El arquero y el vendedor de aceite. Cuento para reflexionar sobre la práctica de los valores

Un cuento para adolescentes y adultos sobre cómo trabajamos nuestro interior

‘El arquero y el vendedor de aceite’ es un fantástico cuento para reflexionar sobre cómo cuidamos y trabajamos nuestro interior y nuestros valores. Este cuento está basado en el que el escritor indio Prem Rawat recoge en su libro ‘Cuando el desierto florece’. Te ayudará a recapacitar sobre cómo moldeamos nuestro comportamiento.

Un cuento ideal para adolescentes y adultos sobre cómo moldeamos nuestra conducta: El arquero y el vendedor de aceite

Cuento para adolescentes y adultos

Un habilidoso arquero se ganaba la vida viajando de pueblo en pueblo y preparando espectaculares exhibiciones públicas. Así, todo el mundo podía admirar su destreza con el arco y las flechas.

El arquero era capaz de acertar con su flecha en el justo centro de otra a gran distancia. Y él, poco a poco, fue mejorando, y con ello, fue creciendo su ego. Por supuesto, se creía el mejor arquero del mundo.

El arquero se encuentra con el vendedor de aceite

Un día, en plena exhibición con su arco en medio de un pequeño pueblo, entre gritos de admiración y aplausos, escuchó una voz que decía:

Buah, eso es solo cuestión de práctica.

El arquero al principio se sintió algo molesto, pero continuó con su exhibición. Se concentró y consiguió su siguiente reto. Pero una vez más, entre los aplausos, escuchó la misma voz que decía:

– Lo dicho… es cuestión de práctica.

Al arquero le costó concentrarse para su último reto. No podía creer que alguien pusiera en duda sus habilidades. Y al terminar su última prueba, y aunque la mayoría le aplaudió muchísimo, volvió a escuchar ese.

– Si es solo cuestión de práctica.

El arquero, un tanto dolido por esa crítica, esperó a que abandonara la estancia la mayoría de personas para intentar averiguar quién era el responsable de estas palabras. Y al fondo, pudo ver a un hombre junto a unas cuantas garrafas de aceite. Se acercó y le preguntó:

– ¿Eras tú el que decía todo el tiempo que lo mío es solo cuestión de práctica?

Sí, he sido yo– contestó él sin dudar- Y es la verdad.

– ¿Cómo puedes decir eso- se ofendió el arquero- Lo mío es una gran habilidad. Nadie es capaz de hacer lo que yo hago.

– Bueno- dijo entonces el vendedor de aceite- Si yo practicara, podría hacerlo.

– Si fuera cuestión de práctica, todo el mundo podría hacer lo que hago, y no conozco a nadie que lo haga– volvió a decir el arquero.

– Espera- dijo el vendedor de aceite- Te enseñaré algo para que lo entiendas.

Y entonces, sin decir más, sacó una moneda de su bolsillo. Tenía un pequeño agujero justo en el centro. Colocó la moneda sobre el estrecho cuello de una botella y, desde lo alto, comenzó a verter aceite de su garrafa en la botella. El aceite pasó justo por el agujero de la moneda y llenó la botella sin derramar ni una sola gota. Entonces, el vendedor de aceite dijo:

– He estado practicando esto desde que era niño. No conozco a nadie que lo haga. ¿Quieres intentarlo?

Y el arquero, asombrado, le dijo que no con la cabeza, recogió sus flechas y se fue, con una gran lección de humildad aprendida.

Reflexiones sobre esta historia del Arquero y el vendedor de aceite

Prem Rawat utiliza esta historia para ayudarnos a reflexionar sobre algo muy importante: ¿qué estamos practicando en nuestro día a día? Porque lo que practiquemos, se perfeccionará y crecerá, y lo que no practiquemos, se ‘oxidará’. Y no se refiere a habilidades como la del arquero, o habilidades deportivas, sino a la práctica de los valores aprendidos:

¿Practicas amor o practicas odio?: La historia del arquero y el vendedor de aceite es en realidad una metáfora para ayudarnos a reflexionar sobre el trato que damos en la práctica a los demás. ¿Tendemos a tratar con cariño a las demás personas o por el contrario, nos mostramos constantemente enfadados y molestos? El trato hacia los demás también se puede practicar. Si siempre nos mostramos ariscos, cada vez seremos más ariscos ante los demás. Sin embargo, si intentamos relacionarnos de forma amable y pacífica, veremos crecer nuestra amabilidad con los demás.

Cómo practicamos los valores aprendidos: Lo mismo sucede con los valores que aprendemos a lo largo de nuestra vida. Puede que sepamos qué es la empatía y la solidaridad, pero nunca utilicemos estos valores. Igual preferimos el egoísmo y el narcisismo. Si practicas empatía constantemente, este valor crecerá y crecerá dentro de ti, mientras que si tiendes al egoísmo y practicas la ambición y la avaricia, cada vez te será más difícil desprenderte de estas etiquetas. Cuidado con los valores que practicas a diario, parece decirnos este cuento corto.

El ego a veces anula el valor de la humildad: El arquero comenzó desde la humildad a mostrar sus habilidades al resto, pero a medida que fue practicando, estas aumentaban, y su ego creció y creció, hasta olvidar que en el fondo comenzó siendo un humilde arquero, y que su fama se la debe al trabajo, al esfuerzo y a la práctica. No nació con estas habilidades, como él se llegó a pensar. No debemos olvidar nunca quiénes fuimos, cómo éramos antes de aprender todo lo que sabemos. Todos partimos de un mismo punto, y solo con dedicación y esfuerzo, se consiguen los logros.

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