El adivino de la feria de Bristol. Cuento de misterio para adolescentes y adultos

Un famoso relato de falsos fantasmas de Daniel Defoe

‘El adivino de la feria de Bristol’ es uno de los relatos cortos más famosos del escritor británico Daniel Defoe. Se trata de un cuento de misterio para adolescentes y adultos, en donde se narran las argucias y picaresca con la que trabaja un falso adivino.

Un cuento de misterio para adolescentes y adultos que te sorprenderá: ‘El adivino de la feria de Bristol’

Un relato demisterio para adolescentes y adultos

Hace mucho existió un hombre muy pícaro que viajaba por las ciudades anunciando sus servicios como adivino y sanador. Decía además ser curandero, e incluso se hacía llamar ‘doctor’, así que clientes ávidos de mejorar su vida física y sentimental no le faltaban nunca.

Por si eso fuera poco, era un hombre muy astuto, y contaba además con un ayudante para hacer realidad en la medida que era posible, las peticiones de su clientela. De esta forma, se fue labrando el adivino una buena reputación.

En una ocasión acudió a una famosa feria de comerciantes, la feria de Bristol. Allí recibió la visita de una joven muy tímida a la que al principio le costó mucho ‘adivinar’ lo que quería. Pero el falso adivino era inteligente, y usaba un truco infalible: conseguía con sus preguntas indirectas, y tomando constantemente el pulso a su cliente para comprobar cuándo se exaltaba ante una pregunta, que fuera el mismo cliente quien le diera toda la valiosa información. Luego siempre parecía que lo había adivinado.

La confesión de su joven clienta

Y así fue cómo el ‘doctor’ adivino, se sentó junto a la chica, le tomó la muñeca para comprobar el pulso y fue contándole historias para saber por dónde iba su consulta:

– Una joven como usted, seguro que viene con mal de amores

El falso adivino notaba la aceleración de las pulsaciones, así que continuaba por ese camino…

– Y digo yo, que algún mal le pesa mucho por venir hasta aquí. Ya veo que no quiere hablar. ¿Tanto le avergüenza hablar del tema? ¡Puede confiar en mí! Hasta las princesas me han contado sus problemas…y de todo tipo. Nunca diré nada de lo que usted me cuente, bella dama.

– Ya, pero… es que Thomas… – dijo la chica en un susurro.

– Ah, Thomas… – continuó entonces el falso adivino- Me recuerda usted a una joven que hace tiempo vino a verme. La pobre chica… su novio le había dejado embarazada…¡fíjese usted! Pero claro, todo podía solucionarse si él aceptaba a casarse con ella. Así que conseguí que lo hiciera.

¿Puede conseguirlo?– dijo entonces exaltada la joven.

– Sí, ya veo… ¿de cuánto está embarazada?

– De cuatro meses… – contestó ella agachando la cabeza.

– Bueno, pues conseguiré que ese tal Thomas se case con usted como quiere. Deme la dirección del joven y veré qué puedo hacer.

– Oh, muchísimas gracias- dijo ella dándole una moneda de plata- Si lo consigue, podré pagarle bien, ya que tengo una tía muy rica que ha prometido ofrecer un buen regalo a quien consiga arreglar esta situación…

– Pues no se hable más, bella dama. Me pongo manos a la obra.

El ayudante del adivino y el fantasma que aterroriza a Thomas

El ayudante del adivino recibió la dirección y las directrices de lo que debía conseguir: que Thomas se asustara tanto que le pidiera acudir al adivino. Así que George, que así se llamaba el ayudante del adivino, se instaló en la casa contigua a donde vivía Thomas e hizo todo lo posible por darse a conocer. Así entabló cierta confianza con él.

Y un día decidió poner todo el plan en marcha. Aprovechó una noche que se enteró de que Thomas salía a un encargo de su jefe y tenía que atravesar un bosque, cuando salió un poco antes que él y se escondió tras unos árboles. Al pasar Thomas, George cambió la voz por otra más cavernosa y profunda y gritó el nombre y apellido de Thomas tres veces.

El pobre chico, al escuchar aquello, aceleró el paso y comenzó a sudar. Entonces George tomó un atajo para encontrarse con Thomas en un cruce de caminos.

