La lotería. Cuento de terror para adolescentes y adultos

Un relato de novela negra sobre las tradiciones innecesarias

El cuento de ‘la lotería’, escrito por la gran Shirley Jackson (1916-1965), nos traslada hasta un pequeño pueblo estadounidense. Allí todos se reúnen en un caluroso día de verano en torno a una tradición en la que todos participan. Pero cuidado, porque las cosas a veces no son los que parecen. No te pierdas la adaptación de este inquietante cuento de terror de la escritora norteamericana, una de las maestras de la novela del terror.

El inquietante cuento de terror de ‘La lotería’

La lotería, un cuento de terror para adolescentes y adultos

Amaneció un día caluroso en el pequeño pueblo. Era 27 de junio y los niños fueron los primeros en llegar a la plaza. Acababan de comenzar las vacaciones y tenían mucho tiempo para la diversión. Los más mayores comenzaron a reunir piedras pequeñas y lisas y a depositarlas en pequeños montones. Allí estaban Bobby, Harry Jones y Dickie Delacroix. Los más pequeños, llegaron de las manos de sus padres, quienes comenzaron a hablar del tiempo, de agricultura, y de impuestos. Después empezaron a contarse chistes, pero evitando soltar carcajadas demasiado estridentes.

Por último llegaron las mujeres, y tras contarse algún que otro chisme entre ellas, se dirigieron después hacia donde estaban sus maridos. Llamaron a sus hijos. Bobby intentó volver hacia donde estaba su montón de piedras, pero su padre gritó su nombre enfadado.

Entonces llegó el señor Summers, con su caja negra. Era el encargado de organizar todos los eventos, de hecho, siempre depositaba mucha energía en ellos: los bailes en la plaza, las actividades en el club juvenil… y por supuesto, la lotería. Su rostro era amigable: tenía unas facciones redondas y un espíritu que transmitía confianza. Se dedicaba al negocio del carbón. Nunca había tenido hijos, y su mujer era muy gruñona. Por eso los demás se compadecían de él y le tenían mucho cariño.

Junto a él venía el administrador de correos, el señor Graves, cargado con un taburete de tres patas. Lo colocó en el centro de la plaza y depositó sobre él la caja negra que traía el señor Summers.

El proceso que se seguía en día de la lotería

La caja negra que utilizaban para la lotería no era la original. Se perdieron todos los objetos que usaron en los comienzos, y crearon esta otra caja, que ya llevaba muchísimos años utilizándose y que todos se negaban en cambiar, a pesar de estar ya muy vieja y hasta descolorida. Ya formaba parte de la tradición.

Las fichas de madera se habían sustituido por pequeños pedazos de papel. El señor Summers pidió ayuda y el señor Martin se presentó voluntario, junto a su hijo mayor. Entre ambos, sujetaron con fuerza la caja negra mientras el señor Summers removía a conciencia los papeles. La cosa no era tan sencilla, antes de todo esto, el señor Summers había elaborado las listas con todos los habitantes y había hecho un juramento de lealtad e imparcialidad frente al administrador de correos.

El señor Summers estaba terminando de remover las papeletas cuando apareció corriendo la señora Hutchinson.

– ¡Cielos!- dijo acalorada- ¡Me había olvidado por completo del día de hoy!

– No te preocupes, Tessie- respondió la señora Delacroix- Has llegado a tiempo.

El señor Summer dijo entonces:

– Bueno, pues parece que ya podemos empezar. Estamos todos, ¿no? ¿O falta alguien?

Entonces, todos comenzaron a mirar alrededor.

– ¡Falta Dunbar!- gritó uno de ellos.

– ¿Dunbar?- el señor Summers consultó la lista- ¡Ah, sí! ¡Clyde Dunbar! Tiene una pierna rota. ¿Quién sacará por él la papeleta?

– Yo, supongo- dijo su mujer.

– Muy bien, pues entonces sí estamos todos preparados- dijo entonces el señor Summers- Ya sabéis las normas. Iré llamando y al tomar la papeleta no podéis mirarla. Tenemos que esperar a que todos tengamos una papeleta.

El sorteo de la lotería

Y dicho esto, el señor Summers comenzó a llamar a todos los que tenía apuntados en la lista. Al llegar hasta donde estaba él, la tradición era saludarse entre ellos antes de agarrar un papel de la caja.

– Adams, Allen, Clarck…

– En otros pueblos están empezando a prohibir la lotería del verano– dijo uno de los presentes a otro.

– ¡Qué ignorantes!- contestó el otro- ¡Es una tradición! ¡No se puede prohibir!

Uno a uno, fueron acercándose hasta la caja negra y rebuscando nerviosos una papeleta al azar. Luego, regresaban a sus sitios. El último fue el señor Summers. Sostuvo en alto su papeleta y entonces dijo:

– Muy bien, amigos.

