se había dejado la llave en lo alto de la mesa.

-¡Oh, no! ¿Y ahora cómo llego hasta allá arriba?

En ese momento fue cuando vio en el suelo una pequeña caja de cristal con un trozo de bizcocho con una etiqueta que decía: ‘Cómeme’. Y sin pensarlo más, Alicia le dio un gran mordisco y comenzó a crecer, a crecer y acrecer sin parar, hasta darse con la cabeza en el techo.

Estaba tan desesperada, que la pobre comenzó a llorar y a llorar sin parar. Por sus mejillas caían enormes lágrimas que empezaban a formar un gran charco en el suelo. Entonces apareció el conejo blanco, vestido de forma muy elegante y con unos guantes blandos y un abanico en las manos. El conejo, al ver a Alicia, se asustó y se fue corriendo, pero al escapar perdió los guantes y el abanico.

Alicia tomó el abanico y comenzó a usarlo. ¡Tenía mucho calor! Y empezó a notar que se encogía, cada vez más, hasta caer de golpe en su propio charco de lágrimas. Tuvo que empezar a nadar para no hundirse. Y al rato, vio que se acercaban nadando un buen número de animales: un ratón, un pájaro Dodo, un pato…

– ¡Espera, ratoncito!- dijo entonces Alicia- ¿Sabes cómo salir de aquí?

– Sígueme y cuando lleguemos a la orilla te contaré mi historia- le respondió entonces el ratón.

Y Alicia siguió al ratoncito hasta que llegaron a una orilla.

La carrera de afiliados de animales

Todos los animales estaban empapados y un tanto enfadados, ya que Alicia había sido la culpable de este gran charco de lágrimas saladas.

– Bueno- dijo entonces el Dodo- Lo mejor para secarnos será hacer una carrera de afiliados.

– ¿Y qué es eso?- preguntó Alicia.

– Pues una carrera en donde nosotros marcamos una pista, en círculo, y todos comienzan a correr cuando quieren sin ningún tiempo establecido. Cuando alguien detenga la carrera, todos se paran y reciben su premio.

– ¿Pero quién gana?- volvió a preguntar la niña.

– ¡Pues todos!- respondió algo molesto el Dodo.

Entonces el Dodo marcó una pista de carreras en círculo y todos los animales comenzaron a correr, hasta que el pájaro dijo:

– ¡Aaaalto! Y entonces todos pararon.

– ¿Quien entrega los premios?- preguntó el ratoncito.

– Pues ella- dijo el pájaro Dodo señalando Alicia.

– ¿Yo?- ¿Y cuál es el premio?

– Lo que tengas- contestó el Dodo.

Todos los animales se pusieron en fila, y Alicia buscó en su bolsillo. Afortunadamente llevaba una caja con caramelos, y comenzó a repartir uno a cada uno. Después, Alicia pidió al ratón que le contara su historia, pero cuando le dijo que era triste, ella hizo un comentario que enfadó mucho al ratón, y se fue.

Alicia habló entonces de su gata, Dina, su querida mascota, que era muy buena cazadora de ratones y pájaros, y todos lo pájaros y el resto de animales se fueron, dejando a la niña sola, hasta que apareció de nuevo el conejo blanco:

– Vaya… ¿dónde habré dejado mis guantes?- dijo el conejo.

Entonces se fijó en la niña:

– ¡Eh! ¡Mariana! Ve a la casa y busca mis guantes blancos.

Alicia se quedó un tanto sorprendida, pero al seguir el dedo del conejo, vio que indicaba una casa.

– Debe ser su casa- pensó la niña-. Y decidió obedecerle.

La bonita casa del conejo blanco

Alicia entró entonces en la casa del conejo blanco, y subió por unas escaleras hasta encontrar su dormitorio. Allí, sobre una mesita estaban los guantes blancos y el abanico que buscaba el conejo. Junto a ellos vio una nota que decía:

– ‘Necesito que me acompañes al encuentro con la reina. Debes llevar guantes blancos y un abanico. Si se te olvida algo, mandaré que la reina te corte la cabeza. Firmado: La Duquesa’.

