El verdugo. Relato de terror psicológico para adolescentes y adultos de Balzac

Un sobrecogedor y angustioso relato de Honoré de Balzac

‘El verdugo’ es un relato del escritor francés Honoré de Balzac (1799-1850). En esta ocasión, se trata de un angustioso relato de terror psicológico para adolescentes y adultos, ambientado en un pueblo español, y con un oficial francés como protagonista. Descubre qué extraños hechos sucedieron en este enigmático pueblo. Este encontrarás una versión del relato de Balzac.

Un relato de terror psicológico para adolescentes de Honoré de Balzac: ‘El verdugo’

El verdugo, un relato d eterror psicológico para adolescentes y adultos de Honoré de Balzac

Eran las doce de la noche, y el oficial contemplaba en soledad el cielo desde un jardín alejado del castillo de Menda. La noche era clara y tranquila, calurosa y embriagadora. El oficial escuchaba el bullicio del pueblo en la lejanía: la música del baile, las risas de las mujeres… mezclándose a su vez con el murmullo de las olas, ya que el mar estaba cerca.

El castillo de Menda, que podía ver desde allí, pertenecía a un grande de España, que vivía allí en ese momento con su familia. Precisamente la hija mayor no paró de mirarle, durante todo el día. Le miraba con cierta compasión no exenta de melancolía. Y él ahora no podía dejar de pensar en ello. ¿Sería por ser un oficial francés? ¿Sería por amor?

Víctor Marchand, que así se llamaba el oficial francés, pensaba en la muchacha en aquel solitario jardín. Ella heredaría una gran fortuna. Y él era solo el hijo de un tendero de París. No tenía ninguna posibilidad. Eso sin contar con lo que los españoles odiaban entonces a los franceses De hecho, él mismo escuchó que planeaban un alzamiento contra ellos. Por eso su batallón estaba ahora en el pueblo de Menda. Pensaban que ingleses y españoles estaban a punto de desembarcar allí para unirse contra los franceses.

La alarma de las luces que no se apagan

El oficial recordó que a pesar de celebrar el pueblo la fiesta de Santiago, había ordenado que apagaran las luces a partir de las doce de la noche. Sin embargo, desde allí podía ver con claridad el pueblo iluminado.

– ¿Cómo?- dijo entre dientes el oficial francés- ¡Si di orden a mis hombres para que vigilaran que se cumplía esta norma!

Entonces decidió bajar él mismo para hablar con sus soldados. Pero a mitad de camino, al pasar por la playa, escuchó un ruido.

– Parece el sonido del caminar sobre la arena de una mujer- pensó.

Pero buscó alguna sombra con la mirada y no encontró nada. Solo un mar plateado y resplandeciente bajo la luz de la luna. Pero algo le llamó de pronto la atención: el mar resplandecía cada vez más. Al fondo, le pareció ver las luces de unas velas de barcos. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. No sabía si eran sus ojos, traicionados por el juego de la luz de la luna sobre la espuma de las olas, o velas reales que parpadeaban en la lejanía.

En ese momento, se dio cuenta de que alguien se acercaba a él: era el soldado que le había servido ese día de escolta.

– Mi comandante, ¿puedo hacer una observación? -le dijo.

– Sí, adelante- respondió Víctor.

– He seguido a un hombre con una linterna. Salía del castillo y me llevó hasta la playa. Muy cerca de aquí han formado una buena pila de leños.

En ese instante sonó un disparo. El joven soldado cayó muerto y el oficial vio a lo lejos la pila de leños a los que se refería. De nuevo un grito, el cese del baile en el pueblo. Un estruendo de morteros y más gritos.

El oficial pensó que era el fin. Sus hombres caían bajo el fuego enemigo. Y él sería apresado y ajusticiado después de llevarlo a un Consejo de guerra.

La ayuda de Clara y la venganza de los franceses

Víctor no sabía dónde ir, y en eso estaba cuando de pronto alguien le agarró de la mano: era Clara, la hija mayor de los Marqueses del castillo de Menda.

