Por qué necesitamos perdonar

El inmenso poder del perdón para conseguir la felicidad

Puede que te resulte complicado, tal vez incomprensible. O que pienses que el perdón es algo relacionado con la religión y punto. O puede que creas que el perdón no es más que un gesto de sumisión y de aceptación de una derrota. Nada más lejos de la realidad.

El perdón sirve para despojarnos de muchos lastres y emociones negativas, para ayudarnos a comenzar de cero y aportarnos equilibrio. Para acercarnos un poco más a la felicidad. Descubre aquí todas las buenas razones que explican por qué necesitamos perdonar.

El perdón no es una derrota: es una victoria

Las razones de la necesidad del perdón

No pienses que perdonar significa ofrecer el triunfo al enemigo. Al revés. El enemigo, cuando se le perdona, se siente totalmente ‘noqueado’ y no lo entiende como una victoria, porque en realidad el enemigo te quiso hacer daño, y el perdón implica que no lo consiguió.

El perdón no es por tanto una derrota, sino una gran victoria. Un acto, por tanto, de inteligencia (aunque no es nada fácil). Y su poder es más grande del que imaginas, tanto, que todas las religiones y filosofías de sanación como el famoso Ho’Oponopono de Hawai, lo contemplan como herramienta indispensable para conseguir la paz interior.

Las poderosas razones que explican por qué necesitamos perdonar

Los miedos, el rencor, la envidia y los celos son piedras y veneno que incluso afectan a la salud física. De hecho, algunos psicólogos afirman que pueden llegar a provocar un infarto. De ahí la necesidad de librarse de ellos. Una de las formas de hacerlo es el perdón. Aquí tienes algunas de las razones de más peso que te harán entender la necesidad de perdonar:

1. Te ayuda a liberarte de muchas cargas. O más bien, de muchas emociones negativas que te destruyen, como pueden ser los celos, el rencor, la envidia o el sentimiento de frustración o de injusticia. Imagina que un amigo intentó competir contigo y utilizó ‘malas artes’. Te hizo daño, y decidiste que ya no podía ser tu amigo. Él se disculpó pero dio igual… En ese caso tenías dos opciones: perdonarle o no hacerlo. Al no hacerlo, te quedó ese daño clavado como una estaca. En el momento en el que decidas perdonar, podrás sacarte esa estaca que tanto daño te sigue haciendo. Y sí, quedará la cicatriz, por supuesto, pero ya no será una herida, sino una cicatriz. ¿Entiendes la diferencia? Las heridas duelen, las cicatrices, solo nos recuerdan que hubo una herida.

2. Cambiarás también a la otra persona. No hay mayor poder que el del perdón para demostrar a otra persona qué hizo mal y conseguir que cambie. Viene a ser un ‘hiciste esto mal, pero sé que no lo volverás a hacer’. Con esa frase, envuelta en la palabra ‘perdón’, le ofreces a la otra persona confianza y responsabilidad. Y cuando se ofrece tal confianza a otro, no suele defraudarnos. Siente la necesidad de responder y demostrar con creces que sí se puede confiar en él.

3. El perdón ayuda a corregir errores. A menudo el daño llegó por un error. Muchas veces no es intencionado, pero la otra persona no sabe qué hizo mal. Si eres capaz de explicar por qué cometió el error y acto seguido perdonarle, seguramente que la otra persona habrá aprendido una valiosa lección.

El pasado y los remordimientos que nos ahogan por dentro

4. El pasado es un lastre. El presente es el que te ayudará a decidir cómo quieres vivir el futuro. No hablamos de olvidar. Las cicatrices están para hacernos recordar lo que ocurrió en el pasado y mantenernos alerta para evitar que vuelva a pasar aquello que nos hirió. Pero si vivimos constantemente en el pasado, no seremos capaces de cambiar el futuro, ya que estaremos pasando por el presente sin estar, sin disfrutar de él. El perdón ayuda a deshacernos de todos los lastres que nos mantienen anclados en el pasado.

5. Perdonarse a uno mismo nos acerca a la felicidad. No hay mayor sufrimiento que el sentimiento de ‘culpa’, el mantener como un secreto algo que hicimos y de lo que nos arrepentimos y no compartirlo con nadie. Para liberarnos de este sentimiento tan negativo, lo mejor es hablarlo, confesar aquello que nos perturba por dentro y por supuesto, perdonarnos a nosotros mismos. Significa, aceptarnos, a pesar de los fallos. En muchas casas realizan terapias de ‘confesión’. Parece una tontería, pero es un gran ejercicio de perdón que hace que entre los miembros de esa familia se estrechen los vínculos de confianza. Consiste en decir uno a uno, aquello que piensa que hizo mal y que no había dicho hasta el momento. Sincerarse con el resto. Y no, no hace falta convocar un evento para hacerlo. Se llama sinceridad. Cualquier momento es bueno para contar aquello que nos ahoga por dentro.

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