– Vaya- dijo Alicia.

Entonces vio una botella encima de otra mesita y pensó:

– Tal vez sea como la anterior y me ayude a crecer… estoy harta de ser tan pequeña-. Y se bebió todo el líquido.

Entonces comenzó a crecer y acrecer tanto, que tuvo que sacar los brazos y las piernas por las ventanas y la puerta. El conejo llamó entonces a más animales, que comenzaron a tirarla piedras.

– ¡Es un monstruo!- decían alterados.

Pero cuando las piedras llegaban hasta ella, se transformaban en pastelitos de nata. La niña consiguió alcanzar uno y decidió comérselo, por si le ayudaba a hacerse más pequeña. Y… ¡bingo! Comenzó a hacerse muyyy pequeña de nuevo. Los animales entonces empezaron a perseguirla, y Alicia corrió y corrió todo lo que pudo, hasta llegar a un espeso bosque.

Alicia y la misteriosa oruga azul

Alicia se fijó entonces en una enorme seta sobre la que fumaba en pipa una enorme oruga azul. Parecía estar soñando a pesar de estar despierto, pues tenía la mirada perdida en el horizonte.

– Perdone, señor gusano, pero, ¿sabe cómo puedo recuperar mi tamaño real?

– Soy una oruga- contestó sin inmutarse el insecto.

– Pues señora oruga, ¿sabe cómo puedo recuperar mi tamaño?

– ¿Quién eres?- le preguntó entonces a Alicia.

– Bueno, no lo sé- contestó ella- He cambiado mucho.

– ¡Explícate!- gritó la oruga.

– Me temo que no puedo- contestó Alicia.

La oruga se bajó lentamente de la seta y se alejó.

– ¡Eh! ¡Espere!- gritó Alicia- ¡No ha respondido!

– Un lado te hará crecer y el otro, menguar- dijo de forma enigmática la oruga mientras se alejaba.

Alicia se fijó entonces en la seta y pensó que se podía referir a ella… Así que probó suerte con uno de los lados, y notó que empezaba a crecer y crecer, pero era demasiado, así que comió un poco del otro lado y empezó a hacerse de nuevo pequeña. No había manera de recuperar su tamaño.

La extraña casa de la Duquesa

Alicia siguió andando por el bosque y escuchó el llanto de un bebé. Entonces descubrió una casa y como había mucho ruido, entró sin llamar. Dentro vio sentada a una mujer vestida con lujosas ropas, con un bebé en los brazos, y más allá un cocinero que removía una sopa dela que salía un horrible olor a pimienta que hacía estornudar a todos. Pensó que aquella mujer podía ser la Duquesa con la que había quedado el conejo.

Detrás de su silla, vio a un gato con una enorme sonrisa de oreja a oreja.

– Vaya- dijo Alicia- Nunca había visto a un gato sonreír.

– Es un gato Cheshire- dijo la Duquesa entonces- y todos estos gatos pueden sonreír.

Entonces el cocinero comenzó a tirar objetos a la duquesa y el bebé, y la duquesa se levantó y le dio a Alicia al bebé, sin inmutarse:

– Toma, sujeta tú al bebé, que tengo que prepararme para mi encuentro con la reina.

Alicia salió con el bebé en brazos, pensando que así dejaría de estornudar.

El gato de la eterna sonrisa

Cuando el bebé dejó al fin de estornudar, le miró y se dio cuenta de que empezaba a transformarse… ¡en un cerdo! Asustada, Alicia dejó en el suelo al bebé-cerdito y éste se alejó trotando. Entonces se fijó en el gato de Cheshire, que le observaba en silencio desde lo alto de unas ramas de un árbol. Allí estaba, con su eterna sonrisa.

– Y tú, gatito, ¿me puedes decir por dónde debo ir?

