El color que cayó del cielo. Cuento de ciencia ficción de Lovecraft

Un cuento de terror sobre un extraño meteorito, para adolescentes y adultos

‘El color que cayó del cielo’ es un famoso cuento de ciencia ficción de Lovecraft (1890-1937), que narra la extraña aparición de un meteorito en medio de una pequeña aldea cercana a un bosque. No te pierdas esta versión para adolescentes y adultos, que recoge la esencia del cuento del genial escritor norteamericano.

Un increíble cuento de ciencia ficción de Lovecraft: ‘El color que cayó del cielo’

Cuento de ciencia ficción de Lovecraft: El color que cayó del cielo

Al oeste de Arkham se levanta una enorme colina con bosques selváticos. Cerca de una de ella se alzaba hace tiempo una pequeña población con unas cuantas casas y algún granero. Sin embargo, hace un tiempo que todos se fueron poco a poco, huyendo de un hecho inexplicable que se convirtió en leyenda, y al que todos llamaban ‘los extraños días’.

Me mandaron allí con la misión de acotar y comprobar la zona en donde se construiría la nueva alberca. Una laguna cubriría aquellas tierras ahora abandonadas.

Según me acercaba más a la zona, era más consciente de la realidad que había obligado a todos los habitantes a huir. Existía un antiguo camino que partía de una casa casi derruida, que aún resistía en pie junto a un antiguo pozo y atravesaba las colinas, y un camino más reciente, que giraba hacía el sur y las rodeaba.

Fue creado más tarde, cuando ‘aquellos extraños días’ marchitaron y pudrieron ese marchito erial que parecía ser el triste resultado de un incendio: la tierra era de un triste color gris ceniza y no crecía absolutamente nada de vida a su alrededor. Desprendía un ligero olor a podredumbre, y los troncos de los árboles yacían muertos.

La extraña historia del loco Ammi sobre El color que cayó del cielo

Decidí preguntar a los habitantes de Arkham sobre aquel oscuro y desolador camino gris, pero se mostraron bastante reacios a contarme nada.

– ¿No te habrá contado tonterías el viejo Ammi? ¡Está loco! – dijo uno de ellos.

– Lo único que debe saber es que fue hace poco… desapareció una familia entera- dijo otro.

– Tal vez les asesinaron- propuso otro de los habitantes de Arkham.

Tenía claro quién podría ayudarme: Ammi Pierce, aquel anciano del que todos hablaban. Y por supuesto, fui a verle. Vivía en una casa a las afueras del pueblo, en una ruinosa casa rodeada de espesa vegetación. El hombre, mucho más culto que sus rudos vecinos, no parecía lamentar que todo aquello fuera a desaparecer bajo las aguas.

El anciano comenzó a contarme, de forma cronológica y totalmente razonable, todo lo que sucedió en aquel lugar en aquellos ‘extraños días’.

La caída del meteorito junto a la casa de los Gardner

Todo comenzó, dijo Ammi, por la extraña aparición de aquel meteorito. Fue una noche en la que se levantó una nube muy espesa seguida de varias explosiones. Al deshacerse la inmensa columna de humo, quedó al descubierto una piedra de considerable tamaño, que había caído junto al pozo de la casa de Nahum Gardner, justo en el lugar que ahora ocupaba el siniestro erial gris.

Nahum se acercó al pueblo a contar lo que había pasado, y al día siguiente aparecieron en su casa tres científicos de la Universidad de Miskatonic, dispuestos a llevarse una muestra de aquel meteorito. Por increíble que parezca, el pedrusco pardo que aún mantenía el calor, era más pequeño que la noche anterior.

– ¡Ha encogido!- dijo asombrado Nahum.

– No es posible- respondió uno de los profesores- Las piedras no encogen.

Los hombres arrancaron sin esfuerzo un trozo de aquella piedra. Era más blanda de lo que pensaban. La introdujeron en un tubo de vidrio y se fueron de allí.

