La reina de las nieves. Cuento infantil sobre el bien y el mal

Un cuento para niños con valores de Hans Christian Andersen

La reina de las nieves’ es un cuento infantil sobre el bien y el mal. Lo expertos consideran que este es uno de los mejores cuentos que escribió Hans Christian Andersen, allá por el año 1845. Sus dos protagonistas representan la lucha entre el bien y el mal, que es larga y dura. Descubre junto a tu hijo todos los valores que transmite este precioso cuento de hadas.

La reina de las nieves, un cuento sobre la lucha del bien y el mal para los niños

Cuento infantil sobre el bien y el mal

Kay y Gerda eran vecinos y amigos inseparables. Sus casas estaban tan cerca, que ambos podían hablar desde sus ventanas. Además, tenían los mismos años y nunca se cansaban de jugar juntos.

A los dos les encantaba la primavera, porque el jardín de sus casas se llenaban de rosas de todos los colores que olían muy bien. Y en invierno, se acurrucaban junto a la chimenea, y la abuela de Kay les contaba historias acerca de la Reina de las nieves, una malvada reina que vivía en un inmenso y frío palacio de hielo. Y también la historia de un trol que un día fabricó un espejo que era capaz de convertir todo lo bonito y bueno en feo y malvado. Y de cómo ese espejo se rompió en millones de minúsculos pedazos, que aún volaban por el cielo.

Una de esas frías tardes, mientras la abuela de Kay hablaba de esta malvada reina, una ráfaga de aire abrió de par en par la ventana, y la estancia se llenó de nieve y de hielo. Uno de los cristales del espejo del trol se posó sobre el corazón de Kay, y otro se metió en uno de sus ojos y desde entonces, ya no volvió a ser el mismo. El pequeño comenzó a portarse mal con Gerda. Su corazón se había enfriado.

Kay y el trineo mágico: cuento de la Reina de las nieves

Un día, Kay y su amiga discutieron, y el muchacho, lleno de rabia, se fue a la plaza del pueblo a jugar con otros niños. Era invierno, hacía mucho frío, y el suelo estaba cubierto de nieve, así que Kay decidió llevar su pequeño trineo. El niño, al llegar, vio que sus amigos rodeaban un enorme trineo blanco.

– Kay, mira… ¿has visto este trineo? ¡Guauuuu! ¡Es precioso!- le dijo uno de los niños.

Kay se acercó para observarlo. En verdad era un trineo precioso. Enorme, y muy elegante.

– ¿De quién será?- preguntó él intrigado.

– No sé, pero podemos jugar un poco con él- propuso otro de los niños.

Y así fue cómo comenzaron a jugar con el trineo. Uno de los niños ataba su pequeño trineo a aquel trineo enorme y uno iba tirando del otro.

Llegó el turno de Kay, y también ató su patín de nieve al trineo grande. Y comenzó a moverse. Al principio, era divertido. Pero el trineo comenzó a ganar velocidad, y el niño se asustó.

– ¡Eh! ¡Para! ¡Vas demasiado rápido!- protestó Kay.

Entonces, el trineo se paró, y de él bajó una bella mujer de cabellos largos y blancos, los ojos grises como perlas y las manos finas y muy frías. ¡Era la reina de las nieves!

La mujer hizo un hueco en el trineo para Kay, le sentó junto a ella, le arropó con su manta de escarcha, y le dio un gélido beso en la frente, que borró al instante todos sus recuerdos. De esa forma, olvidó a Gerda.

Gerda sale a buscar a Kay

Gerda, al enterarse de que su amigo había desaparecido, partió en su búsqueda. Llegó hasta el río y se subió a una pequeña barca. Río abajo, llegó hasta la cabaña del hada del bosque, quien hizo todo lo posible porque la pequeña se quedara a vivir con ella: le ofrecía suculentos manjares y cerezas, peinaba su cabello con cariño…

Gerda pasó allí varios meses, hasta la primavera. En uno de sus paseos por el bosque, al ver unas rosas, recordó a su amigo y se fue de nuevo a buscarle.

El castillo de los príncipes: cuento de la Reina de las nieves

La pequeña, después de andar y andar sin encontrar nada, comenzó a desesperarse, y empezó a llorar. Una corneja escuchó su llanto y le preguntó:

– ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras así?

– Estoy buscando a un amigo, y no le encuentro…

– Tal vez pueda ayudarte… Hace un tiempo, la princesa de un palacio cercano llegó con un muchacho. Desde entonces, él se convirtió en príncipe… ¿Quieres que te lleve hasta allí?

– ¡Sí, por favor!- dijo Gerda.

Pero al llegar al palacio, y ver el rostro del príncipe, se dio cuenta de que no era su amigo, y volvió a hundirse en la tristeza. La pareja, preocupada, dijo a la chica:

– Tal vez podamos ayudarte… Tenemos una carroza de oro y podemos darte ropa para que no tengas frío y puedas continuar tu búsqueda.

