El perro y el trozo de carne. Fábula de Esopo para niños

‘El perro y el trozo de carne’ es una fábula de Esopo para niños, en donde nos advierten  del error y el riesgo que supone dejarnos llevar por la avaricia. Por su culpa, al intentar abarcar más, podemos llegar a perder lo que teníamos.

Podríamos utilizar un fantástico refrán español para resumir la moraleja de esta fábula: ‘Más vale pájaro en mano que ciento volando’. Y es que, a veces, ansiamos con demasiada facilidad otra cosa sin darnos cuenta de que, al intentar hacernos con ella, podemos perder lo que teníamos.

Fábula para educar a los niños en la prudencia: El perro y el trozo de carne

Había una vez un perro que andaba siempre vagabundeando. Comía siempre de los restos que las personas tiraban.

Un día, el perro se hizo con un buen trozo de carne, que alguien había tirado a la calle. El perro no podía creérselo… ¿quién tiraba un trozo de carne así? ¡Qué maravilla!

Así que ese día, el perro se fue tan contento hacia el bosque, para disfrutar de la jugosa comida en soledad.

Pero al llegar justo a la orilla de un río, se paró de golpe: ¡No podía ser verdad! En había otro trozo de carne, igual de grande y suculenta que la suya. Y pensó:

¡Menuda suerte la mía! ¡Dos trozos de carne en un día!

Así que, sin pensárselo más, soltó la carne y se tiró al agua a por el otro trozo.

La corriente del río se llevó su trozo de carne y el otro trozo, el que había visto desde desde la orilla… ¡ya no estaba! Resultó ser el reflejo de su propio trozo de carne.

Y así fue como el perro, ese día, no pudo comer.

Moraleja: Si ansías algo que no tienes y dejas lo tuyo por hacerte con ello, puede que te quedes sin nada.

Reflexiones sobre la fábula ‘El perro y el trozo de carne’ para los niños

Con esta fábula de Esopo trabajarás:

– La importancia de la prudencia y de pensar muy bien las cosas antes de lanzarse a la aventura a por algo.

No hay que dejarse engañar por lo que creemos ver. Antes, asegúrate de que no es ‘un reflejo’, una ilusión que se esfumará en un pestañeo.

– A veces nos dejamos llevar por nuestros impulsos sin pensar.

– No te dejes llevar por la emoción de la avaricia. Desear demasiado puede hacerte perder la razón.

Cuidado con los caprichos: puede que lo que queramos no sea lo mejor y lo que más nos conviene.

Es bueno aspirar a más, pero con cabeza, y sin perder nunca la referencia de los riesgos que suponen intentarlo. De lo contrario, podríamos perder todo lo que teníamos hasta el momento.

En la historia de esta fábula (atribuida a Esopo, aunque después fue reescrita por más fabulistas),  el protagonista es un perro un tanto ‘glotón’ que se deja guiar por su ansia y cae en el descuido de lanzarse a por el otro trozo de carne, sin pensar si era real o no.

Los impulsos ciegos a menudo nos hacen cometer un error. Es lo que sucede también, por ejemplo, con la ambición desmedida o con la codicia. O por qué no, también podemos trasladarlo a los caprichos. Puede que consigamos lo que queríamos pero… ¿realmente nos hacía falta y lo necesitábamos?

Lo mejor, antes de lanzarse de cabeza a apagar un deseo ardiente, es pensar qué beneficios me va a aportar y cuáles son los riesgos que estoy dispuesto a asumir, ¿no crees?

Sin duda, una fantástica fábula para reflexionar con nuestros hijos, aunque también puedes ayudarte de la historia para mejorar la comprensión lectora y atención de tu hijo. ¿Habrá entendido el mensaje de esta fábula? Compruébalo usando preguntas como estas:

  1. ¿Qué encontró el perro en la calle?
  2. ¿Qué vio el perro en el río?
  3. ¿Por qué decidió el perro saltar a por ese trozo de carne tirando el suyo?
  4. ¿Qué le sucedió al final al perro? ¿Consiguió dos trozos de carne?

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