Los análisis que los científicos hicieron del meteorito

Los profesores intentaron descubrir de qué material estaba hecho el meteorito, pero sus pruebas no arrojaron ningún resultado. Ese extraño pedazo de roca no parecía alterarse por nada, no por los disolventes empleados, ni ante los ácidos, ni siquiera ante el calor. Sin embargo, los científicos descubrieron que no perdía su calor en ningún momento, que emitía un ligero color verde resplandeciente en la oscuridad, y que, efectivamente, se hacía cada vez más pequeño, hasta llegar a desaparecer junto con el tubo que le albergaba.

Esto fue tan desconcertante, que los científicos regresaron a por otra muestra del meteorito. Para su sorpresa, ya era mucho más pequeño, y consiguieron hacerse con un trozo de su núcleo. Gracias a él descubrieron que en su interior poseía un glóbulo y unas bandas de color grisáceo, y que el material era muy magnético. Pero de nuevo desapareció.

Al acercarse hasta la casa de Nahum por tercera vez, descubrieron que el meteorito había desaparecido, por culpa de una tormenta. El pedazo de roca magnético había atraído numerosos rayos, que destruyeron lo poco que quedaba de piedra.

El comienzo de los extraños días junto a la casa de Nahum

Por aquel entonces, Nahum y su familia salieron mucho en los periódicos. Él, su esposa y sus tres hijos, se convirtieron en foco de atención de muchos periodistas, aunque pronto pasó la noticia y se olvidaron de la historia.

Sin embargo, la verdad es que todo acababa de empezar. Fue el comienzo de una serie de acontecimientos extraños que sumieron poco a poco a aquel lugar en un siniestro foco de sucesos paranormales.

Ese año, las frutas y verduras de las que vivía la familia Gardner, tardaron más en madurar, pero cuando lo hicieron, eran extrañamente más grandes y abundantes. Estaban contentos, pues pensaban que era una buena cosecha. Sin embargo, todos los frutos resultaron incomibles. Eran amargos o ácidos… Todo lo que nacía en el lugar cercano a donde cayó el meteorito, tuvo que tirarse. Solo pudo salvar los frutos que Nahum tenía más allá, en el bosque.

Nahum echó la culpa al meteorito:

– ¡Esa maldita piedra ha envenenado la tierra!- dijo totalmente desolado.

Ese invierno, además, el hombre descubrió asustado extrañas huellas en la nieve. Eran de animales conocidos, sí, pero no tenían ninguna relación con el caminar normal de cada especie. Se lo contó a su amigo Ammi, con quien guardaba una estrecha relación, y al principio él pensó que eran locuras pasajeras, pero un día, de camino a la casa de su amigo, pasó por delante una liebre, que daba unos saltos tan increíbles que hasta el caballo se asustó. Y poco después, unos niños descubrieron una marmota de dimensiones gigantes y un extraño rostro.

Los habitantes de Akham, por su parte, pensaron que la familia Gardner estaba enloqueciendo, aunque sí comprobaron que ocurrían cosas extrañas alrededor de la casa de Nahum.

La podredumbre invade la casa de los Gardner

La primavera llegó antes a la casa de los Gadner. La nieve se derritió antes, los insectos comenzaron a invadir la zona, con sus tremendos zumbidos y sus cuerpos extrañamente grandes.

Un periodista viajó desde Boston un día a aquel lugar, y descubrió algo que Nahum no había visto: un destello de luz verde fosforescente se deslizaba por su vivienda por la noche. De nuevo su extraño caso fue noticia, y los habitantes de Arkham empezaron a tener miedo.

Los frutos volvieron a crecer gigantes, pero incomibles. Y poco después, la cosa fue a peor: la hierba empezó a crecer con un color grisáceo, y despedía un olor a podredumbre. Nahum tuvo que llevarse las vacas de allí, ya que la leche que daban por pastar en aquel lugar era mala.

La hierba y las flores que crecían, lo hacían con un color extraño, similar al que los científicos encontraron en aquel pedazo de roca que analizaron. El mismo color que tenía el glóbulo del núcleo de aquel meteorito, un color indescriptible, ni verde, ni gris.

