La princesa y la rana. Cuento para niños

El príncipe rana, un cuento de los Hermanos Grimm

Existen numerosas versiones del cuento La princesa y la rana o El príncipe rana, un cuento que también se conoce como El rey rana o Enrique el férreo. Las versiones más modernas dulcifican a la princesa para demostrar que a pesar de las apariencias, el amor puede surgir en cualquier momento. Pero lo cierto es que la versión original de los Hermanos Grimm era muy distinta. Descúbrela aquí.

El cuento verdadero de la Princesa y la rana

La princesa y la rana, un cuento de los Hermanos Grimm para los niños

Existió una vez un rey muy noble y bueno que tenía muchas hijas, todas muy hermosas. Pero la más pequeña era tan bella que hasta el sol lucía más cada vez que la veía. Sin embargo, ella era vanidosa y muy caprichosa.

A la joven le gustaba mucho ir a un bosque cercano al palacio. Siempre se sentaba bajo un tilo y jugaba con una pelota de oro que su padre le había regalado junto a una fuente bordeada por piedras. Tiraba la pelota al cielo y la volvía a coger al caer en sus manos. Pero un día, se le escapó la pelota y cayó a la fuente. Entonces, al ver que había desaparecido en las profundidades del agua, se puso a llorar desconsoladamente.

Al poco rato apareció una pequeña rana. Al ver que una hermosa princesa lloraba, le preguntó:

– ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?

– Se me ha caído la pelota de oro al agua- dijo entre lágrimas la princesa.

– ¿Solo por eso lloras?

– ¡Es mi pelota favorita!

– Bueno… si quieres, yo puedo ayudarte.

– Oh, sí, ¿podrías?

– Claro. Bucearé y la encontraré. Pero… ¿qué me darás a cambio?

– Tengo muchas joyas. Y hermosos vestidos. Todo eso te lo puedo dar. ¡Y hasta mi corona!

-No.. no me interesan los lujos ni los objetos materiales. Si consigo recuperar tu pelota, quiero que me dejes comer junto a ti en tu plato de oro y dormir en tu cama.

– Bueno… de acuerdo. Haré todo lo me dices…- contestó la princesa, pensando para sí misma que ni por un instante cumpliría la promesa de comer y dormir con ese asqueroso ser.

La promesa que la princesa no quería cumplir

La rana se zambulló en el agua y al rato apareció con la pelota de oro de la princesa.

– ¡La encontré!- dijo entusiasmada.

– ¡Oh! ¡Muchas gracias!- dijo la muchacha, cogiendo la pelota entre sus manos.

De pronto, la princesa se dio media vuelta y salió corriendo. La rana, asombrada, gritó:

– ¡Espera, princesa! ¡Me prometiste llevarme al palacio contigo! ¡Yo no puedo correr tanto como tú!

Pero la princesa, hizo como que no oía nada. No deseaba otra cosa que librarse de esa dichosa rana. Al llegar al palacio, se cambió e intentó olvidar al animal. Pero, cuando se sentó a la mesa con su padre, escuchó el sonido de algo saltando en los escalones y después, un toque en la puerta. Al abrir, se encontró a la rana:

– ¡Princesa! ¡Olvidabas tu promesa! No he podido llegar antes, porque yo solo puedo dar pequeños saltitos… ¿Llego a tiempo a la cena?

La princesa la miró con cara de asco y cerró la puerta. Pero su padre, el rey, le dijo:

– ¿Quién era?

– Oh… una estúpida rana. Se me cayó la pelota a la fuente y ella la sacó. Me pidió a cambio comer en mi plato y dormir en mi cama… ¿te lo puedes creer?

Pero el rey, lejos de darle la razón, le regañó diciendo:

Las promesas se deben cumplir. Si es lo que le prometiste a la rana, debes cumplirlo.

La princesa y la rana… que no era rana

La princesa, de mala gana, abrió la puerta a la rana y dejó que subiera hasta la mesa. Entonces, la rana comenzó a comer del plato de la muchacha. A ella le dio tanto asco, que no probó bocado.

– Está todo delicioso, princesa. Ahora, llévame a tu alcoba, que tengo sueño.

