La historia de los 22 bandidos. Cuento de miedo para niños mayores

Una historia de miedo para niños a partir de 11 años

‘La historia de los 22 bandidos’ es un cuento de miedo para niños mayores, aproximadamente a partir de 11 o 12 años. Se trata de un cuento corto de Daniel Defoe, quien además del famosos Robinson Crusoe, también escribió relatos de miedo, aunque con cierta ironía y humor en su forma de narrarlos. Aquí tienes esta extraña historia llena de misterio para niños mayores y adolescentes.

Un cuento de miedo para niños mayores: La historia de los 22 bandidos

Cuento de miedo para adolescentes

Un terrateniente muy rico se encontró de pronto de salud más débil, y decidió cambiar su veraneo de costumbre para salir unos días a un balneario, bajo recomendación de su médico.

El hombre nunca dejaba su mansión sola tanto tiempo, y la verdad es que tenía sus dudas, pero al final, pudo más el consejo médico, y dispuso todo para irse, dejando al cuidado de su mansión repleta de objetos de lujo a su mayordomo, un criado y el capellán de la aldea, con quien habló largo y tendido.

– Verá, padre, dejaré al cuidado de mi casa al mayordomo y un criado, pero le otorgo a usted el poder de decisión, y si hay que gastar algo de dinero para proteger más la vivienda, será usted quien decida. Ya hablé con el mayordomo y mi criado para explicarles que deben consultar con usted. Le pagaré, claro está, por este trabajo.

– No se preocupe usted y vaya a curar la salud,- respondió complacido el capellán- que entre todos cuidaremos muy bien sus pertenencias.

El terrible presentimiento del mayordomo

Así fue cómo el rico terrateniente se fue con su esposa unos días, dejando su vivienda al cuidado del mayordomo, el criado y el capellán. Sin embargo, el mayordomo tenía un terrible presentimiento, y así se lo hizo saber al criado:

– Tengo un mal presentimiento que me oprime el pecho… Creo que unos bandidos intentarán entrar a robar y luego la prenderán fuego con nosotros dentro.

– ¡Ay!- contestó el criado- ¡Que a mí me pasa lo mismo! Es como si una voz me estuviera advirtiendo de un peligro…

– Debemos contárselo al Capellán. Creo que necesitamos ayuda- sentenció entonces el mayordomo.

Y decidió ir a hablar con el capellán, quien al principio se extrañó un poco de lo que el mayordomo decía:

– A ver… dices que tienes un presentimiento. Pero, ¿has visto movimientos extraños o algo que te haga pensar eso?– preguntó el capellán al mayordomo.

– No, padre- contestó el mayordomo- Es un presentimiento, pero el criado también lo tiene.

– Igual lo habéis soñado...

– Imposible… ¡si por el miedo ni dormimos!

– Bueno, está bien. No podemos arriesgarnos a que el presentimiento tenga parte de razón… Mandaré unos hombres como refuerzo, aunque al señor le cueste dinero.

– Bien invertido estará- dijo el mayordomo.

Y el capellán mandó contratar a seis hombres muy fuertes y bien armados, quienes estuvieron guardando la casa durante cinco días. Pero como no ocurría nada, el capellán mandó llamar al mayordomo y le dijo:

– A ver, no podemos gastar tanto dinero si luego no sirve para nada. Está claro que no hay ladrones y que todo es fruto de vuestra imaginación. Debemos despedir a los hombres contratados.

– Pero padre, yo aún tengo el presentimiento…

– Tú lo has dicho: es solo un presentimiento.

– ¿Y si ocurre de verdad, quién nos protegerá?

– Yo os envío desde ya espíritus benignos para que protejan la casa… (y diciendo esto, hizo unas cuantas señales de la cruz alrededor del mayordomo, quien se fue refunfuñando, pues no creía en todas esas cosas de espíritus benignos.

El día del ataque de los 22 bandidos

Resulta que el presentimiento del mayordomo y el criado era cierto, y que sí esperaban para atacar unos bandidos. Lo que pasa es que al ver que habían reforzado la vigilancia, no se atrevían a atacar. Al ver que se retiraban los hombres contratados, pensaron que era el momento ideal.

– ¡Esta noche atacaremos!- dijo el cabecilla de la banda- Doce de nosotros entrará en la vivienda y el resto la rodeará para vigilar que no venga nadie. Cuando tengamos todo el botín, quemaremos la casa y no quedará ni rastro.