– Todo depende de dónde quieras ir- contestó el gato.

– Pues no lo sé. A algún sitio.

– Entonces solo tienes que andar sin más.

– ¿Y quién vive cerca de aquí?- preguntó entonces Alicia.

– A la derecha vive el Sombrerero loco y a la izquierda la liebre, que también está loca.

– ¿Y no hay nadie que no esté loco aquí?

– No, todos lo estamos. Tú también.

– ¿Yo?- preguntó extrañada la niña.

– Claro que sí. Si no, no habrías podido entrar en nuestro mundo.

– Bueno, pues iré hacia la casa de la liebre.

Y tras decir esto, vio cómo el gato iba desapareciendo, hasta que solo quedó visible su enorme sonrisa blanca.

– ¡Qué extraño!- dijo Alicia-. He visto gastos sin sonrisa, pero nunca sonrisas sin gatos…

La loca fiesta del té del sombrerero loco

Alicia llegó hasta una explanada en donde había una larga mesa con tazas de té y una tetera. También había tostadas de mantequilla y pastas. En la mesa, muy juntos, se sentaban una liebre, un lirón y un peculiar sombrerero, con un sombrero, claro, en la cabeza.

– ¡No hay sitio!- dijo de forma impertinente el sombrerero.

– Sí hay- dijo Alicia sentándose en una enorme butaca. – ¿Qué hacéis?- preguntó entonces la niña.

– Es la hora del té.

Entonces Alicia se fijó en que había un reloj en la mesa con las manecillas paradas en las seis.

– Pero el reloj está parado- dijo entonces Alicia.

– Por eso siempre es la hora del té- respondió el sombrerero.

– Vaya- pues no tiene mucho sentido- dijo Alicia.

– Tendrías que cortarte el pelo- dijo el sombrerero.

Alicia estaba un tanto enfadada. Aquel personaje la ponía nerviosa, así que decidió irse de allí.

– ¿No vas a tomar té con nosotros?- preguntó el sombrerero mientras se cambiada de sitio con el lirón, ya que iban rotando…

– No, mejor que no- y diciendo esto, Alicia se alejó, hasta llegar a un enorme árbol con una puerta en el tronco. La puerta estaba abierta, así que Alicia pasó al otro lado. ¡Era el precioso jardín que vio al principio de su aventura!

La reina de corazones y el extraño juicio

Alicia oyó entonces el sonido de unas trompetas y aparecieron la reina y el rey de corazones, acompañados de soldados que eran naipes. Entonces, la reina agarró un flamenco y un erizo y los naipes se encorvaron. La reina comenzó a jugar así al criquet. Al ver a la niña, preguntó:

– ¿Tú quién eres? ¿Juegas al criquet?

-Sí, bueno- contestó Alicia.

entonces se puso a jugar con ella. Pero la reina de corazones tenía muy mal carácter, y a cada vez que le molestaba alguien, gritaba:

– ¡Que le cooorten la cabeza!

Al final, habían detenido a todos los asistentes, menos al rey de corazones y Alicia. Y de repente, la reina se fue corriendo hasta otro lugar. Alicia la siguió y llegó hasta una especie de juicio.

Los reyes se sentaron en su trono. Muy cerca estaba el conejo blanco, con una trompeta y un pergamino en la mano.

– Comeinza la sesión- dijo la reina-. Lee, conejo, el primer acusado.

Y el conejo desplegó el pergamino y leyó:

– ¡Alicia!

Alicia se puso algo nerviosa al escuchar su nombre, al tiempo que sentía que estaba creciendo de nuevo hasta llegar a su tamaño real.

– ¿Qué tienes que testificar?- dijo la sota de corazones a la niña.

– ¿Yo? ¡Nada!

Y la sota de corazones dijo:

– Todo aquel que mida más de kilómetro y medio debe ser expulsado del país’

– ¡Yo no mido eso!- protestó Alicia.

– Sí que lo mides-dijo la sota de corazones.

