El Principito y el bebedor. Cuento sobre las adicciones

Cuento y reflexiones sobre la infelicidad generada por los vicios

El Principito antes de llegar al desierto en donde se encontró con el aviador, viajó por numerosos planetas. En uno de ellos se encontró con un personaje que le produjo una gran melancolía. No te pierdas este relato breve de el Principito y el bebedor, ni las reflexiones sobre qué significa.

La historia del Principito y el bebedor

El Principito y el bebedor, un cuento sobre las adicciones

Después de visitar el planeta del vanidoso, el Principito llegó a un planeta pequeño habitado por un bebedor. Fue una visita muy breve, pero sumió al Principito en una profunda melancolía.

Al llegar al planeta, el Principito vio al hombre sentado y cabizbajo. Guardaba un profundo silencio y estaba rodeado por montones de botellas. Algunas vacías y otras llenas.

– ¿Qué haces aquí?- le preguntó entonces el Principito, a quien le encantaba hacer preguntas.

– Bebo- respondió el hombre encogiendo los hombros y con voz lúgubre.

– ¿Y por qué bebes?- insistió el Principito.

– Para olvidar.

– ¿Pero… para olvidar el qué?

– Para olvidar que tengo vergüenza?- confesó al fin el bebedor bajando más la cabeza. Pero el Principito no acababa de entender:

– ¿Y de qué tienes vergüenza?- preguntó.

– Vergüenza de beber- dijo al fin el bebedor, y terminó sumido en un gran silencio.

El Principito se alejó de allí perplejo y triste. Decididamente, los mayores eran muy complicados.

Reflexiones sobre el Principito y el bebedor

Tal vez a un niño le ocurra como al Principito y no termine de entender al hombre bebedor. Se preguntará ¿pero por qué bebe? ¡Sigo sin entenderlo! Bien, esta es la explicación… de los mayores:

Los vicios crean dependencia: la bebida, los videojuegos o incluso el móvil. Hay cientos de vicios que nos atrapan sin que nos demos cuenta y nos llevan a un círculo vicioso del que es difícil salir. Es como una rueda. Necesitas eso en concreto porque si no lo tienes sientes que lo necesitas. Porque creó en ti una dependencia tal que llegas a pensar que forma parte de tu existencia. El bebedor tenía un vicio. Un día bebió y sintió la necesidad de beber más y más. Hasta que de pronto sintió vergüenza por beber tanto, y necesitaba algo que le hiciera olvidar esa vergüenza. Ese algo era la bebida. Así que nunca podía salir de ese círculo vicioso. Así se generan las adicciones.

Qué generan esas adicciones

El vacío que intentamos llenar de forma superficial: los niños tal vez se pregunten… ¿pero qué es un vicio? cuando nos sentimos solos, enojados, ignorados… cuando sentimos dolor o tristeza. Cuando una emoción negativa nos invade, intentamos deshacernos de ella. En lugar de intentar llenar nuestro interior con otras emociones que apaguen las negativas (algo que nos genere felicidad, amor, alegría), recurrimos muchas veces a objetos materiales que en un primer momento actúan de forma más rápida y nos ayudan a ‘no sentir’ esa emoción negativa. Sin embargo, son objetos o antídotos pasajeros. Camuflan por un instante la emoción negativa pero ésta sigue ahí, latente. En el momento en el que no usamos aquello que elegimos, vuelve a aparecer y nos vemos obligados a recurrir de nuevo a aquello que funcionó durante unos minutos… Y así una vez y otra… Nos damos cuenta de que no es la solución, pero sentimos que necesitamos ese ‘antídoto’ porque si no caemos en una profunda tristeza.

La solución está en aceptar nuestras limitaciones

No se puede olvidar: El bebedor bebía porque necesitaba olvidar que sentía vergüenza por beber. Pero la realidad es que no podemos olvidar. Sí perdonar. Y sí asumir y seguir adelante. La única forma que tendría el bebedor de salir de su vicio con la bebida y de su círculo vicioso sería perdonarse a sí mismo y buscar otras formas de contrarrestar su vergüenza. Algo que le ayudara a mejorar su autoestima y a quererse más, a pesar de sus defectos.

La importancia de quererse y aceptarse: el bebedor solo tenía una puerta de escape a su situación. Tenía que empezar a quererse y a valorarse para no sentir vergüenza y poder huir de la bebida. La falta de autoestima es muy peligrosa, ya que nos invita a depender de otros, a seguir a otros, a sentirnos despreciables e insignificantes.

Otras preciosas historias del Principito que pueden gustarte

El Principito es un auténtico manual de filosofía para todas las edades. Descubre sus historias. Aquí tienes algunas:

El Principito y el vanidoso: el vanidoso es aquel que piensa que todos le admiran. Al final, termina quedándose solo. ¿Sabes por qué? No te pierdas la conversación entre el Principito y el vanidoso.

El Principito y el rey: ¿por qué se empeñan los mayores en mostrar tanta autoridad para aparentar? Esta historia, que resulta hasta cómica, nos ayuda a reflexionar sobre la autoridad injustificada.

El Principito y la rosa: No es lo mismo amar que querer. Amar implica sacrificio y a veces dolor. El Principito nos lo explica aquí muy bien.

El Principito y los baobabs: todos tenemos miedos. Algunos son pequeños, pero otros crecen con sus largas raíces como los baobabs. Por eso hay que arrancarlos en cuanto nacen. Preciosa metáfora, sin duda.

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