Don Quijote y la aventura del vizcaíno

Las aventuras de Don Quijote de la Mancha para niños

Don Quijote de la Mancha, el caballero andante español más famoso, tuvo que hacer frente a numerosas aventuras, originadas todas ellas a partir de su inagotable imaginación. Como fue el caso de la batalla que tuvo que librar contra un gallardo escudero que encontró en su camino. Descubre qué pasó en Don Quijote y la aventura del vizcaíno.

La historia de Don Quijote y la aventura del vizcaíno contada para niños

Aventura de Don Quijote y el vizcaíno, Don Quijote de la Mancha para niños

Marchaban Don Quijote y Sancho Panza por un arenoso camino, cuando de pronto vieron a lo lejos las oscuras figuras de dos monjes, seguidos por dos mulas con dos mozos y detrás de ellos, un coche de caballos y una dama dentro, acompañada a su vez por varios escuderos.

Y entonces Don Quijote dio un respingo y gritó:

– ¡Diantre, Sancho Panza, que se avecina una nueva aventura para nosotros! ¿Pues no ves a lo lejos que se acercan dos encantadores y que atrás llevan secuestrada a una hermosa dama?

– ¿Encantadores, dice?- respondió algo sorprendido su escudero- A fe mía que lo que veo son dos monjes capuchinos y atrás una diligencia acompañada por una escolta.

– Oh, bandidos… ¡secuestrar a una inocente dama de esta forma! Seguramente quieran pedir algún rescate. ¡Pues no los conseguirán! Para esto está aquí este valiente caballero andante- dijo entonces Don Quijote.

– Mire usted, mi señor, no se deje llevar, que puede ser peor que lo de los molinos. Hágame caso… – dijo Sancho Panza, intentando persuadirlo.

Pero no había que hacer. Don Quijote ya se acercaba a ellos a galope y Sancho le siguió a regañadientes.

Los frailes de la orden de San Benito

Al llegar Don Quijote hasta los monjes, les increpó:

– ¡Alto ahí! ¡Detened vuestro camino! Por la gran Dulcinea del Toboso, os exijo que liberéis a la bella doncella que lleváis secuestrada.

Los hombres detuvieron el paso y se quedaron mirando con admiración y extrañeza a Don Quijote:

– Mire usted- dijo uno de ellos- Nosotros somos religiosos de la orden de San Benito, y no sabemos muy bien a qué se refiere. No llevamos a ninguna doncella prisionera…

¡Mienten! – dijo enfadado Don Quijote- Y deben pagarlo ahora mismo.

Y sin mediar más palabra, Don Quijote levantó la lanza y enfiló a uno de los frailes, que, por fortuna, consiguió tirarse de la mula antes de que le atravesara de parte a parte. Atemorizado, su compañero golpeó a su mula y salió corriendo, mientras Sancho Panza, que vio tendido en el suelo al fraile al que su amo había atacado, comenzó a quitarle los hábitos.

Entonces llegaron dos mozos que viajaban con los religiosos:

– ¿Por qué le quitas los hábitos?- protestó uno de ellos.

– Porque como buen escudero, debo hacerme con los despojos de la batalla de mi señor Don Quijote.

Los dos mozos, muy enfadados, comenzaron a moler a golpes a Sancho Panza, mientras su amo ya se encontraba junto al coche en donde viajaba la doncella, que en realidad era una dama noble que se dirigía a Sevilla para encontrarse con su marido.

La doncella vizcaína y la petición de Don Quijote

Los mozos dejaron malherido a Sancho Panza, y siguieron su camino junto al fraile, que había recuperado su ropa.

Don Quijote, por su parte, comenzó a hablar con la doncella, originaria de Vizcaya.

– O, bella dama, debo comunicaros que estáis libre, ya que conseguí dar un escarmiento a los encantadores que os secuestraron. Solo os pido a cambio una cosa: que vayáis al Toboso para contarle a la sin par Dulcinea la aventura que acabáis de ver.

La mujer estaba realmente confundida, pues no entendía muy bien lo que decía Don Quijote. En esto que se acercó uno de los escudero que acompañaban al coche, y dijo:

– Anda, caballero, aparta de aquí y deja que sigamos nuestro camino. No vamos a desviarnos a ningún sitio.

– ¿Cómo dices? Tienes suerte de no ser un caballero. Si no, ahora mismo te atravesaría con mi lanza- dijo entonces Don Quijote.

– ¿Que no soy caballero, dices? Ahora lo veremos: ¡saca la espada!

La formidable batalla entre Don Quijote y el vizcaíno

El caballero vizcaíno desenfundó entonces su espada y desafió a Don Quijote a una batalla. Él arrojó al suelo su lanza y alzó al cielo su espada:

– Por mi amada Dulcinea del Toboso, que su honor quedará limpio tras esta batalla.

Y diciendo esto, ambos se enzarzaron en una batalla tal, que duró más de la cuenta. Todos observaban perplejos. A Don Quijote le hirieron en la oreja, pero aprovechó un descuido del vizcaíno para tirarle del caballo. Entonces él también se apeó de Rocinante y continuó la batalla a pie.

El uno y el otro recibieron buenos golpes. Estaba muy igualada la contienda. Pero en un golpe certero, Don Quijote consiguió darle un golpe en la cabeza al escudero, quien cayó al suelo sangrando.

El caballero andante aprovechó para sostener su espada entre los ojos y decirle muy serio:

– Jura aquí mismo que irás a rendir honor a Dulcinea del Toboso o caerás muerto.

Entonces, la dama que viajaba en el coche de caballos, salió corriendo en ayuda de su escudero:

– ¡Alto! ¡Parad la batalla!- gritó angustiada- Le ruego, valeroso caballero, que perdone la vida a mi escudero.

Don Quijote la miró conmovido y dijo:

– Lo haré si prometéis ir al Toboso para narrarle esta hazaña a Dulcinea.

La mujer, desesperada, respondió:

– Sí, haremos lo que nos pida.

Y así que resolvió esta increíble batalla, este duelo del que Sancho pensó que conseguiría como premio una ínsula:

– No, Sancho- dijo Don Quijote- Debes saber que muchas de nuestras aventuras serán como esta, de encrucijadas y ajustes de cuentas. Pero debes tener paciencia, porque ya llegará la aventura en la que puedas sacar de beneficio una ínsula para gobernar.

Reflexiones acerca de la aventura de Don Quijote y el vizcaíno

Durante esta aventura de Don Quijote, de nuevo la fantasía del famoso caballero andante le juega una mala pasada. Así, donde debería ver a unos monjes, él ve a unos encantadores que además han secuestrado (supuestamente) a una doncella:

El bondadoso corazón de Don Quijote: Debemos pensar que Don Quijote en realidad creía de verdad que se había encontrado con una doncella en apuros. Su primer instinto fue el de acudir en su ayuda, mostrando así su bondadoso corazón y su solidaridad.

El coraje de Don Quijote: A pesar de que el caballero vizcaíno era más joven y fuerte, Don Quijote no dudó en batirse en duelo con él, mostrando así un gran coraje y una tremenda valentía. Su deseo de reponer la justicia hace que no sea consciente del riesgo en el que se ve involucrado.

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