El Miserere. Leyenda de misterio para adolescentes y adultos

Una increíble leyenda de terror de Gustavo Adolfo Bécquer

‘El Miserere’ es una popular leyenda escrita por Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1869), y ambientada en Navarra, en una abadía. Se trata de una fascinante leyenda de misterio para adolescentes y adultos, que aquí encontrarás adaptada. Déjate llevar por el enigma de unas partituras que esconden una extraña y terrorífica historia.

Una terrorífica leyenda de misterio para adolescentes y adultos: ‘El Miserere’

Leyenda El Miserere, una leyenda de misteri para adolescentes y adultos de Bécquer

Os contaré una extraña historia que me sucedió durante una visita a una vieja abadía navarra, la abadía de Fitero.

Curioseaba las estanterías de su extensa biblioteca, cuando me encontré con un libreto y unas partituras seductoras. Era… ¡un Miserere! Sí, esa composición religiosa que ensalza los famosos versos del salmo 50 de David, en donde se pide misericordia a Dios por haber pecado.

Puede que os parezca extraño que me guste ojear partituras, más aún sabiendo que no tengo ni idea de música. Pero me encanta observar todo es conjunto de símbolos… corcheas, semicorcheas… acompañados de anotaciones, normalmente en italiano.

Pero había algo en esas partituras que me llamó la atención: primero, que las anotaciones no estaban hechas en italiano, sino en alemán. Y la segunda, que la composición no estaba completa… faltaba el final.

Miré alrededor de la sala y vi a un anciano clérigo de la abadía. Decidí preguntarle:

– Perdone… ¿sabe usted qué es esto exactamente?

Y el hombre examinó con cuidado las hojas que le había entregado.

– Claro. Es un Miserere. Pero no uno cualquiera. Siéntese, joven. Le contaré la leyenda que encierra estas notas.

La leyenda del peregrino arrepentido

Dicho y hecho: el anciano clérigo comenzó a contar esta extraña historia:

Hace algún tiempo llegó hasta esta abadía un peregrino, un romero ya entrado en años, que buscaba alojamiento y comida por una noche. Le preparamos una habitación y él nos contó que venía de muy lejos, y que era músico:

– Hace mucho la música me dio fama y mucha gloria- nos dijo el romero- pero la juventud, la codicia y las malas influencias me lanzaron a cometer un crimen atroz, del que estoy terriblemente arrepentido. Por eso acudo en romería para pedir que se rediman mis pecados. Además… además tengo aún un proyecto que no consigo terminar.

– ¿El qué?- preguntaron con curiosidad los clérigos y unos pastores que le escuchaban con atención sentados a la mesa.

– Un Miserere.

– ¿Habéis escrito un Miserere?

– Ojalá lo hubiera escrito… es lo que busco. Lo he intentado mil veces. Un día descubrí el salmo 50 de David y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Era justo lo que buscaba, redimirme mediante la música. Si pudiera dotar de música a esos versos… Pero no puedo. No encuentro la melodía adecuada, las frases idóneas. He escuchado cientos de Miserere en todo el mundo, y ninguno me conmueve hasta tal punto de inspirarme para escribir el mío.

– Tal vez sea porque aún no escuchaste el Miserere de la montaña- dijo entonces un pastor.

¿El Miserere de la montaña?– repitió el romero extrañado.

– Sí señor… los que trabajamos en la montaña lo hemos oído bien, el cada Jueves Santo. Y todo por aquella atrocidad…

– ¿De qué atrocidad hablas? Explícate, buen hombre- dijo entonces el romero, muerto de curiosidad.

– De acuerdo, te contaré el origen de este escalofriante Miserere…

La increíble historia del Miserere de la montaña

Y el pastor prosiguió hablando, con un tono enigmático:

– Hace mucho, en este lugar vivía un terrateniente muy rico, de buen corazón, pero que tenía un hijo codicioso y malvado. El hombre decidió donar su dinero para la construcción de un Monasterio y una iglesia junto al arroyo de Fiero. Y de paso, desheredó a su hijo, quien se inflamó al instante de ira y sed de venganza.

El Monasterio de llenó de clérigos y la iglesia otorgó una nueva vida a esta zona. Pero, a la muerte del terrateniente, el hijo, que había jurado venganza, consiguió reunir a un buen número de hombres y llegó por sorpresa al monasterio. Era un Jueves Santo, y los monjes estaban rezando. Los hombres, armados, mataron a todos los clérigos y prendieron fuego al Monasterio y a la iglesia. Aún quedan algunas ruinas, junto al arroyo, en lo alto del cerro.

Pero ahora viene lo interesante, escucha bien: Cada Jueves Santo, las paredes de las ruinas del Monasterio y de la iglesia tiemblan, de iluminan, y de las profundidades de la tierra comienzan a ascender las voces de los monjes muertos, entrelazadas y unidas en un mismo cántico: un Miserere. Tal vez pidan misericordia por haberles sorprendido la muerte sin estar aún preparados…

La extraña experiencia del peregrino en las ruinas del monasterio

El pastor terminó de contar su historia, y tras un dilatado silencio, el peregrino alzó la cara y dijo entusiasmado:

– ¡En Jueves Santo! ¡Hoy es Jueves Santo!

– Sí señor- respondió el pastor- En unas horas comenzará el extraño acontecimiento, no lo dude…

– Pues entonces debo ponerme en marcha ya mismo.

– ¡No vaya! ¡No haga locuras!- dijo entonces uno de los clérigos- Hace mucho frío y viento…

– No me importa. Debo escuchar ese Miserere. Es el que busco, estoy seguro.

