El principito y el hombre de negocios. Un cuento repleto de reflexiones

Un cuento sobre la pérdida de tiempo con cosas poco importantes y el concepto de poseer

Con la historia del Principito y el hombre de negocios podrás reflexionar sobre todo ese tiempo que invertimos en cosas sin sentido, aunque nos parezcan serias y necesarias. También nos hará pensar en el concepto de ‘poseer’ cosas que no se pueden poseer. Lee este interesante capítulo XIII del Principito y no olvides las reflexiones del final.

Una historia del Principito que te hará pensar en el tiempo perdido: El principito y el hombre de negocios

El principito y el hombre de negocios, un cuento sobre el concepto de posesión

El principito llegó a un cuarto planeta habitado por un hombre de negocios. El hombre estaba sentado frente a una mesa y no levantaba la cabeza de sus papeles, mientras iba apuntando con insistencia números y más números.

– Buenos días- dijo el principito- Su cigarrillo está acabado.

– Tres y dos son cinco, cinco y siete doce. Doce y tres, quince. Quince y siete, veintidós. Veintidós y siete, veintiocho. No tengo tiempo para encenderlo. Veintiséis y cinco, treinta y uno… ¡Uff! Da un total de… quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno.

– ¿Quinientos millones de qué?- preguntó con curiosidad el principito.

– ¿Pero sigues ahí? Quinientos millones de… ¡Ya no sé! ¡Tengo tanto trabajo! Yo soy serio, no me divierto con tonterías.

Y el hombre de negocios comenzó a contar de nuevo.

El principito, que nunca se daba por vencido ante una pregunta, insistió:

– ¿Quinientos millones de qué?

Qué estaba contando el hombre de negocios

El hombre de negocios al fin levantó la cabeza.

– En los cincuenta y cuatro años que llevo en este planeta, solo he sido interrumpido tres veces. La primera vez, por una mosca que me hizo perder la concentración con su molesto zumbido… cometí cuatro errores en la suma; la segunda vez, por un ataque de reumatismo. No tengo tiempo para hacer ejercicio… Tú eres la tercera vez. Así que quinientos millones…

– ¿Quinientos millones de qué?- insistió el principito.

El hombre, cansado de la pregunta, al fin respondió:

– Yo que sé…de esas cositas del cielo.

– ¿Moscas?

– No, de esas que brillan.

– ¿Abejas?

– No. De esas que hacen perder el tiempo a los soñadores. A mí no, porque soy un hombre serio…

– ¡Ah! ¡Estrellas! ¿Y qué haces tú con quinientos millones de estrellas?

– Quinientos un millones seiscientos veintidós mil setecientos treinta y uno. Yo soy serio. Soy preciso.

– ¿Pero, qué haces con ellas?

Qué hace el hombre de negocios con las estrellas

– Pues nada. Las poseo.

– ¿Posees las estrellas?

– Sí.

– Pero he visto un rey que…

Los reyes reinan, no poseen. Es distinto.

– ¿Y para qué te sirve poseer estrellas?

Para ser rico.

– ¿Y para qué te sirve ser rico?

– Pues para comprar otras estrellas si alguien las encuentra.

Al principito le pareció entonces que el hombre de negocios a veces razonaba como el ebrio

– ¿Y cómo se pueden poseer estrellas?

– ¿Y de quién son?- preguntó entonces el hombre de negocios- No son de nadie, así que yo las encuentro y las poseo. Cuando encuentras algo que no es de nadie, te l quedas, es tuyo. Eso hago yo con las estrellas.

– Es verdad- asintió el principito- ¿Pero qué haces con todas las estrellas?

– Las cuento y administro. Es difícil, pero soy un hombre serio.

Pero el principito seguía sin entender bien.

– Yo si tengo un pañuelo, lo puedo llevar conmigo a todas partes. Y si corto una flor, la llevo conmigo. Pero tú no puedes cortar las estrellas ni llevarlas a ningún sitio…

– Pero puedo depositarlas en un banco.

