El diablo y el posadero. Fábula para adolescentes y adultos

Una fábula de Stevenson sobre la responsabilidad de nuestros actos

‘El diablo y el posadero’ es una fábula de Stevenson sobre las malas excusas y sobre la responsabilidad de nuestros actos. Está dirigido a niños más mayores, adolescentes y adultos. La historia nos advierte de la ineficacia de ciertas excusas que no nos redimen de ciertas responsabilidades. ¡No te la pierdas!

‘El diablo y el posadero’, una fábula sobre la responsabilidad de nuestros actos

Fábula del diablo y el posadero, de Stevenson

Cuentan que cierta vez, el diablo se presentó en una posada disfrazado. Nadie le reconoció, así que se dedicó a molestar a todos los inquilinos del lugar a sus anchas.

El dueño de la posada, alertado por las quejas, decidió vigilarles a todos, y se dio cuenta de que uno de ellos era el responsable de todos los males. Tras mucho observar, descubrió que en realidad se trataba del mismísimo diablo.  

Y así, el posadero, que estaba realmente enfadado, le dijo:

– ¡Ven aquí! ¡Te voy a dar una paliza por haberte portado tan mal con todos!

Y el diablo, totalmente sereno, contestó:

– No sería justo. Sabes que está en mi naturaleza hacer el mal. No puedes castigar a alguien que no puede cambiar.

– Pues tienes razón. En eso estamos de acuerdo: no creo que cambies nunca.

Y acto seguido, el posadero decidió dar muerte al diablo para que dejara de hacer el mal definitivamente, así que agarró una cuerda y le ahorcó.

Moraleja: ‘Las falsas excusas no te salvan de un aprieto’

Valores que se pueden trabajar con la fábula ‘El diablo y el posadero’

Utiliza esta fantástica fábula del ‘Diablo y el posadero’ para pensar en estos valores:

– El valor de la sinceridad.

– La necesidad de cambiar ciertos comportamientos.

– La responsabilidad de nuestros actos.

Reflexiones sobre esta fábula de Stevenson

Robert Louis Stevenson (1850-1894) fue un escritor y poeta escocés que también nos dejó alguna espléndida fábula como esta. Autor de la famosa ‘Isla del tesoro’ o del ‘Increíble caso del Dr Jekyll y Mr Hyde’, se mostró también muy duro en sus relatos cortos con moraleja, y establece una línea muy clara en cuanto a moral se refiere. En esta ocasión, nos recuerda la poca eficacia de las excusas que no pueden ‘tapar’ de ninguna forma una mala acción:

Reconoce la responsabilidad de tus actos: cuando obramos mal, debemos asumir las consecuencias y recapacitar sobre la responsabilidad de nuestros actos. No existen las excusas. Se hizo mal y punto. Ni tan siquiera la excusa que intentaba dar en este caso el diablo podía servir. El ser ‘malo’ por naturaleza no es ninguna excusa ni nos libra de las consecuencias.

No te excuses nunca en el típico ‘ yo es que soy así’: Puedes ser de determinada forma de ser, pero sabes perfectamente dónde está el límite y qué debes y qué no debes hacer. Nuestra naturaleza nunca será una excusa porque podemos y debemos manejarla para intentar hacer el menos daño posible a los demás.

Sé honesto y sincero: no intentes ‘escabullirte’ de tus responsabilidades mediante la mentira, porque al final la verdad siempre sale a la luz. Lo mejor es ser honesto y reconocer aquello que hicimos mal. Se puede cambiar. El ‘soy así por naturaleza’ no es ninguna buena excusa.

Otras fábulas y cuentos sobre la responsabilidad de nuestros actos

Si quieres, puedes profundizar algo más en el importante tema de cómo debemos asumir que nuestros actos tienen consecuencias no solo para nosotros, sino para todos los demás:

La mariposa azul: en tu mano está muchas veces la vida y el destino de otros. Tal vez te suene extraño, pero lo que tú haces repercute más de lo que imaginas en los demás. Con esta fábula te quedará más claro.

Los ratones y las comadrejas: esta fábula de Esopo también nos recuerda que debemos atender antes a nuestras responsabilidades que a nuestro ego o vanidad. Las consecuencias, de lo contrario, puede que no sean las esperadas.

El ratón y la rana: las burlas hacia otros no solo causan un mal en ellos. Por mucho que te sorprenda, también te estás haciendo mal a ti mismo.

El renacuajo paseador: ‘Quien a mal árbol se arrima…’ Ten cuidado con las amistades que escoges, porque pueden llevarte por mal camino y hacer que cometas imprudencias.

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