Esa era la señal. Todos abrieron apresurados sus papeletas. Las mujeres comenzaron a preguntar:

– ¿A quién le ha tocado? ¿Quién ha sido? ¿A los Dunbar? ¿A los Watson?

A los pocos segundos comenzó a escucharse:

– ¡Le ha tocado a Hutchinson!

Todos miraron al hombre. Bill Hutchinson permanecía sentado e impasible, con su papeleta en la mano.

¡No es justo!– dijo entonces su mujer, Tessie Hutchinson- ¡No le has dado tiempo a buscar su papeleta!

– ¡Calla, Tessie! Todos hemos tenido la misma oportunidad. Acepta la suerte- le dijo otra de las mujeres.

– Sí, vayamos aligerando el proceso- dijo el señor Summers- ¿Tienes alguna vivienda más en propiedad, Bill?- preguntó entonces el señor Summers.

– No.

– ¿Y tienes hijos?

– Tres: Bill, Nancy y el pequeño Dave. Y mi mujer Tessie vive con nosotros, claro.

El desenlace del extraño sorteo de lotería

El señor Summers depositó entonces en la caja negra cinco papeletas, con ayuda del señor Graves. El resto de papeletas, cayeron al suelo.

– ¡Os digo que no le dio tiempo a escoger la papeleta!- gritó de nuevo su mujer- ¡Deberíamos repetirlo!

El señor Summers parecía no escucharla.

– ¿Estás preparado, Bill?

– Sí- dijo él, lanzando una mirada a su mujer y a sus hijos.

El primero en sacar papeleta fue el pequeño Dave, al que tuvieron que ayudar. Después su hija Nancy, de doce años, y el mayor de los hijos, Bill.

Todos guardaron silencio. El pequeño alzó su papeleta en blanco y todos respiraron aliviados. También tenían papeleta en blanco los otros hijos, Nancy y Bill. Le tocaba a Tessie, pero no quiso abrirla, así que su marido enseñó su papeleta en blanco.

– ¡Es Tessie!- dijo el señor Summers.

Su marido le arrebató con furia el papel y enseñó el punto negro en medio de la hoja. El punto que había pintado el señor Summers la noche anterior.

– ¡No es justo!- volvió a decir la señora Hutchinson- ¡Os digo que no es justo!

Pero ya estaba hecho. Todos fueron a por sus piedras y Tessie quedó sola en medio de la plaza. Los niños fueron los primeros en empezar. La primera piedra le dio a Tessie en la sien. Entonces, el pueblo entero se lanzó sobre ella.

Reflexiones sobre el cuento de La lotería

Sin duda, la escritora Shirley Jackson, ha querido usar el cuento de literatura negra para criticar el apego que a veces mostramos por tradiciones crueles y absurdas. En esta ocasión, las apariencias engañan al lector desde el principio, y lo que parece un día alegre para todos, se transforma en una terrorífica mañana para uno de los habitantes:

Las cosas no son lo que parecen: Pensábamos que el pueblo celebraba un día feliz, y que el premio de la lotería sería bueno, pero el desenlace deja al lector totalmente petrificado. La lotería no escoge a un afortunado para hacerle feliz, sino totalmente infeliz.

El dinero no da la felicidad: Partiendo de la última premisa, en este caso el que saca la papeleta señalada, no gana dinero, ni un premio en metálico. Lo que gana es ser apedreado por el resto. Es una metáfora para recordarnos que ni con el dinero, ni en los juegos de azar, se gana felicidad. Es más… a veces supone caer más tarde en un tragedia.

No todas las tradiciones son respetables: Las tradiciones forman parte de las culturas y los pueblos. Pero… ¿no convendría revisar algunas? Todo lo que suponga crueldad o tortura, ¿no es realmente innecesario? Esta es la reflexión que la autora de este cuento nos deja.

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2 comentarios en “La lotería. Cuento de terror para adolescentes y adultos”

  1. ¡Excelente relato! Hacía mucho tiempo que un cuento no me dejaba pensando y con esta sensación de shock que no muchos saben provocar. Hoy en día muchos escritores optan por escribir escenas sumamente violentas o macabras para causar miedo, algo que aunque puede funcionar, nunca será tan efectivo como sorprender al lector de esta manera.

    Definitivamente perseguimos objetivos que nos pueden destruir si no tenemos cuidado; no quisiera sacarme ese tipo de lotería. Espero que suban más cuentos de terror.

    • ¡Muchísimas gracias! Tienes razón: hoy en día se recurre demasiado al terror explícito y olvidan que es más efectivo la angustia que deja aquello que se intuye pero no llega a verse 👌🏻

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