Un cuento infantil sobre las apariencias: La casa de la vieja

Cuento para niños sobre los prejuicios y las apariencias

‘La casa de la vieja’ es un cuento infantil sobre las apariencias y los prejuicios. Este cuento también ayuda a los niños a comprender por qué no deben sacar sus propias conclusiones sobre alguien si no le conocen.

La casa de la vieja: Un cuento infantil sobre las apariencias

Cuento con valores para niños

La vieja Maruja siempre vestía de negro. Tenía el pelo muy blanco y muy largo y la cara llenita de arrugas.

Vivía en una casa de dos plantas, de piedra y tejado cubierto de musgo. La parte de abajo era redonda. Arriba del todo, una veleta con forma de bruja.

Los niños le tenían tanto miedo que nunca se acercaban más allá de la verja de la entrada. Y eso que la casa de la vieja estaba dentro de un parque precioso, con un estanque repleto de ranas, un laberinto de setos y unas esculturas de caballeros con lanza.

– “La vieja Maruja es la bruja Pirujaaaaaa”- gritaban los niños desde la verja- “La vieja Maruja es la bruja Pirujaaa”- Arrojaban una piedra y salían corriendo.

Y es que la casa de la vieja, como la conocían todos, parecía sacada de un cuento de fábula.

Iván y Martina investigan la casa de la vieja

Un día, Iván y Martina se acercaron con sus padres hasta el parque. Nunca habían visto nada tan hermoso. Y mientras sus padres leían distraídos, ellos se fueron a investigar hasta la verja. Pero al agarrarse a ella, se abrió. Tenían tanta curiosidad por ver a la vieja bruja de la que todos hablaban, que se acercaron despacito hasta la puerta. Y al ver que también estaba abierta, entraron.

¿Cómo sería por dentro la casa de la vieja?

– Espera- le dijo Martina, que acababa de cumplir siete y era la mayor- A ver si va a estar la bruja dentro..

– ¡Que va!- contestó Iván todo valiente- Seguro que ha salido.

Los niños entraron y al instante se cerró la puerta.

-¡Plas!

Las paredes estaban llenas de trampantojos: cuadros y alacenas pintados por todas partes. ¡Hasta un gato!

Sobre la mesa, unas galletas (estas de verdad). Y dos tazas con chocolate caliente.

Entonces apareció ella: ¡la bruja Piruja!

La vieja que en realidad no era tan bruja Piruja

Al ver a la bruja Piruja,  los niños empezaron a temblar.

La vieja Maruja les miró muy seria y luego señaló la mesa.

– Sentaros- dijo- Os estaba esperando.

Y Martina e Iván tenían tanto miedo que se sentaron sin rechistar.

– ¿Por qué me tenéis tanto miedo?- preguntó la vieja.

Y los niños no pudieron contestar. Miraban con los ojos muy abiertos y estaban petrificados como estatuas.

“Ahora es cuando saca su varita mágica y nos transforma en babosas o ranas”- pensaba Martina.

Sin embargo, la vieja Maruja no parecía tan bruja así de cerca. Y menos aún con esas galletitas de colores y ese chocolate en la mesa.

De pronto sonó el reloj de un cuco: las cinco de la tarde.

– Cucú. Cucú. Cucú. Cucú. Cucú- Y otra vez el silencio.

¿Pero de dónde había salido ese reloj? ¡Si antes no estaba! Ahora sí que lo tenían claro: ¡La vieja Maruja era una bruja de verdad!

La bruja Maruja se sincera

-Veréis- empezó a contar Maruja- Sí: soy una bruja.

Los niños dieron un respingo en la silla.

-Pero no, no soy una bruja mala. ¿Veis alguna verruga? Vale, sí, tengo muchas arrugas, pero son de vieja.. de muy vieja. No tengo escoba. Bueno, ahora no. Antes era una bruja mala, porque casi todas las brujas somos así, malas. Malas malísimas. De esas que convierten a los niños en ratones y a los príncipes en ranas. De esas que preparan conjuros y pócimas asquerosas. Pero me cansé de ser mala. Me quedé muy sola, y ahora soy vieja. Y quiero ser una bruja buena.

Los niños la miraban muy atentos.

– ¿Qué tengo que hacer para que dejéis de huir de mi?

Iván y Martina se miraron: tenían una idea.

Al día siguiente la vieja Maruja dejó la puerta de la verja abierta. También la de su casa. Y salió al jardín con ropa nueva. Su vestido estaba lleno de colores y su viejo sombrero parecía un florero.

Invitó a los niños a pastitas y galletas de chocolate y les enseñó trucos de magia:

-“abracadabra pata de cabra…que la piedra se convierta en una araña”- Y todos se reían a carcajadas.

Los niños se hicieron muy amigos de ella y a partir de entonces la casa de la vieja se llenó de risas.

(‘ La casa de la vieja’ © Fanny Tales 2013)

Valores que transmite el cuento de La casa de la vieja

Con este cuento, también puedes trabajar con tu hijo algunos valores esenciales, como estos:

El respeto por las diferencias.

– Por qué no se debe prejuzgar a nadie.

Reflexiones sobre el cuento La casa de la Vieja para los niños

Los cuentos son fantásticos para reflexionar sobre temas importantes con los niños. En este caso, puedes usar este cuento para hablar sobre todos estos temas:

Una cosa son las apariencias y otra la realidad: O como diría un conocido dicho popular: ‘las apariencias engañan’. Los niños pensaban que Maruja era una bruja mala por su forma de vestir y su vivienda, tan misteriosa. Sin embargo, si hubieran hablado con ella y la hubieran intentado conocer, como hicieron Iván y Martina, se hubieran dado cuenta de que Maruja no era en realidad ninguna bruja mala.

Por qué no debemos prejuzgar a nadie: Si no conoces a una persona, no saques conclusiones sobre él o ella, porque puedes estar equivocado. Para conocer a una persona, es importante comunicarse y relacionarse más con él y por supuesto, utilizar la empatía.

Todos podemos cambiar la percepción que otros tienen de nosotros: La bruja Maruja tenía un problema: los niños pensaban de ella cosas que no era. Sin embargo ella también tenía su parte de culpa, ya que no hacía por cambiar su imagen. Iván y Martina le ayudaron a cambiar su aspecto para que los demás niños entendieran que Maruja no era cómo ellos se pensaban.

Preguntas de comprensión lectora para los niños

También puedes usar este cuento para mejorar la atención y la comprensión lectora de tu hijo. Usa para ello estas preguntas al finalizar la lectura:

1. ¿Qué se pensaban los niños que era la vieja Maruja?

2. Iván y Martina entraron en la casa de Maruja. ¿Qué había dentro?

3. ¿Qué quería ser Maruja?

4. ¿Cómo le ayudaron los niños?

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