La zorra y las uvas. Fábula de Esopo para niños sobre la soberbia

Una fantástica fábula corta con valores para niños

Aquí tienes una fábula de Esopo muy popular, con una profunda reflexión sobre nuestra incapacidad para reconocer nuestras limitaciones y frustraciones y nuestra facilidad para dejarnos llevar por la soberbia. Se llama ‘La zorra y las uvas’. No te pierdas esta fábula corta, su moraleja y sus reflexiones finales.

Una fábula corta de Esopo para reflexionar: La zorra y las uvas

La zorra y las uvas, una fábula de Esopo sobre la soberbia
Fábula de la zorra y las uvas, de Esopo

Paseaba una zorra hambrienta por un monte cuando divisó a lo lejos un vivienda con una frondosa parra repleta de uvas. Nada más ver aquellos frutos, se le hizo la boca agua y se aproximó a toda velocidad. Pero al llegar, se dio cuenta de que los racimos estaban muy altos.

La zorra comenzó a saltar, en un intento desesperado por hacerse con alguna uva. Saltó una vez, y otra, y otra más. Pero no conseguía llegar hasta los racimos. Desesperada y muy cansada, miró con rabia a los racimos de uvas y dijo:

– Por nada del mundo me comería yo una de esas uvas. ¡Si en realidad están verdes y deben saber horribles!

Moraleja: “La soberbia hace que intentemos engañarnos a nosotros mismos”

Qué puedes trabajar con esta fábula corta de Esopo de La zorra y las uvas

Con esta fábula podrás trabajar diferentes valores, como estos:

– El esfuerzo.

La perseverancia.

– El sentimiento de frustración.

La soberbia.

– El valor de la sinceridad.

Reflexiones sobre esta fábula corta de Esopo para niños

¿Cuántas veces no nos habremos intentado convencer de que algo no nos conviene por nuestra incapacidad de alcanzarlo? Pocas veces toleramos y asumimos la frustración. Nuestra soberbia a veces nos lo impide:

Si no lo consigo, será que no era tan bueno… : a esto le podemos llamar ‘el consuelo del tonto’. Y sucede porque a veces nuestra soberbia nos impide reconocer que tenemos límites y que a veces tenemos que perder. No siempre podemos conseguir lo que deseamos y es entonces cuando nos invade una terrible sensación de humillación y de frustración. Pero en lugar de reconocer que no podemos lograrlo todo y seguir intentando otro camino, decidimos engañarnos a nosotros mismos con tal de no reconocer la derrota.

Perdemos y ganamos… es parte de la vida: no siempre se gana. Cuanto antes lo asumamos, mejor. Ni con esfuerzo ni con perseverancia. Muchos de los deportistas que se esfuerzan, que entrenan cada día, que luchan con ilusión y perseveran, no consiguen la victoria. Y no se acaba el mundo. Se sufre, sí, te invade la desilusión, sí… pero si no se asume ni se acepta, no podremos plantearnos una remontada o no podremos buscar otra forma de llegar a nuestra meta. No se trata de resignarnos sin más, sino de aprender una lección de nuestra derrota.

La soberbia nos lleva a la mentira más dolorosa: y esa mentira es la que nos hacemos a nosotros mismos. No hay nada peor que intentarnos engañar a nosotros mismo, tal y como hace la zorra. en lugar de pensar: ‘¡qué lástima, con lo hambrienta que estoy y no podré alcanzar las uvas!’, prefiere engañarse y pensar que esas uvas en realidad estarán malísimas. ¿Sirve de algo mentirnos? No, porque en el fondo sabemos que no es cierto. Y al final esa mentira nos termina generando una herida. Las mentiras a uno mismo generan pérdida de autoestima y rencor. Y además, si no eres capaz de ser sincero contigo mismo… ¿cómo lo serás con los demás?

No desistas, a pesar de la derrota: a veces cuesta perseverar cuando no ves cerca la meta y sí pasas por fracasos constantes. Sí, perseverar y esforzarse a menudo se convierten en una dura y empinada cuesta. Pero no hay otra forma de alcanzar nuestros sueños. Sin esfuerzo ni perseverancia no habrá premio. Lo que pasa es que normalmente ese premio no llega a la primera de cambio, sino después de muchas caídas y equivocaciones.

Otras fábulas de Esopo maravillosas para niños

Esopo fue el gran maestro de las fábulas y a prueba la tenemos en la cantidad de fábulas cortas con mensajes fantásticos que nos dejó. Aquí tienes algunos ejemplos más:

La liebre y la tortuga: si quieres profundizar más en el tema del esfuerzo y añadir una dosis de ingenio, nada como esta fábula, que nos recuerda que no hay que ‘dormirse’ ni confiarse demasiado…

La cigarra y la hormiga: aquí de nuevo se habla del esfuerzo y la perseverancia, pero además nos recuerdan que no se trata solo de trabajar en el presente, sino de ir un poco más allá y ser precavido para adelantarnos a los problemas que podamos encontrar en el futuro.

El pastor mentiroso: cuidado con mentir. A quien mucho miente, nadie le creerá cuando por fin diga la verdad. Y si no, mira lo que le sucedió al protagonista de esta historia. 

Deja un comentario