El mayordomo y el criado, aún temerosos por su presentimiento, habían escondido las cosas de valor de la casa y esa noche decidieron dormir en la planta alta, bien escondidos en una habitación. Y de pronto, escucharon ruidos:

– ¡Estábamos en lo cierto! ¡Alguien está entrando en la casa! Ay… selo dije al capellán y no quiso hacerme caso… ¡Nos quemarán vivos!

Y mientras el mayordomo y el criado se lamentaban y temblaban de miedo arriba, los ladrones entraron y comenzaron a revisar todas las estancias, sin encontrar absolutamente nada de valor.

-¡Estos granujas escondieron todo! ¡Tiene que estar en algún lugar!

Y en ese momento, se dieron cuenta de que sentado en un sillón, en el salón, había un anciano vestido de negro que emitía pequeños gruñidos y gemidos.

– ¡Ato! ¿Y ese quién es? Seguro que es el sirviente y escondió el oro. ¡Dinos ahora mismo dónde está todo!

Y el anciano señaló con la mano hacia una puerta. Los bandidos corrieron hacia la habitación contigua, y al llegar, vieron de nuevo al anciano sentado en otro sillón, con su misma mirada perdida…

– ¡Diablos!- dijo el cabecilla de la banda- ¿Cómo llegaste tan rápido aquí?

Realmente todos se quedaron petrificados y un tanto enfadados al ver allí al anciano.

– ¡No juegues con nosotros! ¡Dinos ya dónde están las joyas!- dijo muy enfadado el cabecilla del grupo.

Y el anciano volvió a señalar a otra habitación, a donde fueron corriendo todos… ¡Y otra vez encontraron al anciano sentado en un sillón!

– ¡No puede ser!- dijo otro de los bandidos- ¡Esto es obra de los espíritus!

Los bandidos comenzaron a temblar de miedo. Más aún al acercarse y ver mejor el horrible rostro del anciano, mitad humano mitad monstruo.

De cómo los bandidos tuvieron que salir corriendo

Mientras esto sucedía en la planta de abajo de la vivienda, arriba, el mayordomo y el criado pensaban cómo echar a los bandidos de allí.

– ¿Y si usamos las granadas que nos dejó el amo?- propuso el criado.

– ¡Cierto! ¡Qué buena idea! – respondió el mayordomo- ¡Lancémoslas por las chimeneas! Como son dos, tú puedes lanzar una y yo otra al mismo tiempo. Así llegarán abajo y explotarán a la vez.

Los dos se pusieron de acuerdo y lanzaron las granadas a una señal, de forma que cayeron a la vez con gran estruendo por las chimeneas. Los bandidos, al escuchar el ruido, pensaron que era el espíritu que tenían enfrente quién estaba preparando un ataque… y cuando las granadas estallaron, los bandidos, malheridos y muertos de miedo, salieron corriendo de la casa, gritando al resto:

– ¡Huid, huid! ¡Esta casa está encantada!

Y así fue cómo la casa del terrateniente se libró de unos bandidos sanguinarios, gracias a los buenos espíritus que el capellán mandó con el mayordomo.

Reflexiones sobre este cuento de Defoe

Esta historia de Daniel Defoe es para niños más mayores, a los que les gusta los cuentos de miedo y las historias paranormales. El cuento trata de espíritus, en este caso uno que con forma de anciano, consigue atemorizar a los bandidos y proteger la casa. A esto se une, en clave de humor, las figuras del mayordomo y del criado, quienes nos hacen pensar en:

¿Existen las premoniciones?: Muchas personas dicen tener un presentimiento de que algo malo va a suceder. por increíble que parezca… ¡aciertan! ¿Qué son las premoniciones? ¿Por qué se tienen presentimientos de algo que está por llegar? Se trata de una intuición, activada en este caso por el miedo, sí, esa emoción que nos mantiene alerta y nos protege de los peligros. El miedo es capaz de activar todos nuestros sentidos y ‘ver llegar’ algo que está por venir. La explicación científica estaría en que el cerebro va uniendo sutilmente señales y condiciones favorables a que suceda algo, y desde ese momento nos preparamos por si sucede.

Los espíritus, cuestión de creencias: Los espíritus forman parte de lo paranormal, aquello que escapa de las leyes de la razón y la ciencia. Su existencia o no es cuestión de creer o no creer en ellos.

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