Una historia de fantasmas. Cuento de miedo para adolescentes

Un relato de Mark Twain de miedo con una pizca de humor

‘Una historia de fantasmas‘ es un cuento de miedo para adolescentes escrito por Mark Twain (1835-1910). En esta ocasión te ofrecemos una versión de este relato, que estaba escrito con cierta ironía y una pizca de humor. El cuento se entiende mejor en el contexto y tiempo en el que fue escrito, ya que hace referencia a una curiosa historia que sucedió de verdad con una estatua gigante. No dejes de leer los comentarios del final para entender el cuento mejor.

Un divertido cuento de miedo para adolescentes: Una historia de fantasmas

Una historia de fantasmas: un cuento de miedo para adolescentes de Mark Twain

Alquilé un piso en un edificio viejo y vacío lejos de Broadway. De hecho, sus estancias llevaban muchos años inhabitadas. Así que estaban repletas de polvo, telarañas… y mucho silencio. Sentí un profundo estremecimiento al atravesar las diferentes habitaciones hasta llegar a mi cuarto. La misma sensación que andar entre tumbas, en un camposanto.

Al llegar a mi cuarto, al fin me sentí mejor. Me senté junto a una cálida chimenea encendida y me sentí bastante aliviado. Comencé a navegar por mis recuerdos, canciones de infancia, momentos que se quedaron grabados en mi mente.

El sonido de la lluvia, el viento y hasta el de los viandantes de la calle fueron enmudeciendo poco a poco, según se acercaba la noche. Y sentí sueño, así que me metí en la cama y me quedé dormido.

Al cabo de unas horas me desperté, al notar que la sábana se deslizaba hacia abajo. Mi corazón galopaba y podía oír perfectamente sus latidos. Tiré de la sábana hacia mí y noté cierta tirantez. Conseguí con algo de esfuerzo volver a taparme con la sábana la cabeza, a pesar de una fuerza que tiraba a su vez de ella. Yo estaba petrificado. Y la sábana de nuevo se deslizó hacia los pies. Yo protesté y un gemido me contestó. Entonces empecé a sudar. Más aún al escuchar sonoros pasos en el cuarto.

El misterio de los extraños pasos de elefante

Aquellos pasos no parecían humanos. Sonaban como los pasos de un elefante. Pasos elefantinos muy cerca de mi cama. Y yo creía estar muerto, pero entonces noté que los pasos se alejaban, que atravesaban la puerta del cuarto sin mover la cerradura y que el silencio regresaba al edificio.

– Habrá sido una pesadilla- pensé.

Me levanté, encendí la luz y observé la puerta. La cerradura permanecía tal y como la dejé.

– Lo dicho… ¡un horrendo sueño!

Y así, convencido de que todo había sido fruto de mi imaginación, me senté a fumar en mi pipa frente a la chimenea. Pero entonces observé algo que me heló la sangre: junto a la chimenea se podía observar con claridad una enorme huella, de un pie gigantesco.

– ¡Los pasos elefantinos!- pensé con horror. Volví de inmediato a la cama y apagué la luz, y el silencio se apagó con ella.

De pronto empecé a oír en el piso de arriba el sonido de pies arrastrándose, de portazos, cadenas que se movían de un lado a otro… Escuché con claridad el sonido de un cuerpo que era arrastrado por el suelo de madera y el golpe del cuerpo cayendo. También se escuchaban pasos rápidos y sigilosos, suspiros y hasta sentí el aliento de un cuerpo extraño cerca de mí.

Tres esferas casi transparentes flotaban sobre mi rostro. De pronto explotaron y un líquido cálido cayó sobre mí.

– ¡Parece sangre!- pensé horrorizado.

Y entonces pude ver pálidos rostros flotando a mi alrededor.

– ¡Tengo que encender la luz!- pensé.

Me incorporé, pero noté el tacto de una mano viscosa en mi rostro y creí morir de terror. Pero los ruidos empezaron a alejarse y el silencio me dio fuerzas para levantarme y encender la luz. Me senté de nuevo frente a la chimenea para observar las huellas gigantescas en el suelo.

El misterioso fantasma de las huellas de elefante

La llama de la chimenea comenzó a extinguirse lentamente. Y entonces me di cuenta de que un leve sonido se acercaba a mí. No oí la puerta, pero de pronto sentí una presencia.

Abrí bien los ojos y poco a poco pude distinguirlo: primero unos enormes brazos, unas largas piernas, y un triste rostro de color gris. No podía creerlo… ¡era el gigante de Cardiff!

El miedo entonces se esfumó por completo. Sentía cierta simpatía por ese gigante de aspecto bonachón.

– ¿Tú? ¿En serio?- le dije con un tono un tanto enfadado- ¿Sabes el susto que me has dado? Espera… ¡no te sientes ahí!

Ya era tarde: el gigante acababa de hacer añicos una silla.

– Espera, no , ¡en esa tampoco!

El gigante había roto una silla más.

