Las hadas. Cuento infantil con valores

Un cuento de Charles Perrault para niños sobre la bondad

El cuento ‘Las hadas’ es un cuento infantil con valores. Las hadas, escrito por Charles Perrault (1628-1703), nos invita a reflexionar acerca de la necesidad de apostar por la bondad y la generosidad a pesar de que nos exija un mayor esfuerzo y dedicación.

Las hadas, un cuento clásico para niños sobre la bondad y la generosidad

Las hadas, un cuento infantil con valores

Había una vez una mujer viuda que tenía dos hijas: la más mayor era fea, maleducada, perezosa y arisca, mientras que la hija menor, que se parecía a su padre fallecido, era hermosa, trabajadora y muy bondadosa.

Y aún siendo la hija menor mucho más dulce, la madre otorgaba más privilegios a la hija mayor, porque se parecía más a ella.

La hija pequeña se veía obligada a hacer prácticamente todas las tareas de la casa. También iba a por agua a una fuente lejana dos veces al día.

Un día, mientras la muchacha recogía agua de la fuente, vio cerca a una anciana y se acercó a ella:

– ¿Tiene sed?- le preguntó con cariño ofreciéndola un poco de agua.

– Sí, querida, muchas gracias- contestó ella.

Sin embargo, la anciana en realidad era un hada que quería probar su buen corazón. Después de beber, le dijo:

– Tienes un corazón tan bueno que te mereces un don. De tus labios nacerán perlas y piedras preciosas.

El intento de la hermana mayor por conseguir un don

La chica llegó algo más tarde a su casa, por haberse parado a hablar con la anciana, así que su madre le regañó. Pero cuando la hija iba a explicar lo que pasó, de su boca comenzaron a salir perlas, flores y piedras preciosas.

La madre, al conocer al fin la razón de aquel prodigio, decidió enviar al mismo lugar a su hija mayor, para que recibiera el mismo don.

– Debes ser amable con la anciana que verás cerca de la fuente- le dijo.

Al día siguiente, la hija partió hacia allá. Pero en lugar de una anciana, la vio a una dama vestida de forma muy elegante.

– Por favor, ¿me puedes dar un poco de agua?- preguntó la dama.

Como no era parecida a la mujer que le había dicho su madre, ella respondió con malas palabras.

– ¿Es que no tienes piernas acaso? ¡Ve tú a buscarla!

Pero la dama era en realidad el mismo hada que se había encontrado su hermana el día anterior y le respondió:

– Eres maleducada y nada generosa. De tus labios caerán sapos y serpientes.

Al regresar a casa llorando, su madre le preguntó qué había pasado, pero en cuanto su hija mayor abrió la boca, comenzaron a caer de ella sapos y culebras. La madre pensó que su hija menor era responsable de aquella broma de tan mal gusto, y la riñó tanto que ella salió corriendo de la casa.

Ya en la calle, la muchacha se cruzó con el príncipe, el hijo del rey, y al inclinarse para saludar, cayeron dos diamantes de su boca. El príncipe se bajó del carruaje al observar aquello y comenzó a hablar con la joven. Atraído por su belleza y su bondadoso corazón, la invitó a palacio. Allí se enamoraron y se casaron. Fueron felices toda la vida y de su hermana y su madre la joven no se volvió a saber nada.

Valores que puedes trabajar con el cuento Las hadas

Con este cuento, podrás hablar con tu hijo de todos estos valores y temas:

– La bondad.

– El valor de la generosidad.

– La codicia.

Reflexiones sobre este cuento de Perrault para los niños

El corazón bondadoso y generoso a la larga suele obtener una recompensa que el corazón codicioso y arisco no consigue. Es la moraleja que podríamos sacar de este cuento del escritor francés Charles Perrault:

Quien apuesta por el difícil camino de la bondad, obtiene recompensas: no es fácil ser bondadoso en un medio hostil. La protagonista de esta historia podría haberse transformado en una persona amargada y rencorosa, ya que era tratada con dureza. Sin embargo, ella escogió el camino más difícil, el de responder a las malas acciones con bondad y humildad. Su corazón fue creciendo en bondad y al final obtuvo una recompensa.

Las recompensas no se buscan… se ganan: la hermana mayo intentó buscar al hada que había concedido un don a su hermana menor, pero los dones no se pueden buscar, sino que son concedidos cuando menos te lo esperas y siempre y cuando los merezcas.

Tampoco se puede engañar con tanta facilidad a otros: quien no es capaz de ser bondadoso con la personas más cercanas, ¿cómo conseguirá serlo con los desconocidos? La naturaleza del corazón no puede esconderse y termina por mostrarse, antes o después.

Los actos generosos obtienen recompensas: la generosidad de la hija menor hacia la anciana obtuvo al fin una recompensa. Pero además, no fueron las joyas que salían de su boca las que enamoraron al príncipe, que ya tenía suficiente oro sino la bondad de la muchacha. Perrault nos recuerda aquí que más importante que el oro y la riqueza es la naturaleza del corazón.

Algunas preguntas de comprensión lectora para tu hijo del cuento Las hadas

Descubre si tu hijo comprendió el mensaje del cuento de Las hadas. Para ello, bastará con que hagas algunas preguntas al finalizar la lectura. Preguntas como estas:

1. ¿Cómo era la hija mayor de la viuda?

2. ¿Y la hija pequeña?

3. ¿Quién era en realidad la anciana que pidió agua a la hija menor?

4. ¿Qué don le concedió?

5. ¿A quién vio la hija mayor en la fuente?

6. ¿Qué don le concedió el hada a la hija mayor?

7. ¿Con quién se casó al final la hija menor?

Otros cuentos de Charles Perrault

Descubre otros cuentos clásicos del escritor francés. Algunos van a sonarte mucho, porque se han convertido en grandes clásicos:

La bella durmiente: este cuento nos habla del rencor y sed de venganza de un hada al que olvidaron invitar al bautizo de la princesa, pero también de esfuerzo, perseverancia y paciencia.

Caperucita: las imprudencias se pagan, y la desobediencia también. ¡Menudo susto se llevó Caperucita por no hacer caso a las advertencias de su madre!

La Cenicienta: el destino puede cambiarlo todo en un abrir y cerrar de ojos. Basta con apostar por la bondad y la humildad. Con e tiempo, serán recompensadas.

Pulgarcito: no importa lo pequeño que seas. La fortaleza no reside en el tamaño sino en la inteligencia y la capacidad para resolver problemas. Y si no, que se lo pregunten a Pulgarcito.

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