Dictados con cuentos con palabras agudas para niños

Dictados para mejorar la ortografía mediante los cuentos cortos o relatos breves

Para mejorar la ortografía nada mejor que la práctica. Ahora bien, existen muchas formas de dictados. Si a tu hijo le gustan los cuentos, le costará mucho menos practicar con estos dictados en forma de relatos breves. En esta ocasión nos centraremos en las palabras agudas. Aquí encontrarás una serie de dictados con cuentos con palabras agudas para niños. Eso sí, todos son historias muy cortitas, que son mejor para mantener la atención del niño.

5 dictados con cuentos con palabras agudas para niños

Dictados con cuentos cortos para niños

Con estas historias cortas vamos a repasar las palabras agudas. Recuerda que la norma de ortografía de las palabras agudas dice que llevan tilde aquellas palabras agudas que terminan en ‘n’, ‘s’ o en vocal. Las palabras agudas son aquellas cuya sílaba tónica (la que se pronuncia con más fuerza) es la última. Verás señaladas en cursiva las palabras agudas con tilde (recuerda que no todas las palabras agudas llevan tilde):

1. ‘Un día llegó un enorme camión hasta el pueblo de mi abuelo Nicolás. Era un camión muy extraño, con un melocotón pintado en colores claros y un chimpancé dibujado sobre una círculo gris. Luego me enteré de que el camión estaba cargado… ¡de animales mágicos! Resulta que estaban preparando una función. Menuda ilusión teníamos todos por ver el espectáculo. ¡Qué emoción!: había un loro, un delfín y un orangután. Y todos empezaron a bailar y a cantar al ritmo de una divertida canción.

Lo más extraño llegó con la aparición del mago Pintaflor. Sacó una varita de su chistera y comenzó a recitar unas palabras sin ton ni son. Al momento apareció un elefante subido a un balón. ¡No me lo invento! Todos nos quedamos con la boca abierta por la impresión.

Después de aquella emocionante función, no he vuelto a ver nada igual. Aunque mi abuelo Nicolás me asegura que el camión regresará y que además están preparando algo más‘.

2. ‘Noemí nos dio un gran notición: ese verano se iría de vacaciones a Nueva York. Así que empezó a hacer las maletas y no olvidó el bañador. – ¿Pero te bañarás?- le pregunté muy seria. ¡Si allí no hace tanto calor! – Uy que no, me contestó ella- Claro que me pienso dar un chapuzón y tomar mucho el sol. Y Noemí guardó también las chanclas, la toalla y el bronceador.

Así que ese verano se subió a un avión y dando vueltas y más vueltas por el cielo azul, cruzó el gran charco y aterrizó en la ciudad de los rascacielos. Y como iba con prisas, ni se dio cuenta de que me había metido en su enorme bolsón. Cuando llegamos al hotel, salí de un brinco y le di un gran susto, pero no se enfadó. Ese verano pasé una aventura de campeonato con mi amiga Noemí. Y a la vuelta le conté todo a mi abuela Jacinta mientras tomábamos el en su precioso salón. Entre cucharada y cucharada, le enseñé fotografías y le conté todo lo que aprendí aquellos días.

3. ‘Asunción era un poco despistada. El lunes debía llevar a clase un cuaderno multicolor. Además tenía que escribir una canción y se había olvidado por completo de las dos cosas. Así que la pobre Asunción estaba muerta de miedo. ¿Y si la profesora Inés le ponía mala nota? Antes de comenzar, explicó a la maestra lo que había pasado, y al principio dio un gran susto al poner cara de enfado, pero Inés la perdonó y le dijo que tenía que llevar la canción al día siguiente. ¡Menudo alivio sintió la pobre Asunción!

Al día siguiente guardó muy bien su cuaderno y su canción. Pero al abrirlo en la clase, pasó algo de lo más extraño: la canción se había convertido en pétalos de flor… y del cuaderno comenzaron a crecer ya crecer raíces de un árbol multicolor. Del árbol nació una estrella y en el cielo se clavó con una chincheta. Era una estrella brillante que tarareaba una canción. ¡Era la canción de Asunción! Esa que se había transformado en pétalos de flor. Ya dije que fue un día de lo más raro. Ahora entenderás por qué‘.

4. ‘Mi abuelo se llama Andrés y sabe un montón de historias. Un día me leyó un cuento donde el protagonista se subió a un enorme dragón y voló entre las nubes hasta llegar a Japón. Una vez allí se bajó con una escalera y al caer se hizo un coscorrón. Le llevaron a curarse muy deprisa en una coche de algodón.

Cuando al fin pudo salir del hospital, se encontró con una bruja que le entregó una escoba y una pócima azul. No sabía si beberla o tirarla a un jarrón. Al final se la dio a un gato y se transformó en un ratón. – ¡Menos mal que no me la tomé!- pensó apurado aquel chico, que se llamaba Miguel, o Miguelito, como le llamaban sus amigos cuando hablaba de Japón y las historias tan raras que allí vivió‘.

5. ‘La vaca Margarita se comió una coliflor y pidió un deseo al hada Marisol: ‘Me gustaría viajar en autobús azul hasta una isla desierta’. Y dicho y hecho, Margarita viajó, pero en lugar de ir en autobús, se subió a una carroza dorada de hortalizas, en donde bailaban muy animadas una lechuga, un calabacín y una mazorca de maíz. – ¡Qué surrealista!- pensó la vaca Margarita.

Como la vaca Margarita creyó que estaba soñando, llamó a su amigo Joaquín, un delfín muy bailarín que de historias raras sabía un montón. – Que no, Margarita, que no es un sueño- le dijo mientras nadaba entre nubes de algodón. Y Margarita, más segura, siguió viajando bajo el sol.

Después llegó hasta una isla desierta en donde había un cocotero y una enorme cruz. – ¿Será que escondieron aquí un tesoro hace mil años?- pensó y dijo en alto Margarita. Y un loro que la escuchaba anotó lo que decía. Luego le dijo bien alto: – No es ninguna tontería. Prueba a usar una pala y a desenterrar el tesoro, Margarita. Y mucho se esforzó nuestra amiga en cavar un hondo agujero.

Cuando ya no podía más, Margarita oyó un sonido muy singular: era el despertador de su abuelo Tomás, que le indicaba que era hora de despertar’.

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