Aladino y la lámpara maravillosa. Cuento para niños de Las mil y una noches

Un cuento de aventuras sobre la justicia y la humildad

‘Las mil y una noches’ es un libro clásico en donde se narran interesantes historias de fantasía y fábulas, en su mayoría, con alguna moraleja o mensaje final. En otras ocasiones, son cuentos de aventuras y mucha fantasía. De todos ellos, destaca este cuento de origen sirio: ‘Aladino y la lámpara maravillosa’, que narra cómo la suerte sonríe a los bondadosos frente a los codiciosos.

Un cuento sobre la justicia y la humildad: Aladino y la lámpara maravillosa

Cuento de Aladino y la lámpara maravillosa, de Las mil y una noches para niños

Existía en el Lejano Oriente un sastre humilde y muy trabajador. Tenía mujer y un hijo, pero su hijo no quería aprender su oficio, y cuando murió, el joven no sabía ganarse la vida.

El chico, de nombre Aladino, vagabundeaba por el mercado una mañana cuando se acercó a él un misterioso hombre.

– ¡Pero si eres el vivo retrato de mi hermano!- le dijo.

– ¿Cómo dice? ¿Le conozco?- respondió un tanto sorprendido el chico.

– Espera, que me presentaré: Soy el hermano de tu padre, tu tío.

En realidad, no era su tío, sino un brujo africano que vio en el Aladino el joven que buscaba para hacer realidad un plan que tenía en mente.

Ese mismo día, el brujo fue con Aladino a casa de su madre, cenó con ellos, y propuso a la viuda llevarse al chico para enseñarle un oficio. Los dos aceptaron, y Aladino se fue al día siguiente con el brujo.

El brujo, la cueva y la lámpara maravillosa

En realidad, lo que el brujo necesitaba era un joven capaz de bajar a una cueva muy peligrosa y buscar una lámpara mágica. Así que ese mismo día, el brujo llevó a Aladino al bosque y tras pronunciar unas palabras mágicas, apareció en el suelo una losa enorme con una argolla, que indicaba la entrada hacia una cueva.

– Debes levantar la losa, bajar las escaleras que verás y buscar una vieja lámpara de bronce. No temas, no te pasará nada…. Atravesarás pasillos y salas repletas de oro y objetos valiosos. No toques nada. Algunos objetos están encantados y podrías morir…

– Tengo miedo… ¡no quiero bajar!- protestó Aladino.

– Ten este anillo y no te pasará nada. Es capaz de espantar todos los males y protegerte de todo- dijo entonces el brujo poniendo en uno de los dedos del joven un anillo muy brillante.

Y así fue cómo Aladino comenzó a bajar hacia esa misteriosa cueva. Efectivamente, vio muchísimas joyas, que brillaban con mucha intensidad. Algunas le llamaron tanto la atención, que desobedeció la orden de su supuesto tío y se las guardó en los bolsillos,  aunque él pensaba que eran solo cristales de colores.

Al final del túnel encontró lo que el brujo encontraba. Se guardó bajo la ropa la lámpara de bronce y volvió por el mismo camino para salir de aquel oscuro y tenebroso lugar.

Aladino conoce al genio del anillo

Cuando ya estaba a punto de salir, Aladino alzó la mano para que el brujo le ayudara, pero éste se impacientó:

– ¿Tienes la lámpara?- gritó el brujo.

– Sí, la tengo, pero ayúdame antes a salir de aquí- contestó Aladino.

– No, dame la lámpara y luego te ayudaré a salir.

Aladino sospechó del hombre, y se negó a darle la lámpara.

– No te la daré hasta que no haya salido de este agujero- repitió el chico.

Y el brujo, desesperado, hizo lo que pensaba desde un primer momento hacer con él: volvió a repetir unas palabras mágicas y la tierra se cerró. Aladino quedó sepultado en aquella cueva, y tras dos días sin poder salir de allí, cuando ya estaba totalmente desesperado, frotó el anillo que el brujo le había entregado. Entonces apareció un enorme genio que le dijo:

– Soy el genio del anillo, tu siervo. Dime, amo, ¿qué deseas?

Aladino no se asustó. Más bien vio en ese genio su salvación:

– Quiero salir de aquí. Llévame a casa con mi madre- dijo el joven.

Y en un abrir y cerrar de ojos, Aladino de pronto apareció junto a su madre, quien se sorprendió mucho al verle tan sucio y asustado.