– ¡George, amigo! ¡Qué alegría encontrarte! ¿Podrías acompañarme hasta la ciudad? – dijo Thomas al verle, aún nervioso por lo que acababa de pasarle.

– Bueno- dijo dudando George- No debería, porque tengo que ir a ver a mi amo, ya sabes, el doctor y adivino… Pero ¿qué te sucede? Estás muy nervioso…

– Ay, amigo, que me ha sucedido algo terrible y estoy con un ataque de pánico. Ha sido hace nada, al pasar cerca de unos árboles, de pronto el demonio ha gritado mi nombre.

– ¿El demonio? ¿Cómo que el demonio?- contestó haciéndose el sorprendido George.

– Sí, sí, como te lo cuento… Tenía una voz terrible, muy profunda. Seguro que era el demonio. Con esa voz…

– Igual confundiste el sonido con otro.

– No, que va, estoy seguro, porque sonó muy claro: mi nombre y mi apellido… ¡tres veces!

– ¿Tres veces dices? Oh, ¡no! – exclamó sobresaltado George.

– ¿Qué? ¿Qué pasa? Ay, George, no me asustes más. Tú que sabes de esas cosas, que seguro que lo aprendiste de tu amo… ¿sabes qué puede significar?

– Mi amo lo sabría seguro, pero algo me suena… Tres veces dices… Creo que eso significa muerte. En tres días, tres meses o tres años. Pero muerte, seguro.

– ¡No me digas eso! ¡Ay qué horror! ¿Y qué puedo hacer para evitarlo?

– Mi amo sabría qué hacer. Yo no lo sé. Deberías ir a verle…

– No sé, George, lo que necesito es que me acompañes a la ciudad, por favor, no quiero ir solo.

– Está bien, te acompaño, pero luego debo irme, que mi amo me espera.

– De acuerdo, muchas gracias, amigo- contestó George un tanto más tranquilo.

El plan del adivino continúa

George acompañó al joven hasta la ciudad y luego se despidió de él. Acudió a ver al adivino y le contó cómo iban las cosas.

– ¡Fantástico, George!- dijo el adivino- Va bastante bien por lo que veo… el infeliz no sospecha nada. Bien, continúa con el mismo plan hasta que venga a verme. Debes conseguir que esté tan asustado que te suplique venir.

Y así fue como George continuó asustando a Thomas. Se hizo con una túnica blanca que de vez en cuando se ponía para pasar rápido ante sus ojos en los lugares más insospechados. A veces por las noches se acercaba y volvía a pronunciar su nombre por tres veces mientras dormía… O estando en la habitación contigua, gritaba su nombre con voz aterradora. El pobre Thomas, un día que ya no podía más, acudió a ver a George.

– Tienes que ayudarme, amigo- le dijo rompiendo en llanto- ¡Va acabar conmigo!

– ¿Quién? ¿Qué te pasa?-contestó él haciéndose de nuevo el sorprendido.

– ¡El diablo! No deja de perseguirme. De día y de noche… ¡incluso ha venido a verme en sueños!

– Ay, amigo, ya te dije que no pararía… y lo peor es que busca tu muerte.

– Pero, ¿por qué? ¡Yo no hice nada malo!

– Mi amo podría saberlo, podría ayudarte, pero nunca logrará nada si hiciste algo malo.

– No, te digo que no.

– ¿Ni mataste a nadie?

– ¡No!

– ¿Y robar?

– ¡Tampoco! ¡Nunca!

– Bueno, pues ven conmigo a ver a mi amo y veremos si puede liberarte de esta tortura.

Y George al fin consiguió lo que quería: llevar a Thomas a su amo el adivino.

Thomas, el adivino de Bristol y la joven clienta

Thomas llegó de esta forma hasta el adivino, quien al verle, se hizo el sorprendido, claro:

– Vaya, George, vienes acompañado… ¿quién tengo el gusto de conocer?

– Thomas, señor… Conozco a George y me ha dicho que puede usted ayudarme.

– Ah, ya veo… siéntese, amigo.

Y de nuevo el adivino se sentó a su lado y tomó la muñeca de Thomas para controlar el pulso de su acelerado corazón.