– ¡Pero piensa un poco, tonto petrificado… no puedes sentarte en esas minúsculas sillas! ¡Vas a destrozar todo el mobiliario! Debes saber que estoy bastante enfadado: primero vienes aquí con una legión de fantasmas, que casi me da un infarto, dejas una terrible huella de ceniza que me costará limpiar y ahora rompes todas mis sillas.

– Lo sé, pero, ¿qué puedo hacer? Además, llevo cien años sin sentarme.

El gigante dijo esto mientras caían pesadas lágrimas por su rostro, y me dio bastante pena. El gigante se sentó en el suelo y le tapé con una manta. Luego le puse una palangana como casco, para que estuviera algo más cómodo. Noté que acercaba los pies al fuego.

– ¿Qué te pasa en los pies?- pregunté al notar que tenían manchas.

– ¡Sabañones! ¡Los pillé en la granja Newell! Y eso que ese lugar me encanta…

El descubrimiento del gigante de Cardiff

Estuvimos hablando mucho tiempo, y al final él decidió contarme su historia:

– Soy el hombre petrificado que hay en la calle que va al museo: el gigante de Cardiff. No podré tener descanso hasta que alguien me de sepultura… Así que lo que hago para convencer a los hombres de que me entierren es atemorizarlos. Primero embrujé el museo. Me hice con unos cuantos amigos y entre todos conseguimos causar pánico entre los visitantes nocturnos. Pero el museo lo que hizo fue cerrar por la noche… Así que se me ocurrió acercarme a este lugar con más amigos fantasmas y probar suerte. Pero estoy agotado…

Entonces le dije:

– Pero… ¿cómo es que te has dedicado a buscar la sepultura de un cuerpo que no es el tuyo?

– ¿Cómo dices?- contestó el gigante perplejo.

– Lo que te digo: ese gigante de la calle del museo no es el verdadero gigante de Cardiff. Es solo una copia. El de verdad está en Albany.

Noté que los ojos del gigante enrojecieron. No sé si de pena o de rabia.

– ¿Eso es cierto?

– Tan cierto como que estamos hablando ahora mismo tú y yo.

– Nunca antes me había sentido tan humillado. Por favor, no le cuentes esto a nadie. Me siento tan ridículo… Un fantasma engañado… Bueno, no se hable más entonces.

Y el fantasma se levantó con algo de dificultad y salió a la calle. Escuché sus pasos en la lejanía y sentí algo de pena, por él y porque se había llevado mi manta y mi palangana.

Observaciones del cuento ‘Una historia de fantasmas’ de Mark Twain

Mark Twain, el padre de la literatura norteamericana, escribió muchos cuentos además de sus grandes éxitos de Tom Sawyer o Las aventuras de Huckleberry Finn. Sus cuentos estaban escritos con un marcado tono de ironía y sarcasmo. En esta ocasión, a pesar de ser un cuento de miedo, no deja de ser cómico, más aún si entendemos el momento y circunstancias en que fue escrito:

La historia del gigante de Cardiff: resulta que en 1869 un estanquero mandó construir un gigante en yeso. Tenía más de 3 metros de longitud, y ordenó enterrarlo para que lo descubriera un constructor de pozos. Y todo porque quería ridiculizar a un hombre con quien mantuvo una conversación acerca de la existencia real de los gigantes según decía la Biblia. Después, un magnate intentó comprar la estatua y al no conseguirlo, ordenó construir una réplica exacta, alegando que su gigante era el auténtico y el otro, una copia. Al final se descubrió el engaño por unas marcas de cincel en los pies del gigante falso. El cuento se centra por tanto en el engaño, usando la historia de la falsa estatua de Cardiff.

La mentira descubierta, tan cercana a la humillación: El relato se centra por tanto en la mentira, algo que hiere profundamente al gigante hasta el punto de hacerle sentir humillado. Y en cierto modo, así es: la mentira hace que el mentiroso, al ser descubierto, se sienta centro de la vergüenza y la humillación.

Otras historias de fantasmas que pueden interesarte

Existen muchos relatos cortos cuyo protagonista es un fantasma o varios fantasmas… Aquí tienes algunos de ellos:

El fantasma de Canterville: Un fantasma recibe la visita en su castillo de los nuevos inquilinos. Se trata de una familia norteamericana que no cree para nada en los fantasmas. El fantasma se las verá y se las deseará para asustar a toda la familia. Una divertida e interesante historia de Oscar Wilde, no exenta de una reflexión moral.

El fantasma provechoso: ¿Y si el supuesto fantasma en realidad no lo es? No te pierdas esta divertida historia de Daniel Defoe sobre picaresca e ingenio.

El acusador fantasmal: No hay fantasma más terrorífico que nuestro propio remordimiento. Descubre este genial relato de Daniel Defoe en donde un asesino lucha por conservar la templanza durante un juicio.

La aparición de Mrs Veal: Los fantasmas no siempre los pintas blancos y con cadenas. Aquí tienes un relato estremecedor acerca de un fantasma mucho más real.

El monte de las ánimas: Esta increíble leyenda de Bécquer nos traslada a una fecha ya de por sí llamativa: el día de todos los Santos. ¿Y si los muertos pudieran salir durante esa noche al mundo de los vivos?

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