Aladino le contó a su madre todo lo que había sucedido, y le dio las joyas que había rescatado de la cueva, así como una gran cantidad de monedas de oro. Así, durante un tiempo, pudieron sobrevivir gracias a las monedas, ya que las piedras preciosas las guardaron sin conocer su valor. Pero el oro se acabó y Aladino propuso vender la lámpara de bronce.

El genio de la lámpara y la princesa Brudulbudura

– Vendamos esta lámpara vieja. Seguro que vale más de lo que pensamos, madre. El hombre que me llevó hasta la cueva insistía mucho en ella…

– De acuerdo- contestó su madre entonces- Pero deja que le saque un poco de brillo.

Y al frotar la lámpara, apareció un enorme genio, con una voz muy profunda que dijo:

– Soy el siervo de la lámpara. Decidme amo, ¿qué desea?

Aladino y su madre se miraron sorprendidos. No dudaron en pedir alimentos.

De esta forma, gracias a la lámpara misteriosa, Aladino y su madre no pasaron hambre. Siempre que necesitaban alimentos, se los pedían al genio.

Pero un día que Aladino paseaba por las calles de la ciudad, vio a la hija del sultán. Era una bella princesa de la que se enamoró al instante.

El joven le contó todo a su madre y ella propuso ir al palacio del Sultán:

– Puedo ir yo- dijo la madre de Aladino- y ofrecerle un regalo.

– Espera, madre, ya lo tengo: ¡las piedras que traje de la cueva! ¿Recuerdas que pensábamos que eran cristales de colores? Resulta que me informé bien y son piedras muy valiosas. Llévaselas al Sultán.

La madre de Aladino hizo lo que le dijo, y el Sultán se quedó maravillado ante ese regalo tan valioso.

Estas piedras son sin duda las más valiosas que vi nunca. Son fantásticas. Muy bien, vuelve en tres meses y te daré una respuesta acerca de la oferta de matrimonio de tu hijo.

La mujer se fue del palacio esperanzada, aunque el Sultán le dio ese tiempo de espera con la intención de que al joven se le pasara el enamoramiento.

Aladino consigue la mano d ela princesa Brudulbudura

A los tres meses, la madre de Aladino regresó al palacio, para sorpresa del sultán:

– Señor, ya han pasado tres meses desde que me pidió un tiempo para reflexionar- dijo la madre de Aladino.

– Vaya, veo que sí estaba su hijo muy enamorado… – El sultán pensó deprisa qué pedir para que Aladino no pudiera cumplirlo-  De acuerdo, le concederé la mano de mi hija si me traes 40 fuentes de oro macizo llenas de piedras preciosas como las que me trajiste la otra vez. Las fuentes deben traerlas 40 esclavos negros y 40 esclavos blancos, todos ellos de facciones hermosas, altos y vestidos con ropas lujosas.

La mujer sonrió y se retiró del palacio asegurando al sultán que mandarían los esclavos con las piedras preciosas.

Al llegar a su casa, le contó todo a su hijo, y éste, frotó la lámpara:

– Soy el siervo de la lámpara. Decidme amo, ¿qué desea?

– Oh, generoso genio, voy a casarme con la princesa y necesito que encuentres 40 esclavos negros y 40 esclavos blancos, vestidos de forma lujosa y cargados con 40 bandejas de oro repletas de joyas.

– Claro, en seguida los conseguiré, amo.

Y al instante aparecieron en la casa de Aladino los 80 esclavos con las bandejas de oro repletas de joyas.

La madre de Aladino, maravillada, partió de inmediato al palacio del sultán, quien quedó tan asombrado ante lo que estaba viendo, que no pudo esta vez rechazar la propuesta de Aladino:

Sin duda su hijo es digno de la mano de mi hija. Por favor, di a tu hijo que venga para concretar con él el día de la boda.

La reaparición del malvado brujo

Aladino acudió al palacio, pero pidió al sultán algunos días más antes de la boda: quería construir un palacio digno para la princesa.

Al volver a su casa, le pidió al genio de la lámpara un palacio mucho más grande y lujoso que el del sultán, justo enfrente del suyo, y al cabo de unos días, el palacio estuvo terminado, para sorpresa del sultán, quien apenas podía creer lo que veía.

Los jóvenes se casaron, pero su felicidad no duró mucho: el brujo que pensaba que había sepultado a Aladino en la cueva, se enteró de la noticia y sospechó que aquel joven pudiera ser Aladino.

Disfrazado de humilde comerciante, acudió un día al palacio diciendo que estaba cambiando lámparas nuevas por lámparas viejas. Y la princesa, que no sabía que la lámpara que su marido tenía guardada con tanto cariño era mágica, le ofreció el trueque al brujo.