El color que cayó del cielo: la locura llega a la casa de los Gardner

Lo peor de todo fue que la mujer de Nahum empezó a enloquecer. Decía ver moverse los árboles sin que hubiera ni una brizna de viento, escuchar sonidos perturbadores de insectos por todas partes…

Nahum comprobó con horror que por la noche, su mujer resplandecía con un ligero tono verde… Y pocos días después, la mujer dejó de hablar y comenzó a andar a cuatro patas. El hombre decidió encerrarla en el ático, creyendo que había enloquecido.

Poco después, los caballos se escaparon de allí. La vegetación se iba tornando cada vez más gris, las flores crecían deformes… Nahum decidió arrancar hierbas y flores de aquel lugar podrido. En aquel lugar solo quedó una ligera capa de ceniza. Los insectos murieron, incluidas las abejas.

La mujer de Nahum tenía arranques de furia, y Ammi se dio cuenta en una de sus visitas a la familia, que el agua del pozo de la que bebían no era buena. Aconsejó a su amigo excavar otro pozo algo más lejos de allí. Pero él no hizo caso.

El hermano mayor no tardó en enloquecer también, asegurando que veía un color verde en el fondo del agua. Su padre le encerró en una habitación enfrente a la de su madre. Ambos se gruñían con sonidos indescifrables.

Pocos días después, el ganado murió. También las aves de corral, después de ponerse de un color gris parduzco. Los cerdos, antes de morir, se deformaron hasta tal punto de quedar irreconocibles.

Los siguientes sucesos paranormales en la casa de Nahum

La tragedia comenzó de verdad con la muerte del hijo mayor, al que su padre descubrió una mañana al abrir la puerta de su habitación. Realmente no le reconocía, pero solo podía ser él. No había nadie más en ese cuarto. Cavó un hoyo cerca de la casa y le enterró.

La situación era dantesca. Fue a ver a su amigo Ammi, pero él solo pudo quedarse unas horas, las suficientes para comprobar el terrorífico lugar que ocupaba su amigo: un lugar siniestro, gris, que despedía un olor a podrido.

El hijo pequeño no paraba de gritar. El hijo mediano tenía la mirada perdida. La mujer aún daba gritos, encerrada en una habitación del ático. En cuanto Ammi notó los primeros destellos fosforescentes de la hierba y el movimiento de los árboles, salió de allí.

Poco después su amigo se presentó en su casa, aterrado:

– ¡Mi hijo pequeño ha desaparecido!- gritaba asustado- ¡Fue a por agua al pozo y no regresó!

Al día siguiente, pudieron descubrir junto al pozo dos masas fundidas de metal: una correspondía al asa del cubo que llevaba el niño, y la otra, al farolillo con el que se alumbraba. No había nada más.

El color que cayó del cielo: el extraño ser que habitaba la casa de Nahum

Dos semanas después, Ammi comenzó a preocuparse: su amigo no había vuelto y nadie le había visto. Así que ensilló su caballo y se fue hasta allí.

Nahum se encontraba fuera de la casa, como sedado. Dijo haber mandado a su hijo a por leña.

– Vive en el pozo… vive en el pozo– repetía sin parar.

– ¿Y tu mujer? ¿Está bien?- preguntó Ammi.

– Sí, claro que sí- contestó como autómata Nahum.

Ammi sospechó lo peor, y, armándose de valor, decidió comprobarlo por sí mismo. Cogió las llaves de la habitación del ático y abrió la puerta. Un nauseabundo olor le hizo dar un paso hacia atrás. De pronto sintió el roce en la cara de un extraño vapor fosforescente que descendió las escaleras.

Al volver a entrar en el cuarto, se encontró un bulto oscuro y desforme junto a un rincón. Totalmente inerte. Incapaz de hacer nada, cerró la puerta y bajó con la intención de llevarse a su amigo y a su hijo de allí. Pero de pronto escuchó el relinchar de su caballo. Después, un ligero chapoteo en el agua del pozo.