Gerda accedió y partió de nuevo en busca de Kay.

Los bandidos y las palomas

Pero al adentrarse en un bosque, unos bandidos acudieron deslumbrados por el brillo de la carroza. Asaltaron a Gerda y la llevaron prisionera hasta la guarida en donde les esperaba su jefe. Éste tenía una hija de la edad de Gerda, y pensó que debía quedarse con ellos para que le hiciera compañía.

Gerda comenzó a contarle su historia a la muchacha, quien escuchaba con mucha atención. Pero en la cueva también había dos palomas que interrumpieron de pronto la historia de Gerda:

– Espera, muchacha- dijo una de las palomas– ¡Yo he visto al chico del que hablas! Hace tiempo ya, en el invierno pasado… Iba en el trineo de la Reina de las nieves.

– ¡Oh, no! ¿La Reina de las nieves? ¿Y dónde vive?- preguntó angustiada Gerda.

Entonces, uno de los renos de los bandidos, que también estaba escuchando la conversación, dijo:

– ¡Yo lo sé! Vive en un palacio en Laponia. Si quieres, yo te llevo.

La otra niña, conmovida por la historia de Gerda, ayudó a su nueva amiga a huir a lomos del animal.

El palacio de la Reina de las Nieves

El reno galopó durante muchos días, pero al fin consiguió llegar hasta Laponia. A lo lejos, en lo alto de una montaña helada, Gerda vio el palacio de la Reina de las nieves. Allí dentro estaba Kay, que intentaba resolver un puzzle de hielo. Era la condición que la Reina de las nieves le había impuesto para liberarle… Pero el niño no había conseguido completar el puzzle.

Gerda subió a grandes zancadas los escalones que llevaban hasta el palacio de hielo, y una vez allí, vio a Kay, quien la miraba con sus ojos fríos, sin reconocerla ni sentir nada por ella.

La niña, rota por el dolor al comprobar que Kay le había olvidado, le abrazó y comenzó a llorar. Entonces, sus lágrimas empezaron a derretir el hielo que mantenía congelado el corazón de Kay, y empezó a recordar, poco a poco, quién era… hasta mirar a Gerda y acordarse de todo lo que sentía por ella. Kay entonces lloró de emoción y el trocito de espejo que había quedado atrapado en su ojo, salió junto a las lágrimas.

Los niños consiguieron huir del palacio de hielo a lomos del reno, y llegaron a sus casas justo cuando florecían de nuevo las rosas del jardín. Desde entonces, no volvieron a separarse nunca. 

Valores que transmite el cuento La reina de las nieves

Este precioso cuento del escritor danés Hans Christian Andersen, nos transmite algunos valores esenciales. Entre ellos, estos:

La lucha del bien y del mal es dura y puede ser larga y agotadora.

El valor de la amistad es capaz de superar cualquier obstáculo.

– Existe una emoción capaz de vencer al mal: el amor.

– La importancia del esfuerzo y la perseverancia para lograr objetivos.

Reflexiones sobre el cuento de La reina de las nieves

El amor es el arma más poderosa contra el mal: En este cuento, la Reina de las nieves simboliza el mal, el odio, el olvido… Es capaz de congelar un corazón para anular sus emociones. Pero no cuenta con un poderoso arma capaz de vencerla: el amor. Las lágrimas de Gerda son lágrimas de amor, las únicas que consiguen liberar al niño de su prisión gélida e insensible.

Lo único que jamás se olvida es el amor: Kay pierde todos sus recuerdos por culpa de la Reina de las nieves, pero al volver a sentir su corazón, al volver a sentir amor por Gerda, recupera todos sus recuerdos. Las emociones son lo último que se olvida.

La perseverancia y el esfuerzo son indispensables para conseguir objetivos: Gerda podía haberse dado por vencida en numerosas ocasiones. El viaje hasta el palacio de la Reina de las nieves fue largo, muy largo, y lleno de dificultades. Sin embargo, el cariño que sentía por su amigo le dio fuerzas para seguir adelante. El esfuerzo, y el ser perseverante en su objetivo, dieron sus frutos.

Preguntas de comprensión lectora para tu hijo

Recuerda que también puedes usar este precioso cuento para mejorar la atención y la comprensión lectora de tu hijo. Para ello, puedes usar estas preguntas al terminar la lectura:

1. ¿Qué ocurrió una fría tarde de invierno mientras la abuela de Kay contaba historias sobre la Reina de las nieves?

2. ¿Por qué comenzó a portarse mal Kay con sus amiga?

3. ¿Quién llevaba el trineo blanco sonde Kay estaba jugando?

4. ¿En casa de quién se quedó al principio de su búsqueda Gerda?

5. ¿Qué le dijo a Gerda una corneja sobre el paradero de su amigo?

6. ¿A dónde llevaron los bandidos  Gerda?

7. ¿Cómo consiguió Gerda derretir el corazón congelado de su amigo?

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