– Le veo a usted aturdido… como si algo le asustara mucho.

– Así es. Unas voces… y apariciones…

– ¿No habrá dicho su nombre esa aparición?

– ¡Sí! ¿Cómo lo sabe?- se exaltó entonces Thomas.

– Porque es lo peor que podría pasar, y porque lo veo en su asustada mirada… Pero dígame, joven Thomas… espero que no haya cometido algún mal irreparable, porque de ser así no podré ayudarle.

– No, yo no hice nada malo.

– ¿No mató, ni robó ni injurió?- preguntó el adivino.

– ¡No, no! ¡Nada de eso!

-Pues algo hay… algo que tiene al demonio persiguiéndole, algo que hizo… aunque pueda repararse. Si puede repararse, tendremos la solución a todos sus males. Porque dígame, joven Thomas.. ¿si fuera algo que pudiera arreglarse, lo haría usted?

– ¡Claro que sí! ¡Ahora mismo!

-Bien, tengo pues su palabra. Entonces busquemos el origen de esta persecución nada agradable del demonio… Algo que hizo ¿a algún amigo? O espere… ¡o a una dama! ¿No habrá hecho algo a una dama y ella haya muerto después?

-No, eso no. Sí hice algo con una dama, pero está viva. ¡La vi hace poco!

– Ah, con que hizo algo con una dama. Y ahora ella espera un bebe. ¿Verdad?

– Sí, pero…

– ¡Ya lo tenemos, pues! Thomas, ya sé cómo librarte de esta tortura. Hablaré con la dama y si ella está de acuerdo, os casaréis de forma inmediata. De esta forma, arreglarás el mal que hiciste.

– ¿Casarme? ¿Y así dejará el demonio de perseguirme?

– ¡Sí señor!

– Pues lo que sea necesario, por supuesto, con tal de librarme de esta tortura.

– Mañana mismo se celebrará la boda si ella está de acuerdo. Vaya pues a prepararlo todo.

Y nada más despedir al joven Thomas, el adivino hizo llamar a la joven, que ya había sido avisada para que acudiera.

– Ya está resuelto, bella dama. Mañana mismo podrás casarte con tu querido Thomas.

– ¡Oh, cómo se lo agradezco!- dijo ella- Mi tía le mandará un buen regalo de su parte. Me habló de cerca de 20 monedas.

– Agradecido estoy, entonces. Que sean los dos muy felices.

Y así fue cómo el adivino se hizo con una buena suma de dinero usando una vez más sus artes de falso adivino.

Reflexiones sobre el cuento de misterio del falso adivino de Defoe

Este relato en realidad es una sátira escrita con cierto toque de humor sobre las malas artes de los falsos adivinos, basado en la picaresca. Sin embargo en esta historia la joven protagonista, a pesar de las malas artes que usa el adivino, consigue lo que quería. Podemos sacar de esta historia todas estas conclusiones:

No te creas nunca lo que te prometen: La crítica a los falsos adivinos y aquellos que además se hacen llamar ‘doctor’ es bien evidente en esta historia. Para el escritor inglés no son más que picaros truhanes muy inteligentes, que además se aprovechan de las emociones a flor de piel de sus clientes. En el relato de Defoe, queda claro que el adivino no adivina nada, sino que es muy listo y consigue que al final sus clientes le den la información que necesita.

El poder de la imaginación para crear una realidad que no existe: El miedo muchas veces nace de nuestra propia imaginación. A raíz de una voz o una imagen, ya nos ‘armamos’ el resto de historia. Así, Thomas entra en un bucle de miedo y pánico a raíz de lo que su imaginación interpreta de las voces y apariciones de George, y no es capaz de salir de él. La imaginación es tan poderosa que puede llegar a hacernos ver cosas donde no las hay.

El sentido de justicia: Al final la joven que acudió al adivino consigue hacer justicia y logra lo que buscaba. A pesar de las malas artes del adivino, éste soluciona su problema. Ella por tanto está satisfecha y el adivino recibe su recompensa. ¿El fin justifica los medios? Esta famosa afirmación de Maquiavelo parece encontrar de nuevo, en este relato, protagonismo.

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