– ¿Cómo?

– Escribo en un papel el número de estrellas y lo meto en una caja fuerte.

– ¿Y es todo?

– Es suficiente.

Al principito le pareció hasta poético. Pero no era serio. Él pensaba en otras cosas más serias.

– Yo tengo en mi planeta una rosa que riego y tres volcanes que deshollino cada semana. Yo les poseo porque les cuido y ellos me necesitan. Pero no creo que tú hagas ningún bien a las estrellas ni ellas te necesiten a ti.

El hombre de negocios iba a contestar, pero no encontró las palabras… Y el principito se fue de aquel planeta.

Reflexiones sobre la historia del Principito y el hombre de negocios

Este impactante diálogo entre el principito y un hombre que solo piensa en los números y en poseer cosas que no pueden poseerse es muy útil para hablar de todos estos temas:

El concepto de ‘poseer’: en realidad se posee algo que puede ser práctico, que te aporta algo y a lo que tú también aportas algo. Es una relación recíproca. Posees un coche al que cuidas y mantienes y él a cambio te lleva a todas partes… o posees un perfume que tú llevas contigo a todas partes y que te proporciona un agradable aroma. Pero hay cosas que no se pueden poseer, que no son de nadie, que son libres. El mar, las estrellas… la Naturaleza en sí no se puede poseer. Tampoco las personas. Aunque con ellas sí se puede establecer una relación recíproca de cariño o de amor. Este tema aparece en otros capítulos del principito, como en el del Principito y la rosa o en el del Principito y el zorro.

El tiempo que desperdiciamos en cosas sin importancia: es curioso que el hombre de negocios se creyera una persona seria cuando en realidad estaba perdiendo el tiempo en cosas sin importancia. ¿Le resulta de utilidad conocer el número de estrellas que hay en el cielo? ¿Y pensar además que las posee? Su vida, que gira en torno a una mentira creada por él mismo, es tan lamentable, piensa el principito, como la del ebrio que conoció en otro planeta. Ambos viven encerrados en un círculo vicioso que no les ofrece nada positivo. Cuando gastamos nuestro tiempo en cosas que no nos aportan nada, estamos, como el hombre de negocios, sentados ante una mesa y contando estrellas.

Qué es ‘ser serio’: el hombre de negocios repite constantemente que es una persona seria. Sin embargo, al principito le parece que es todo lo contrario. Para él, ser serio significa emplear tu tiempo en cosas que realmente te pueden llenar y ser útiles, al tiempo que tú también lo eres para otros. En este caso, el concepto de ‘persona seria’ es muy diferente. No consiste en ser muy inteligente y saber contar hasta tres trillones y medio, sino más bien en ser útil y encontrar en nuestro camino cosas que nos sean útiles. Consiste en no gastar el tiempo en cosas que no nos aportan nada. Y consiste, sí, en ser capaz de vivir cada minuto de tu vida aprovechándolo al máximo, sin desperdiciar ni un segundo.

Otros preciosos capítulos del Principito

El libro del Principito, de Antoine de Saint-Exupéry está lleno de hermosas reflexiones. Aquí encontrarás algunas:

El Principito y el vanidoso: ¿quieres saber cómo se comporta un vanidoso? Y sobre todo… ¿por qué está solo? No te pierdas esta interesante visita del principito al planeta del vanidoso.

El Principito y el rey: a veces intentamos mandar cuando mandar no tiene sentido. Gran historia para hablar de autoridad con los niños.

El Principito y los baobabs: descubre por qué el principito se ve obligado a arrancar los baobabs que nacen en su planeta. ¡Te sorprenderá!

El Principito y el dibujo del elefante y el cordero: para ver la realidad necesitamos usar los ojos de los niños, que se acercan más al pensamiento abstracto. Un precioso cuento que nos hará pensar en la necesidad de ser ‘menos adultos’.

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