La chica miró con ojos suplicantes a su padre, pero este le hizo una señal con la cabeza para que obedeciera a la rana. A pesar del asco que le daba la rana, la princesa la llevó hasta su alcoba, pero en cuanto esta se subió a su cama y se metió entre las sábanas, ya no pudo más. Tomó a la rana por una delas patas, y la lanzó contra la pared.

– ¡Ag! ¡No puedo aguantarlo más!- dijo la princesa.

Pero de pronto, la rana se convirtió en un apuesto príncipe. La princesa se quedó totalmente asombrada, sin saber qué decir.

– No te asustes, princesa- le dijo el joven- Soy la rana que trataste con desdén. No me extraña… con el aspecto que tenía… Una bruja me hechizó. El maleficio solo se podía romper si conseguía que la hija menor de un rey me dejara comer de su plato y subirme a su cama. Así que al fin y al cabo, debo de estarte muy agradecido- Y el príncipe hizo una reverencia.

La princesa estaba un tanto avergonzada por el trato que le había dado, pero el príncipe la perdonó. Es más, se enamoró de ella a pesar de sus caprichos y al poco tiempo se casaron. A la boda les llevó el cochero del príncipe, Enrique, el amigo más fiel que tenía. De hecho, cuando vio al príncipe convertido en rana, sufrió tanto, que decidió ponerse tres aros de hierro alrededor del pecho para que su corazón no se le saliera de dolor. Al ver de nuevo a su amigo tal y como era, los aros de hierro se fueron rompiendo uno a uno.

Qué valores puedes trabajar con este cuento de La princesa y la rana

Este cuento no es la típica historia que habla de cómo una princesa es capaz de ver más allá de las apariencias. Es una historia más real, que también nos enseña algunos valores:

– La honestidad.

– El valor de la sinceridad.

– La amistad.

– El perdón.

– La gratitud.

– Una emoción: el asco.

Reflexiones sobre este cuento de los Hermanos Grimm para niños

Sí, las apariencias engañan pero no siempre podemos pasar de ellas… La princesa fue incapaz de desprenderse del ‘asco’ que le producía la rana. Pero sin duda, aprendió una buena lección:

Perdonar a pesar de todo: la princesa trató muy mal a la rana. Lo más normal es que hubiera recibido un castigo, ¿verdad? Sin embargo, la rana le respondió con el perdón y con el amor. Una respuesta que sin duda, sirvió a la princesa para aprender una gran lección. El perdón muchas veces enseña más que un castigo.

Las promesas, se cumplen: la princesa al principio no iba a cumplir su promesa. Sin embargo, su padre le enseñó algo importante, y es el valor de la honestidad. Aquello que se promete, debe cumplirse. Al final la princesa tuvo que acceder. Lejos de recibir un castigo, consiguió un premio…

De los errores se aprende: tal vez pienses que la princesa no se merecía ningún premio. Al fin y al cabo, solo había cumplido la promesa por mandato de su padre, no porque ella quisiera. Sin embargo, aquello supuso para ella una gran lección de la que aprendió lo más valioso que nunca enseñan los libros, sino las experiencias. A partir de entonces tendría más cuidado en ser honesta con sus palabras y sobre todo, aprendió la lección de no dejarse engañar por las apariencias.

El amor de la amistad sobre todas las cosas: una figura inquietante, que aparece solo al final del cuento es la del cochero del príncipe, un amigo fiel que estuvo a punto de morir de pena al ver a su amigo convertido en rana. Su figura ensalza el valor de la amistad sobre cualquier otra cosa. Es el único sentimiento realmente sincero, parece decirnos.

El sentimiento de asco: la princesa sentía una gran repugnancia por la rana. Igual que el miedo, el asco es como un ‘escudo’ que usamos para protegernos. Sentimos que algo no nos agrada o no nos gusta y no queremos tenerlo cerca. Es un sentimiento muy natural, aunque a veces es fruto de nuestros prejuicios. Debemos estar seguros de que esa emoción que sentimos realmente es por nuestro bien…

Preguntas de comprensión lectora sobre el cuento La princesa y la rana

Si quieres, puedes usar este cuento para mejorar la atención y comprensión lectora de tu hijo. Usa para ello estas preguntas:

1. ¿Qué sele perdió en la fuente al a princesa?

2. ¿Quién le ayudó a recuperarla?

3. ¿Qué le pidió a cambio la rana?

4. ¿Por qué la princesa no quería cumplir su promesa?

5. ¿Quién era en realidad la rana?

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