El árbol que no sabía quién era. Fábula oriental con valores

Una fábula corta sobre la necesidad de conocernos a nosotros mismos

‘El árbol que no sabía quién era’ es una fábula oriental sobre la importancia de conocernos en profundidad para valorarnos y poder sacar el máximo partido de nuestras virtudes. Un precioso relato sobre el amor propio que puedes usar para mejorar la autoestima. Ideal para adolescentes y jóvenes.

La fábula oriental ‘El árbol que no sabía quién era’ para mejorar la autoestima

El árbol que no sabía quién era, una fábula oriental para adolescentes y jóvenes
El árbol que no sabía quién era, una fábula sobre la necesidad de conocernos

Había una vez un jardín muy hermoso, repleto de árboles de todo tipo. Casi todos eran frutales: había frondosos manzanos con deliciosos frutos rojos, melocotoneros con dulces melocotones sonrosados, esbeltos perales repletos de peras y hasta naranjos y mandarinos de brillantes hojas con sus brillantes y coloridos frutos.

Todos los árboles eran felices, porque crecían fuertes y sanos y daban una gran cantidad de frutos. Bueno, todos, menos uno. Entre todos los frutales, había un árbol de tronco ancho y ramas muy frondosas que no daba ningún fruto. Era un árbol robusto en cuyas ramas los pájaros construían sus nidos o paraban a descansar a mitad de viaje.

Este árbol sin embargo estaba muy triste, porque veía a todos sus compañeros presumir de sus frutos y él, sin embargo, no sabía por qué no era capaz de dar ninguno.

El árbol que no sabía quién era: el resto de árboles intentan ayudarle

El resto de árboles intentaban ayudarle. Un día, el manzano le dijo:

– Amigo, tal vez solo necesites concentrarte. Piensa que eres un manzano como yo, a ver si así consigues dar frutos.

Pero el árbol, a pesar de sus esfuerzos, no conseguía dar manzanas. El mandarino le dijo entonces:

– Prueba con las mandarinas, que son más pequeñas. Igual es porque las manzanas son demasiado grandes.

Pero a pesar de todas sus esfuerzos, el árbol no consiguió dar mandarinas.

El pobre árbol intentó de todo: dar peras, melocotones… pero no podía. 

Un día, un búho se posó en sus ramas y, como era un pájaro muy sabio, se dio cuenta del dolor del árbol y le dijo:

– Dime, árbol, ¿por qué estás tan triste?

– Oh, es porque no consigo dar frutos. Todos los demás son árboles llenos de color y yo, mírame… no doy absolutamente nada. ¿De qué sirvo entonces?

– Yo creo- dijo el búho- que en realidad estás triste porque te pasas la vida intentando ser quien no eres.

– ¿Quien no soy?

– Sí… tal vez solo tengas que escuchar tu voz interior.

– ¿Mi voz interior?

– Todos  tenemos una voz interior que nos habla, pero a veces estamos tan ocupados escuchando la voz de los demás, que no somos capaces de escucharla.

El búho se alejó volando recordando al árbol su consejo:

– Escucha tu voz interior…

El árbol al fin entiende quién es

El árbol se quedó pensativo y decidió guardar silencio y dejar de escuchar a los otros árboles. Entonces, consiguió oír un pensamiento que nacía de su interior:

– ¿Cómo quieres dar manzanas si no eres un manzano? ¿Y cómo quieres dar mandarinas si no eres un mandarino? Tú eres un roble, amigo, un inmenso y bello roble. Uno de los árboles más admirado por los hombres. Eres capaz de dar sombra cuando ellos lo necesitan, en los días de más calor, y eres refugio de las aves, un hogar para muchas de ellas. Deberías sentirte orgulloso porque muchos otros árboles darían cualquier cosa por tener tu fortaleza.

El árbol de pronto se sintió mucho mejor. Al fin sabía quién era y cuál era su misión. Y por supuesto, nunca más intentó dar ninguna fruta.

Moraleja: “A veces nos sentimos desgraciados por intentar ser quienes no somos. Trata de conocerte a ti mismo y esfuérzate en ser quien eres, en lugar de intentar ser quien no eres”

Qué temas puedes trabajar con la fábula de El árbol que no sabía quién era

Con esta increíble fábula podrás trabajar estos interesantes temas:

– La necesidad de conocernos a nosotros mismos.

– La empatía.

– La solidaridad.

Reflexiones sobre la fábula El árbol que no sabía quién era

Cuesta conocernos a nosotros mismos, pero una vez que lo logramos, al fin podemos ser felices:

La felicidad es la consecución el conocimiento y la aceptación personal: si te das cuenta, de entre todos los árboles del jardín, el único que estaba triste, que era infeliz, era aquel que no sabía quién era. El roble, que no sabía que era un roble, intentaba por todos los medios ser un árbol que no era y no lo conseguía. Por eso no podía ser feliz. Hasta el momento en el que descubrió quién era, y su vida cambió por completo. Entonces sí pudo concentrarse en sí mismo y en proyectar todos sus dones hacia los demás.

No hagas caso de lo que otros te digan y escucha tu voz interior: efectivamente, escucharemos muchos consejos a lo largo de nuestra vida. No se trata de no escucharlos, sino de contrastarlos con lo que nos dice nuestra voz interior, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Si te conoces, conseguirás decidir qué camino seguir sin necesidad de que otros te digan por dónde debes ir. Solo guiándote por lo que diga tu yo interior.

La falta de empatía y la bondad que no hace bien: los demás árboles intentaron ayudar al roble. No se puede negar que no fueron solidarios y bondadosos, pero no tenían empatía. De lo contrario, se hubieran puesto en su lugar, como sí hizo el búho, para analizar cuál era el problema real del árbol que estaba triste. Ellos, sede su buena intención, intentaron dar su opinión pensando en ellos mismos. ¿Qué harían ellos? En lugar de ‘Qué debería hacer este árbol para ser feliz?’. Y es que la empatía no consiste en averigua qué necesitaríamos nosotros de estar en el lugar del otro, sino en ponernos en la piel de ese otro para averiguar qué necesita.

Conocernos mejor para crecer: conocernos a nosotros mismos es esencial para madurar y crecer y sobre todo, para poder ofrecer a los demás nuestra ayuda. Conocernos implica saber quiénes somos, cuáles son nuestras virtudes y cuáles nuestros defectos y perdonarnos y querernos como somos, con nuestros dones y nuestras limitaciones.

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