El malvado brujo, al hacerse con la lámpara, la frotó y pidió al genio que se llevara el palacio entero junto con la princesa a África, su lugar de residencia.

El sultán, al ver que el palacio había desaparecido junto con su hija, ordenó a los guardias detener a Aladino, quien estuvo a punto de ser ajusticiado sin haberse enterado de nada, pero la muchedumbre, que quería mucho al joven príncipe, pidió que le soltaran.

De esta forma, Aladino pudo al fin enterarse de lo que había pasado.

– Yo no sabía nada de todo esto, sultán- le dijo entonces- Te pido cuarenta días para encontrar a la princesa y traerla de vuelta.

El regreso de la princesa

Al cabo de unos días de búsqueda, ya desesperado, Aladino se fijó en el anillo que le dio en su día el brujo y que nunca se quitaba. Al frotarlo, apareció de nuevo el genio:

– Soy el genio del anillo. Dime, amo, ¿qué desas?

Aladino pidió que le llevara hasta el palacio junto a su mujer y una vez allí, le explicó todo lo que había pasado:

– Tengo un plan-le dijo Aladino a la princesa– Tienes que pedir al brujo que cene contigo esta noche. Echa estos polvos en su copa para que adormezca y así le podré arrebatar la lámpara.

Y así lo hicieron. Todo salió como él esperaba. Aladino recuperó la lámpara y pidió al genio que volviera a llevar el palacio y a su mujer al mismo sitio en donde estaba antes.

El palacio y la princesa regresaron así y al fin pudieron vivir felices.

El relato de Aladín o Aladino, narrado

Escucha la historia de Aladín, gracias a este audio relato. ¡Te encantará!

Valores que puedes trabajar con este cuento

El cuento de Aladino también puede servirte para trabajar estos valores con tu hijo:

– El valor del ingenio.

La justicia.

– El valor de la humildad.

La prudencia.

Reflexiones sobre el cuento de Aladino y la lámpara maravillosa

El cuento de Aladino es una historia de fantasía, pero también incluye alguna que otra enseñanza. En el fondo narra la lucha de dos pícaros: uno muy malvado (el brujo) y otro más humilde y bondadoso (Aladino):

No pidas más de lo que necesites: En realidad, Aladino podía haber tenido mucho más de lo que pidió. Sin embargo, no dejó de lado su humildad y solo pedía al genio aquello que necesitaba. Algo que más tarde sería correspondido por el genio, que siempre dedicó sus máximos esfuerzos a ayudarle.

La prudencia evitó un mal mayor a Aladino: La primera intención del brujo era hacerse con la lámpara y sepultar en la cueva al pobre Aladino, pero un sexto sentido, el que tiene que ver con la prudencia, alertó a Aladino de las intenciones del brujo, pidiendo entonces que le liberara antes de entregar la lámpara. Ese sentido de la prudencia fue el que le salvó del fatal desenlace.

La vida sonríe al final a quienes obran de corazón: El brujo estuvo al final a punto de salirse con la suya, pero Aladino contaba con una ayuda más y pudo restablecer de nuevo el equilibrio, imponiéndose así cierta justicia. Puedes llamarlo ‘karma’ o simplemente ‘azar’, pero al final, el río volvió a su cauce y Aladino, que obraba por amor, pudo recuperar a su mujer y su palacio.

Preguntas de comprensión lectora sobre este cuento de Las Mil y una noches

Recuerda que también puedes usar este cuento para mejorar la atención y comprensión lectora de tu hijo. Es un cuento algo más largo y con estas preguntas podrás comprobar si prestó atención:

1. ¿Quién le dijo que era el brujo a Aladino?

2. ¿Qué quería que hiciera Aladino?

3. Cuando Aladino estaba a punto de salir de la cueva, ¿qué hizo el brujo?

4. ¿Cómo consiguió salir Aladino de la cueva?

5. La lámpara en realidad era mágica. ¿Qué le pidió Aladino a la lámpara la primera vez?

6. Aladino se enamoró de una princesa. ¿Qué le pidió el sultán a cambio de su mano la segunda vez?

7. ¿Cómo consiguió el brujo llevarse la lámpara?

8. ¿Consiguió recuperar Aladino el palacio y rescatar a su mujer? ¿Cómo lo hizo?

Canción de la película de Disney Aladino

El cuento de Aladino pasó al cine gracias a la película que Disney estrenó en el año 1992. De entre todas las canciones de esta bella película, resalta una de amor entre Aladino y la princesa. Se llama ‘Un mundo ideal’. Aquí la tienes:

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