El señor que amaba los dragones. Fábula china sobre las ilusiones

Una fábula corta sobre cómo nos engaña nuestra fantasía

A veces creemos querer algo que imaginamos, pero es una quimera muy diferente a la realidad. ‘El señor que amaba a los dragones’ nos recuerda que para amar algo debemos conocerlo antes. El resto, es solo una ilusión fantasiosa. No te pierdas esta fantástica fábula china corta escrita por Shen Zi.

Una fábula sobre cómo nos engaña la fantasía: El señor que amaba los dragones

El hombre que amaba a los dragones, una fábula china sobre las ilusiones

Existió una vez en la China un hombre al que le encantaban los dragones. Se llamaba Ye y a todos les hablaba de las maravillas de estos seres extraordinarios. En su casa, tenía imágenes de dragones por todas partes y hasta su vajilla tenía el dibujo impreso de diferentes dragones.

Un día, un dragón se hizo eco de esta gran pasión del señor Ye. Decidió darle una sorpresa y una noche llegó volando hasta su casa. Metió la cabeza por la ventana y la cola por la puerta, porque era tan grande que no podía entrar en la vivienda.

Cuando el señor Ye se despertó y vio los enormes ojos del dragón observando dentro de su casa, se asustó tanto que salió corriendo, muerto de miedo, y nunca más volvió. Lo que demuestra que al señor Ye tampoco le gustaban tanto los dragones.

Moraleja: ‘Una cosa es lo que se imagina y otra distinta la realidad. Los sueños engañan a la razón’.

Qué puedes trabajar con esta fábula de El señor que amaba los dragones

Esta fábula corta nos ayuda a reflexionar sobre:

– No se puede querer algo que no se conoce.

– La necesidad de desprenderse de las falsas ilusiones.

Reflexiones sobre esta fábula corta para niños y mayores

Esta fábula corta de Shen Zi nos dice que muchas veces nos dejamos llevar por nuestras fantasías y terminando creyendo de verdad cosas que han nacido de nuestra imaginación. Cuidado con borrar ese límite que separa la realidad con la ficción:

Aprender a saber qué amamos de verdad: el límite entre realidad y deseo fantasioso a veces es tan fino que no somos capaces de separar realidad de ficción. Por eso, a menudo creemos querer algo que luego nos decepciona al tenerlo. Para querer algo hay que conocerlo bien. Puedes decir que ‘me encanta el chocolate’ porque lo has probado muchas veces y te gusta. Pero no puedes decir ‘me encanta el wasabi’ sin haberlo probado nunca, solo porque imaginas que debe estar delicioso. Lo mismo pasa con las personas. Muchas veces nos enamoramos ‘platónicamente’ de alguien a quien en realidad no conocemos. Luego llega la decepción, cuando la realidad se muestra tal y como es y destruye los ideales. Solo se puede amar lo que conocemos. Lo demás es deseo fruto de nuestra fantasía.

El miedo a la realidad: el señor Ye salió corriendo en cuanto la realidad de un dragón verdadero se presento frente a él. Sus sueños se esfumaron. La realidad le daba mucho miedo. Tal vez huir de la realidad no es lo mejor, pero la prudencia en esta ocasión le indicó que debía salir de allí. Sí, es bueno enfrentarse a los miedos, pero siempre y cuando sintamos que estamos preparados para hacerlo.

Otras fascinantes fábulas chinas para reflexionar

Las fábulas chinas se caracterizan por ser muy cortas y encerrar sin embargo una profunda reflexión entre sus líneas. Aquí tienes alguna más para reflexionar sobre diferentes aspectos importantes:

El hombre que no vio a nadie: esta fantástica fábula de Lie Zi nos recuerda el asombroso poder que tiene la codicia para cegarnos. Ante la avaricia, parece como sino pudiéramos ver nada más.

El pintor: la realidad que vemos ¿es la misma para todos? Teniendo en cuenta de que antes pasa por el filtro de nuestros sentidos… tal vez esté ‘personalizada’. Una fábula más indicada para niños más mayores y para adultos.

El platanero talado: quien miente, suele hacerlo por un fin concreto. Cuidado con los que ofrecen consejos ‘sospechosos’ de esconder un deseo oculto.

El obsequio de las palomas: a veces creemos hacer bien a alguien y sin embargo estamos empeorando su situación. Tal vez por falta de empatía. No te pierdas esta fantástica fábula.

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