La casa del bosque. Cuento de los hermanos Grimm

Un cuento para niños sobre la bondad y la generosidad

Los hermanos Grimm escribieron muchísimos cuentos repletos de valores, como este: ‘La casa del bosque’, un hermoso cuento que nos habla de bondad y generosidad, no solo hacia la personas sino también hacia los animales. Descubre con tu hijo este maravilloso cuento y no dejes de leer las reflexiones finales.

Un cuento sobre bondad y generosidad: ‘La casa del bosque’

La casa del bosque, un cuento de los hermanos Grimm sobre la bondad y la generosidad

Un leñador humilde y trabajador vivía en una pequeña cabaña junto al bosque con su mujer y sus tres hijas. Un día, le dijo a su mujer:

– Quiero trabajar sin descanso todo el día. Manda a nuestra hija mayor con comida al bosque y así no perderé tiempo. Echaré por el camino semillas de mijo para que pueda seguirlas y no se pierda.

El hombre partió, pero al cabo de un rato, los pájaros se comieron las semillas, y cuando la chica fue a buscar con la comida a su padre, se perdió. Se hizo tarde y llegó la noche, y vio a lo lejos, en medio del bosque, una pequeña cabaña con una luz encendida. Así que decidió pedir alojamiento allí hasta el día siguiente. Llamó a la puerta y escuchó una voz ronca:

– ¡Pasa!

La muchacha se encontró entonces con un anciano sentado ante una mesa. Tenía una larga barba blanca y tras él, junto a la chimenea, había tres animales: un gallo, una gallina y una vaca pinta.

El anciano y los tres animales de la casa del bosque

– Por favor, me he perdido en el bosque. ¿Podría quedarme aquí hasta mañana?

El anciano se giró hacia sus animales y les preguntó:

– Vaca rumiadora, gallo cantarín, gallina ponedora, ¿queréis que duerma aquí?

Y los animales contestaron:

– Muuu, kikirikii, cococoooo… (que significaba que sí).

– Bien- dijo entonces el anciano- Puedes ir a la cocina a preparar algo de comida.

La chica preparó una rica sopa pero no pensó para nada en los animales. Después de que el anciano y ella cenaran, preguntó:

– Estoy muy cansada, ¿puedo irme a dormir?

Y el anciano preguntó a los animales, pero éstos contestaron en su idioma:

– ¿Pensaste en nosotros al ponerte a cenar? ¡Tú verás ahora dónde dormirás!

El anciano le dijo:

– Sube y encontrarás dos camas. Prepáralas y podrás dormir en una de ellas.

Pero la chica estaba cansada, así que subió, solo hizo su cama y se echó a dormir. El anciano, cuando subió, alzó a la muchacha, abrió una trampilla en el suelo del sótano y la encerró allí.

Lo que le ocurrió a la hija mediana

Por su parte, el leñador regresó extrañado a su casa ya entrada la noche.

– ¿Por qué no mandaste a nuestra hija con la comida? ¡He pasado mucho hambre!

– ¡La mandé! ¡Se habrá perdido! Oh… espero que sepa regresar…

Al día siguiente, el leñador pidió a su mujer que enviara a su hija mediana.

– Dejaré caer lentejas, que son más grandes y se verán mejor…

Pero los pájaros volvieron a comerse lo que el hombre echaba al suelo, y la hija mediana corrió la misma suerte que su hermana mayor. También llegó a la casa del anciano, y le sucedió exactamente lo mismo que a su hermana. Al preparar la cena, no pensó en los animales, y al irse a la cama, tampoco pensó en el anciano. Así que también terminó encerrada en el sótano.

Qué sucedió con la hija pequeña

Y quedaba tan solo la hija pequeña. Su madre no quería dejarla partir, porque tenía miedo de que le pasara lo mismo que a sus hermanas.

– Madre, no me perderé, y si me pierdo, sabré regresar, no te preocupes- le dijo a modo de consuelo mientras partía hacia el bosque con la comida de su padre y buscaba las habas que él había echado a la tierra.

Sin embargo, las palomas se las habían comido, y también se perdió. Al anochecer, vio la casa a donde habían ido también sus hermanas, y al entrar, se fijó en el anciano y en los tres animales. Al pedir alojamiento, el anciano preguntó:

– Vaca rumiadora, gallo cantarín, gallina ponedora, ¿queréis que duerma aquí?

Y los animales contestaron:

– Muuu, kikirikii, cococoooo… (que significaba que sí).

Y la chica se puso tan contenta que fue enseguida a acariciar a los animales. Después, el anciano le dijo que si podía preparar algo de cena y ella dijo:

– De acuerdo, pero antes de cenar yo, daré de comer a los animales, y después podremos cenar nosotros.