– ¡Huid! ¡Mis hermanos vienen para matarte! ¡Debes correr hacia allá! Al otro lado del parque te espera un caballo- dijo Clara, señalando hacia un lugar próximo.

Él se quedó sorprendido, y obedeció, guiado por su instinto. Víctor corrió con todas sus fuerzas, escuchó difusa la voz de Clara intentando detener a sus hermanos; escuchó el sonido de las carreras de los jóvenes, el silbido de los disparos. Y al final logró llegar hasta donde estaba el caballo que Clara le había reservado. Subió sin pensar y salió al galope hacia el cuartel de los franceses. Al llegar, se entregó, avergonzado:

– Vengo a entregar mi cabeza- dijo- Huí del pueblo ante el ataque de los españoles.

– Yo no tengo nada que reprocharte- le dijo el general francés- Entiendo tu huía ante la ferocidad de los españoles. Otra cosa será lo que piense el emperador. Tal vez quiera fusilarte.

Sin embargo, se le ocurrió al general ofrecer al emperador una venganza ejemplar. Se armaron y unieron en un enorme ejército y, llenos de ira, los franceses se encaminaron al pueblo de Menda para recuperarlo.

Al llegar, no tuvieron que hacer frente a mucha resistencia. Resulta que los barcos ingleses que el oficial vio a lo lejos no habían avanzado, y el número de soldados franceses era muy superior al de españoles.

Los españoles se rindieron, ofreciendo el nombre de los que habían organizado el alzamiento para que no quemaran y saquearan las casas.

– De acuerdo- dijo el general francés- pero nos quedaremos también con el castillo de Menda y ajusticiaremos a todos sus inquilinos.

Ese fue el trato.

Los marqueses del castillo de Menda

Los franceses apresaron y ataron a todos los que vivían en el castillo, y fueron conducidos a los calabozos. El general ordenó levantar varias horcas, con la intención de ejecutarlos de inmediato.

El oficial francés acudió a hablar con ellos, e hizo de mensajero ante el general francés:

– Señor, si me lo permite… He hablado con los Marqueses de Leganés. Piden que solo sean ejecutados los nobles y suelten a los sirvientes… Y ofrece toda su fortuna si libera a su hijo mayor.

– ¿Toda su fortuna dices? Bueno, no es mal trato… Pero creo que debemos dar ejemplo ante todos de nuestro poder y que esto sirva como escarmiento… Solo liberaré al hijo que les haga de verdugo.

Con estas palabras, el joven oficial acudió de nuevo a donde estaban los prisioneros: los padres con sus tres hijos varones y sus dos hijas, y los sirvientes, todos ellos maniatados y con el semblante mudo de terror. El joven se acercó a Clara y ella le preguntó:

– ¿Tuviste éxito?

El oficial francés comenzó a llorar. No soportaba ver los rostros pálidos de todos ellos: el hijo mayor, Juan, tendría 30 años. El segundo, Felipe, unos veinte. El tercer hijo era solo un niño de 8 años.

Clara le miraba compasiva, con sus oscuros y hermosos ojos rodeados de curvadas y largas pestañas. Al oír cuál era la propuesta del general, se levantó y les contó al resto lo que debían hacer. Así, dirigiéndose a su padre, le dijo:

– Padre, explícale a Juanito lo que debe hacer, y que lo haga.

El verdugo de la familia de Leganés

Primero fueron ahorcados los criados. Entonces, Juanito se levantó colérico.

– ¡No voy a hacerlo! ¡No puedo hacerlo!

Clara le rodeó el cuello con dulzura y le dijo:

– Juan, prefiero morir en tus manos que en las de un verdugo desconocido, y saber que nuestra familia va a continuar su estirpe…

– No, Clara, no lo haré-gritó su hermano desesperado.

Entonces, el padre del muchacho se arrodilló ante él, seguido por el resto de familia:

– Por favor, hijo, haz lo que te ordeno: si accedes a ser nuestro verdugo, nuestra familia podrá continuar con su linaje.