– ¡Que le coooorten la cabeza!- sentenció la reina.

Entonces, la baraja de naipes e lanzaron al vuelo sobre ella, y Alicia pegó un grito.

Alicia se despierta del extraño sueño

Lo siguiente que Alicia sintió fueron las manos de su hermana retirando un montón de hojas secas de su cara.

– ¡Despierta, dormilona!- dijo su hermana- ¡Te has dormido y se te han caído encima todas las hojas!

– Vaya- dijo Alicia- He tenido un sueño muy raro…

Y la niña le contó a su hermana todo lo que había vivido en su sueño. Era realmente extraordinario, y pasaron un buen rato recordando aquella gran aventura.

Reflexiones sobre Alicia en el país de las maravillas para los niños

Descubre cuáles son todos los mensajes que transmite a los niños este original y enigmático cuento de Lewis Carroll:

La curiosidad que le lleva a seguir al conejo: Lo extraño, lo diferente, nos llama poderosamente la atención. Por eso Alicia se vio atraída por un pequeño conejo que era capaz de hablar. ¡Nunca había visto un conejo hablar! No fue necesario nada más para que saltara como un resorte y le siguiera. Necesitaba saber a qué clase de mundo se dirigía el conejo. Y es que, no hay nada como lo ‘diferente’ y extraño, lo anecdótico y lo especial, para encender la chispa del interés y la curiosidad por aprender y saber.

La imprudencia nos lleva a ser impulsivos y a meternos en problemas: Alicia no pensó ni por un momento dónde se metía al seguir al conejo. El sentido de la prudencia había desaparecido. Tampoco lo utilizó durante su aventura. Por ejemplo, no fue prudente al beber y comer en la sala de las puertas… En todo momento, quien mandaba era su curiosidad y sus emociones impulsivas que le llevaban de forma intuitiva por todas las estancias. Sin embargo, su intuición al final consiguió regalarle una experiencia única de la que aprendió mucho. Entre otras cosas, aprendió a equivocarse y entendió que todas las acciones tienen consecuencias.

Participar es suficiente para obtener un premio: La carrera de afiliados pone de relieve algo muy curioso: en un juego no existen perdedores. Todos ganan por el simple hecho de participar. Una idea fantástica para reflexionar sobre la forma en la que entregamos a los niños los premios.

Cuidado con las tentaciones de los desconocido: La historia de Alicia y la oruga representa el peligro atrayente de lo desconocido. En este caso, hace referencia a las drogas y sustancias dañinas. Pero podría representar cualquier tipo de adicción. Alicia come de la seta sin estar segura de cuáles serán los efectos. Puede que sean lo que busca o pueden que sean los efectos contrarios. Es azar, y a él se entrega porque está desesperada.

¿Loco es el que sueña?: La escena del gato que sonríe no es más que una reflexión sobre esa delgada línea que separa la locura de la imaginación. De hecho, muchas personas con una altísima imaginación, son ‘tachadas’ de locos. El mundo onírico, el de los sueños, nos invita a ‘ser locos’, a creer en cosas increíbles y ver cosas extraordinarias, que nunca podrían suceder en la vida real. De ahí que Alicia, en este mundo de sueños, sea también una loca más, junto al resto de personajes. La sonrisa del gato mientras habla con Alicia de todo esto, indica que al final los locos, los soñadores, son los más felices.

La tiranía de la reina: La reina de corazones no entiende de justicia. Representa las normas impuestas mediante una tiranía que Alicia intenta burlar de forma rebelde. Sin embargo, al final solo puede huir de ella despertando del sueño. Y es que a veces es difícil escapar de una imposición de los más poderosos. – En parte, siempre seremos niños: Alicia crece y decrece constantemente. En realidad siempre vuelve a su estado diminuto. Una metáfora para explicar que aunque crezcamos y maduremos, parte de nosotros siempre conservará esa esencia de la infancia, siempre y cuando mantengamos parte de la imaginación y fantasía.

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