Así que preparó la cena para que pudiera comer el anciano y a los animales les ofreció heno y agua en abundancia. Después se tomó lo que había dejado el anciano.

– ¿Puedo ir a descansar ya?- preguntó entonces la chica.

– Claro. Arriba encontrarás dos camas. Puedes prepararlas y dormir en una de ellas.

La chica subió y efectivamente vio las dos camas. Las preparó con delicadeza, prestando especial atención a la del anciano, y después se echó en la suya a dormir.

A mitad de la noche escuchó un ruido tremendo, y golpes de las puertas. ¡Hasta creyó que las paredes se movían! Pero se dijo para sí que sería un sueño, así que siguió durmiendo.

Lo que ocultaba la misteriosa casa del bosque

La sorpresa llegó a la mañana siguiente, cuando abrió los ojos y vio que su habitación se había convertido en una lujosa sala, su cama en una bella cama con dosel y alabastros de marfil, y sus vestidos viejos en un precioso y caro camisón. ¡Estaba en un palacio!

Entonces llegaron tres jóvenes criados junto a ella, y al mirar hacia la cama del anciano, vio que en realidad dormía allí un apuesto joven que empezó entonces a desperezarse.

– ¡Conseguiste romper el hechizo!- dijo entusiasmado-. En realidad soy un príncipe. He estado hechizado por una horrible bruja. Me transformó en un anciano y a mis tres criados en animales. El hechizo se rompería cuando una joven fuera capaz de ser más generosa conmigo y con mis animales que consigo misma.

El joven mandó llamar a los padres de la muchacha para pedirles su mano en matrimonio. Y pronto se celebró la boda. Y las hermanas, por su parte, salieron del sótano, sí, pero fueron obligadas a servir de criadas hasta que aprendieran a pensar más en los demás.

Valores que puedes trabajar con este cuento de los hermanos Grimm

Con este precioso cuento podrás trabajar todos estos valores:

– El valor de la bondad.

– La generosidad.

– El valor de la empatía.

La humildad.

Reflexiones sobre el cuento ‘La casa del bosque’ para niños

La bondad hace que seamos menos egoístas y pensemos más en los demás, tal y como demuestra la protagonista de este fantástico cuento de ‘La casa del bosque’:

La bondad implica pensar más en los demás: cuando estamos cansados o hambrientos, lo más normal es que pensemos antes en nosotros mismos. Sin embargo, la generosidad hace que incluso en momentos de necesidad pensemos antes en la necesidad de otros. Solo un corazón bondadoso es capaz de sacrificarse por otros.

La empatía también ayuda a pensar en los otros: la hija pequeña se dio cuenta de que tanto el anciano como los animales también estarían hambrientos. Y sintió la necesidad de ayudarles. Esto es en sí el valor de la empatía, esa capacidad de ponernos en el lugar del otro para darnos cuenta de qué necesitan y cómo podemos ayudarles.

Los actos bondadosos son recompensados: aunque no siempre la bondad recibe la recompensa que se merece, lo más normal es que un acto bondadoso sea pagado de alguna manera. En este caso, la joven conoció a un príncipe que le ofreció la posibilidad de salir de la pobreza.

Los valores se aprenden: las hermanas de la joven no eran tan generosas, no habían aprendido aún este valor. Por eso, su ‘castigo’ no fue cruel, sino que consistió en enviarlas a un lugar en donde pudieran aprender mediante la humildad y el trabajo a pensar más en los otros.

Algunas preguntas de comprensión lectora sobre este cuento

Puedes utilizar este cuento de ‘La casa del bosque’ para ayudar a tu hijo a mejorar su atención y comprensión lectora. Bastará con hacerle unas preguntas sobre el texto que acabáis de leer:

1. ¿Qué echó el leñador en el camino el primer día para que no se perdiera su hija mayor?

2. ¿Qué le pasó a su hija?

3. La hija mediana también salió en busca de su padre. ¿Qué le pasó?

4. ¿Por qué estaban los animales más contentos con la hija menor?

5. ¿Quién era el anciano en realidad? ¿Y los animales?

Más cuentos sobre la generosidad para los niños

Habla de la bondad y la generosidad con tu hijo con ayuda de estos otros relatos:

El agua del desierto: a pesar de tener muy poco agua, el protagonista de este precioso cuento árabe decide atravesar el desierto para que el sultán pueda probarla. Un acto, sin duda, muy generoso por su parte.

El sultán y la palmera: ser generoso no implica solo el presente, sino también el futuro…

El ganso de oro: la mayor de las habilidades se queda pequeña frente a un corazón bondadoso. ¡Eso sí que es un tesoro!

La mariposa y las abejas: dar lo que nos sobra es fácil, pero compartir lo que necesitamos… eso sí es más propio de un corazón muy bondadoso y generoso. Descúbrelo con esta fábula.

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