Todos lloraban y contenían su miedo y dolor. Y Víctor, ante esa escena, salió corriendo en busca del general francés, en un último y desesperado intento por conseguir su piedad.

Llegó la hora, y cientos de nobles del pueblo acudieron a presenciar la ejecución. Salió la familia de Leganés del castillo. Juanito se apoyaba, pálido, sobre el brazo de un capellán.

– Hermano, deja que sea yo la primera- le dijo Clara- quiero acabar pronto.

En ese momento llegó el oficial francés y le dijo en voz baja a Clara:

– Hablé con el general. Te perdona la vida si aceptas casarte conmigo.

La muchacha le miró con desprecio y dijo:

-Venga, Juanito, hazlo ya.

El hijo mayor de los marqueses fue ajusticiando a cada uno de sus hermanos. Después a su padre. Cuando le tocó el turno a su madre, gritó:

– ¡No puedo hacerlo. Ella medio la vida!

Todos enmudecieron. La mujer, consciente de la debilidad de su hijo, se tiró entonces contra unas rocas, causándole la muerte a sí misma, con el deseo de libra a su hijo de aquella tortura.

Juan, Marqués de Leganés, apodado desde entonces ‘El verdugo’, se retiró a vivir en soledad lejos de todo bullicio, arrepentido por sus actos, deseando reunirse con toda su familia cuanto antes. Tuvo, eso sí, dos hijos, antes de morir, para cumplir así con su palabra de perpetuar la familia.

Reflexiones sobre el cuento El verdugo, de Honoré de Balzac

El escritor francés fue uno de los máximos representantes de la novela realista. Las descripciones son minuciosas, y su forma de narrar la angustia de la familia ejecutada, dista mucho del terror que podemos apreciar en escritores románticos o más modernistas. Sin embargo, el terror aquí se centra en el sentimiento de desesperación, dolor e impotencia del verdugo, obligado a matar a toda su familia para sobrevivir:

El odio de vencedores y vencidos: En las guerras no hay distinciones. Unos y otros son víctimas y verdugos. Primero unos y luego otros. En ambos bandos se respira odio y sed de venganza. Solo el amor es capaz de conmover el corazón de un soldado, como ocurre cuando Víctor se enamora de Clara. Pero el orgullo de ella se torna en desprecio hacia él.

La angustia del verdugo: ¿Puede haber algo más terrible que tener que matar a los que quieres para poder vivir? La supervivencia de Juanito le entrega un cáliz lleno de amargura y dolor. Puede vivir, pero siempre y cuando acabe con toda su familia. El remordimiento llegará después para condenarle en vida a un destierro permanente y un dolor perpetuo. Nadie puede cargar con una pena así sin vagar muerto en vida.

Otros relatos de terror psicológico para adolescentes y adultos

Transmitir la angustia del protagonista es el objetivo de los relatos de terror psicológico. Aquí tienes algunos ejemplos:

El corazón delator: Sin duda, Edgar Allan Poe es el maestro indiscutible del terror gótico y más angustioso. En esta ocasión, nos invita a meternos en la mente de un asesino psicópata que sufre por culpa de una obsesión.

El gato negro: Otro ejemplo de terror psicológico de la mano de Allan Poe. Esta vez, el protagonista de todas las torturas y angustias del personaje principal es un gato negro.

La aparición de Mrs Veal: La vida tras la muerte es otro de los campos explorados por las historias de terror. En esta ocasión, el relato es del gran Daniel Defoe.

La declaración de Randolph Carter: Lovecraft es otro de los indiscutibles maestros del terror, aunque su camino va paralelo a a los relatos de Ciencia Ficción. Disfruta con este cuento terrorífico ambientado en un cementerio.

La sombra: La angustia de ser despojado de la identidad traspasa todos los límites del terror psicológico. ¿Te atreves a leer esta historia de Hans Christian Andersen?

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