El extraño final de Nahum

Aún aterrorizado por lo que acaba de ver en el ático, y mientras descendía por las escaleras, escuchó el sonido de algo arrastrándose por la planta baja. Y antes de llegar a la cocina, se encontró frente a aquella criatura… Con el cuerpo fragmentado, y los labios agrietados, aquella forma que antes era la de su amigo Nahum ahora tenía otra forma y desprendía una ligera luz fosforescente.

– ¿Qué ha pasado, Nahum?- consiguió preguntar paralizado Ammi.

Y entonces, Nahum empezó a desgranar palabras sueltas:

– Nada, el color quema… es frío, pero quema… Vive en el pozo. Lo he visto brillar por la noche. El pozo… la luz… se llevó a mis tres hijos. Absorbe todas las cosas vivas. Se alimenta de ellas. Es del color, de ese color de la piedra… ¿Mi mujer está bien? … ¿La viste?… su rostro tiene el mismo color…

Ya no pudo decir más. Su cuerpo fue encogiéndose hasta quedar reducido a una masa deforme. Ammi recordó el chapoteo en el agua del pozo… imaginó ese extraño vapor que le hizo dar un paso atrás junto a la habitación del ático… Cubrió lo que quedaba de Nahum con una manta y decidió regresar a su casa a pie.

Al llegar a su casa, se encontró a su caballo allí. Se dirigió a Arkham para contar en la comisaría de policía que la familia Gardner había desaparecido.

Lo que la policía encontró en aquel lugar

Esa misma noche, la policía quiso comprobar qué había sucedido en casa de los Gardner. Ammi les contó que la pareja había muerto, como el hijo mayor, y que los otros hijos habían desaparecido. Al llegar, junto con un par de forenses, encontraron la masa de cuerpos de la pareja. Una sustancia de color gris, como las hierbas que rodeaban la casa. Los forenses más tarde descubrieron con horror que la composición de aquellos restos eran similares a las del meteorito.

Ammi estaba nervioso. No hacía más que mirar hacia el enigmático pozo, y uno de los policías se dio cuenta. Mandó vaciar aquel pozo y el olor que desprendían las aguas era tan nauseabundo que tuvieron que usar máscaras para protegerse. Al vaciarlo, descubrieron en el fondo los restos de los cuerpos de los dos hijos desaparecidos, junto con los restos de un perro y una oveja. Todos estaban grises. ¿Por qué todo se volvía gris al contacto con aquella zona?

El color que cayó del cielo

Pero eso no fue todo: tanto el oficial de policía como el propio Ammi pudieron ver cómo el pozo entero comenzaba a iluminarse con una extraña fosforescencia.

Todos estaban en la casa, y desde la ventana lograron ver lo que pasaba fuera: los árboles comenzaron a agitarse con violencia, y entre las ramas, brillaban pequeñas y numerosas lenguas de fuego verde, fosforescentes, como fuegos fatuos.

Los caballos relinchaban de forma enloquecedora, y todo comenzó a brillar con ese mismo tono verde… Ningún hombre se atrevía a moverse, atenazado por el terror. De pronto el suelo empezó a brillar, y ante el primer tono verde fosforito, Ammi les indicó que debían abandonar aquella casa inmediatamente. Les indicó una puerta trasera y corrieron por un sendero hacia el norte, en dirección a Arkham, sin darse media vuelta, sin parar ni un instante, totalmente enmudecidos por el pánico.

Solo Ammi se dio un instante la vuelta, y contempló con horror cómo toda la granja de su amigo se iluminaba de verde en medio de la noche. De pronto una inmensa luz ascendió hacia las nubes… para regresar y hundirse de nuevo en la tierra.

Desde entonces, nadie volvió a aquel lugar. Ni siquiera Ammi. Por eso se alegraba de que las aguas lo inundaran finalmente, que ahogaran aquel lugar endemoniado. Aunque él tenía claro que jamás bebería de las aguas del nuevo lago. Nunca se sabe qué resquicios pueden quedar de un ser que viene de otro mundo y del que nada conocemos.

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