El acusador fantasmal. Historia de misterio para adolescentes

Una inquietante historia de fantasmas para niños mayores y adultos

‘El acusador fantasmal’ es un relato breve del escritor Daniel Defoe. En esta ocasión, te ofrecemos una versión de esta historia de misterio para adolescentes, niños mayores y adultos. Si te gustan las historias de espectros y algo de misterio, no te pierdas este original cuento de Defoe, el escritor de ‘Robinson Crusoe’.

Una historia de misterio para adolescentes: ‘El acusador fantasmal’

Cuento de fantasmas: el acusador fantasmal

Cuentan una extraña historia que ocurrió hace tiempo durante el juicio a un presunto asesino. El cuerpo de una mujer cercana a su entorno había aparecido con un terrible corte en el cuello, y él era el principal sospechoso. Pero el asesino había preparado el crimen tan bien, de forma tan perfecta, que los investigadores del homicidio no encontraron ninguna pista concluyente. Los agentes no consiguieron hallar ninguna huella, ni arma homicida ni rastros de adn en el lugar del crimen.

Así que el día del juicio, el acusado estaba en principio bastante tranquilo. Tenía la total certeza de salir airoso de aquella situación. Más aún sabiendo que no existía ningún testigo capaz de acusarle directamente, porque nadie le había visto aquel día.

Comienzan los problemas para el acusado

Sin embargo, en el momento en el que el fiscal llamó a declarar a los testigos, el acusado comenzó a ponerse nervioso. La defensa no entendía muy bien por qué:

– No se ponga nervioso– le decía su abogado de oficio- Solo hay dos testigos que no podrán decir nada, absolutamente nada concluyente.

– Sí que puede, sí que puede- repetía angustiado el acusado.

– Pero usted me dijo que ninguna persona podía delatarle….

– Pero él sí, y no puede estar aquí- repetía más angustiado aún.

– ¿Pero quién? ¿El jardinero? ¿La dama de llaves? Los dos estaban fuera ese día…

– Él sí, él sí… – repetía sin coherencia alguna el acusado.

El juez, que se dio cuenta del estado de ansiedad en el que se encontraba el acusado, comenzó a tomar declaración a los dos testigos, sin que pudiera sacar nada en claro, ya que aseguraban que ese día ellos no estaban en la casa.

– Señoría, ¡él no puede testificar! ¡No sería imparcial! Un testigo no puede haber tomado parte en el asunto… – dijo de pronto el acusado.

– No entiendo muy bien a qué se refiere… Una persona afectada en un caso también puede testificar. No veo el problema. Imagine en un asalto de caminos que no pudiera testificar el asaltado…

– ¡Pero él no puede hacerlo!- gritó desesperado el acusado, con la mirada fija en los testigos.

Qué es lo que perturbaba al acusado de este crimen

El juez notó entonces que el acusado miraba hacia los testigos como si viera algo más. Notó su creciente angustia y para intentar que confesara, le dijo:

– Muy bien, ya veo que observa usted a un testigo al que no quiere escuchar. Le leeré pues un versículo de la Biblia para ayudarle a aclarar la mente.

Y diciendo esto, el juez tomó la Biblia entre sus manos y leyó el siguiente versículo de Josué:

– ‘Hijo mío, por el Dios de Israel, confiesa y declárame qué has hecho. No me lo encubras’.

En ese momento, el acusado rompió en llanto y confesó el crimen, paso a paso, y sin dejar de mirar a ese testigo que nadie más podía ver: su víctima, esa mujer a la que había asesinado, le miraba implacable desde el estrado, con un profundo corte en el cuello y el cuerpo ensangrentado.

Y así fue, tal como cuentan esta historia, cómo el acusado, que en principio no contaba con nadie en contra, capaz de mandarle a la cárcel, encontró en su víctima su verdugo final.

Reflexiones sobre esta historia de misterio de Defoe

Este relato estremecedor de Defoe, cuenta una historia por lo visto basada en hechos reales: un hombre, debido a la ansiedad y la alucinación al ver el espectro de su víctima, terminó confesando el crimen, para sorpresa de todos.

El subconsciente de las personas es muy poderoso, capaz de hacernos ver imágenes donde no las hay. La mente recrea mediante la ansiedad y el miedo la imagen nítida de aquello que tememos. Así funciona el miedo, y por eso muchas veces creemos ver apariciones y sentir algo cerca de nosotros.

Esa moral que nos recuerda que debemos pagar por lo que hicimos mal: En este caso, el miedo y la angustia, así como el remordimiento que sentía el acusado (tal vez movido por la sed de justicia del karma), se pusieron del lado de la justicia, presionando al asesino hasta que no pudo más y terminó confesando.

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