Y diciendo esto, el peregrino salió en dirección al risco del que le había hablado el pastor. A pesar del frío, el viento, y la lluvia, consiguió llegar hasta las ruinas del monasterio. Efectivamente, aún quedaban algunos pilares, contadas balaustradas, algunos arcos ojivales e incluso restos de hermosas vidrieras. Y el hombre se sentó a esperar, al tiempo que dejaba de llover.

Pero el tiempo pasaba, y justo cuando comenzaba a pensar que le habían engañado, escuchó con claridad las campanadas de un campanario inexistente. ¿De dónde venía ese sonido? Vibraba como si las tuviera ahí mismo, en lo alto de una iglesia destruida, abierta al oscuro cielo. Pero a partir de ese sonido, lo que pasó, fue demoledor.

El Miserere de los monjes muertos

De pronto los restos de vidrieras comenzaron a crecer, a completarse, igual que los arcos semi derruidos, los pilares y la bóveda. También la iglesia, comenzó a temblar y a reconstruirse, tejado incluído, ante los atónitos ojos del peregrino.

Después se iluminó, con una luz cálida pero muy intensa. La luz que desprendían los amplios ventanales no fue lo más llamativo… De pronto, un sonido comenzó a envolver al romero, unas voces que parecían nacer del submundo. Unas voces graves, profundas, que se retorcían de dolor entre los ruidos de la Naturaleza.

No se escuchaba música de ningún instrumento. La música la formaban los ruidos de la Naturaleza: el cantar de los grillos, el sonido de una lejana lechuza, el murmullo del agua del arroyo… De allí precisamente parecían venir las escalofriantes voces.

El romero se asomó para mirar el agua del arroyo, y de pronto vio en el fondo la imagen de una calavera, cubierta por la capucha de un hábito. Lo primero que salió al exterior fueron las manos huesudas de los esqueletos. Después todo el cuerpo. Los monjes arrastraban sus cuerpos sin carne, cubiertos por sus andrajosos hábitos.

Con la mirada fija en el monasterio, avanzaban sin dejar de cantar los terroríficos versos del Miserere. Cada frase era más demoledora, más dolorosa. Más impactante. Y de pronto, la cubierta del monasterio se abrió al cielo, y el romero vio descender a un grupo de ángeles y arcángeles, que inundaron con una cegadora luz toda la estancia. En ese momento, el peregrino no pudo soportar tantas emociones y cayó desmayado. No pudo escuchar por tanto el resto de la composición.

La composición que dejó en la abadía el peregrino

El hombre regresó pálido y excitado a la mañana siguiente. En un estado como de embriaguez. Pidió a los clérigos que le dejara permanecer allí durante algunos días, porque deseaba transcribir el Miserere que había escuchado en la Montaña.

Y estuvo trabajando varios meses, de forma inagotable, probando unas y otras melodías, hasta que conseguía dar con lo que buscaba. Sin embargo, al no haber escuchado el final, no pudo acabar, y murió preso de locura entres estas mismas paredes.

El anciano terminó así de narrar esta increíble leyenda, mientras seguía sosteniendo en su mano las notas del Miserere que tanto me habían llamado la atención. Ahora sí que entendía el por qué de esa extraña emoción.

reflexiones sobre la leyenda El Miserere de Bécquer

Esta increíble leyenda aborda el tema del sentimiento de arrepentimiento y de cómo utilizar la música para canalizar las emociones:

– El Miserere como una composición de arrepentimiento: De entre todas las composiciones religiosas, llama mucho la atención el Miserere, que busca reconocer la culpa de un pecado o una acción mala. Para ello, el pecador pide misericordia y perdón. El valor que nos permite darnos cuenta de que hicimos algo mal, es la empatía. Al comprobar que hicimos daño a otro, es cuando comenzamos a arrepentirnos.

La música nos ayuda a liberar nuestras emociones: En esta leyenda la protagonista es la música, el hilo conductor de las emociones. En el caso de los monjes asesinados, su forma de pedir perdón para ‘ganarse el cielo’, y en el caso del peregrino, el camino para liberarse de ese sentimiento de culpa que le persigue desde su juventud. Una vez que consigue escribir el ansiado Miserere, el peregrino muere, ya que al fin ha terminado el último proyecto que le quedaba en vida.

Otras fascinantes leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer

Las leyendas de Bécquer están repletas de misterio y romanticismo. En la mayoría de las veces, aborda temas sobrenaturales, relacionados con la mitología, la magia o la religión. Aquí tienes algunos ejemplos:

Los ojos verdes: ¿Serán capaces unos ojos de hacer perder la razón a un hombre? Sí, si los ojos son tan misteriosos y poderosos como los de esta increíble leyenda.

El monte de las ánimas: Durante el día de Todos los santos, en una zona cercana al Moncayo, los espíritus de unos guerreros vuelven al mundo de los vivos. No te pierdas esta espeluznante historia.

La corza blanca: ¿Quién será esa misteriosa corza blanca que acude a beber al arroyo y parece hablar y reír como una muchacha? Descubre la historia que se esconde tras este animal.

El gnomo: Cuidado con dejarte caer en brazos de la codicia, porque puede ser un camino peligroso… Y si no, que se lo pregunten a las dos hermanas protagonistas de esta historia.

La cueva de la mora: El amor es caprichoso y no entiende de bandos rivales. Preciosa leyenda de amor en medio de una gran batalla.

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